Que conste que el que avisa no es traidor. Ahora mismo en mi mesa de trabajo hay tres MacBooks. El MacBook Pro con pantalla Retina (que en unos días devuelvo a Apple), el MacBook Air (Late 2010) y el MacBook Air (Mid 2012). Quién lo hubiera dicho hace unos añitos, cuando renegaba de estos ingenios demoníacos. Ya mencioné mis impresiones sobre el MacBook Pro con pantalla Retina (rMBP), un equipo fantástico si no fuera por su precio. A pesar de sus excelentes prestaciones y de esa espectacular pantalla, personalmente optar por este equipo no me compensaba. Para gustos los colores, desde luego, y al menos yo he tenido la suerte de poder tenerlo conmigo unos días para no lanzarme a una decisión de la que quizás luego me habría arrepentido. Así que cuando ayer me pasé por la tienda Apple Store de Xanadú lo hice con una idea clara: mi nuevo equipo sería el MacBook Air de 13 pulgadas, y en concreto el modelo base, con 4 Gbytes de memoria, un Core i5 a 1,8 GHz y 128 Gbytes de capacidad en su unidad SSD, y que por supuesto incluye los interesantísimos puertos USB 3.0, garantía de futuro. Precio: 1.249 ‚¬.

Como cualquier hijo de vecino, también hice mis compras simuladas. Tras descartar el rMBP por su precio (y me lo planteé, desde luego) me pregunté a mi mismo qué necesitaba. Desde luego, no necesitaba 256 Gbytes de capacidad, la diferencia cuesta demasiado (te obligan a escoger el siguiente MacBook Air con más procesador, y solo entonces puedes elegir más capacidad de disco). Y tampoco necesitaba más procesador: seguro que la diferencia entre el Core i5 a 1,8 y el Core i7 a 2,0 se nota, pero el aprovechamiento del mismo iba a ser seguramente anecdótico. Así que al final ganó ser práctico frente a ese peligroso modo caprichos pitopáusico que me pedía gastar más y más. Y qué contento estoy con la decisión. No estoy seguro de que vaya a lograr de momento mi objetivo -convertir al MBA en mi equipo principal- pero haré un intento este verano con algunas pruebas que tengo planificadas. Mientras tanto seguiré combinando tanto mi PC de sobremesa con Windows 7 como este portátil, que para mi sigue marcando el equilibrio perfecto entre precio, prestaciones, y dimensiones.

El “viejo” MacBook Air pasa a manos de mi mujercita (¡pipi!), así que como suele decirse, todo queda en casa. Evidentemente, la diferencia entre ambas generaciones existe. Ya existía cuando Apple renovó los MacBook Air poco después de que yo lo comprara (maldición), y ahora esa diferencia de año y medio se hace evidente. Solo he pasado un par de pruebas, pero bastan para mostrar esa ventaja:

 

Prueba   Geekbench (1) Disk Speed (2)
MacBook Pro Retina 11062 430,8 / 331,4
MacBook Air (Late 2010) 2795 207,3 / 155,9
MacBook Air (Mid 2012) 6212 436,4 / 224,6

(1) Geekbench 32 bits
(2) BlackMagic Disk Speed Test. Tasas de Lectura / Escritura en MB/s

El procesador dobla de largo el rendimiento al de mi anterior MacBook Air, mientras que la unidad SSD sencillamente vuela. Buena culpa de ello la tiene la controladora SATA 6 Gbps que usan las nuevas unidades, frente a la SATA 3 Gbps de los antiguos, pero así son las cosas. Los tiempos cambian, y en este caso, a mejor. Ya tengo todo migrado con el asistente de migración incluido en OS X 10.7 -a la espera de instalar Mountain Lion en cuanto salga, probablemente, puesto que la actualización en mi caso será gratuita- y escribo esto desde este flamante MacBook Air con el que estoy seguro que aguantaré con salud una buena temporada. A menos, claro, que a Apple le dé por sacar un MBA Retina de 15 pulgadas y a 1.500 euros. Eso tardará en llegar, así que estoy a salvo durante un tiempo. Creo.

Por cierto, otra diferencia fundamental que olvidaba citar: ¡teclado retroiluminado! ¡Yipieee! :D