Coches y manzanas

27 de febrero de 2014

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En el Mobile World Congress tuve la oportunidad de subirme a un Tesla Model S. Atentos al verbo utilizado: me subí. La gente de Telefónica tenía uno de estos coches en su stand, mientras que otro estaba fuera, dando vueltas con periodistas con algo más de suerte que yo. Un poco castaña no haber podido conducirlo, la verdad, pero lo cierto es que ver el interior y ese pantallote de 17 pulgadas tampoco está tan mal.

Lo que me lleva al tema protagonista del post de hoy, que no es otro que esos rumores que aparecieron hace unos días sobre esa reunión que Elon Musk mantuvo con Tim Cook a finales de diciembre pasado. Eso, claro, desató los rumores y todo tipo de hipótesis sobre una potencial compra de Tesla por parte de Apple. Después de todo, Apple se lo podría permitir: tienen 160.000 millones de dólares en caja, y la valoración de Tesla ronda los 25.000 millones.

Yo, la verdad, no hubiera dado mucho por esa opción hasta hoy. No entiendo a priori qué podría ganar Tesla con ese acuerdo, aunque sí entiendo que Apple lograría hacerse con una de las pocas compañías que han logrado crear un producto disruptivo.

Pero entonces me he encontrado con la entrevista que le hicieron en Bloomberg TV hace unos días y en la que una insistente periodista –con esa voz nasal rollo chicle tan propia de las presentadoras de allí– no paraba de preguntarle sobre esa posible adquisición. Hasta ahí todo normal, porque lo único que tenía que hacer Elon Musk era negarlo todo tranquila y tajantemente. Pero el caso es que no lo hizo. No sé si le cogió bajo de forma, o si este crack rollo Tony Stark simplemente no es tan crack cuando le hacen preguntas directas –lo que me extraña–, pero todas sus respuestas parecían precisamente conseguir el efecto contrario.

Así que como que ahora no solo me lo planteo, sino que lo veo bastante factible. A Apple entrar en un mercado tan absolutamente innovador como el de los coches eléctricos le va que ni al pelo, y supongo que a Tesla tampoco le vendría del todo mal tener el apoyo de una empresa que tiene una genética bastante manzanítica. Uhm.

De ferias, cacharritos y gente

26 de febrero de 2014

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Ahora mismo me siento un poco ejecutivo yuppie: en el AVE de vuelta a Madrid, con el portátil encima de las piernas (usarlo en la mesita reclinable es híper-incómodo, señores de Renfe) y dándole a la tecla mientras estoy conectado con el pinchito 3G. Y aprovechando el trayecto y la tranquilidad, retomo la actividad en Incognitosis tras unos días en los que, como esperaba, la actividad ha sido brutal.

Lo primero es lo primero. El Mobile World Congress no ha sido nada sorprendente. Los grandes han presentado apuestas muy, muy discretas y demasiado continuistas, y las buenas noticias han llegado de dispositivos que no esperaba que me gustasen demasiado. En mi caso, tres excepciones muy dignas de mención a esa apuesta continuista. Como me ha salido post largo, si queréis continuar la lectura, ya sabéis, pinchad en el Leer más…

Firefox OS atufa

23 de febrero de 2014

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Cómo cambian las cosas. Hace un año estaba yo encantado de la vida ante los anuncios de apoyo a Firefox OS. En el Mobile World Congress de Barcelona de 2013 todos se las prometían muy felices, pero un año después, tras asistir a la presentación de las novedades en esta plataforma, ese olor a triunfo del que hablaba entonces se ha transformado en un tufillo a un eterno quiero y no puedo.

Puede que sea el hecho de que solo presentan terminales de gama baja –como el sorprendente, eso sí, terminal de 25 dólares–, o quizás otro tufillo importante: el de un catálogo de aplicaciones que no es especialmente atractivo. Lo de la eterna ausencia de WhatsApp no ayuda, y el acuerdo con LINE es mosqueante: ¿por qué lanza una operadora española una exclusiva con una aplicación que solo tiene cuota importante en países donde esa operadora no ofrece servicio?

A eso se unen las promesas de su software. He hablado de algunas en Xataka Móvil. Todo estupendo a priori, porque dar soporte a estándares como WebGL o WebRTC es importante. Pero el problema son esas dos palabras. A priori. Porque Firefox OS pareció ser una plataforma realmente prometedora “a priori” hace un año. Y doce meses después estamos con un desarrollo que en los estudios globales ni siquiera aparece en el mapa, con una fluidez que ha mejorado pero que sigue siendo discutible, y con un apoyo de fabricantes y operadoras muy de yo solo quiero salir en la foto. Todo como muy rollo “a priori”… aún.

Como que no me pinta bien la cosa. Y mira que la idea es bonita, con esa apoyo a un HTML5 que debería tener todas las papeletas para convertirse en el pilar de las aplicaciones móviles del futuro. Pero no. Me da que esto no va a ningún lado. Porras.

Incognitosis de fin de semana (II)

22 de febrero de 2014

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Bueno, parece que lo de las Incognitosis de fin de semana gustó –al menos mínimamente– la semana pasada, así que vamoso con una segunda entrega de enlaces que he ido recopilando y compartiendo durante estos últimos días. Como esto se supone que va a ser sección semanal, vais a permitir que copie parte de la intro que utilicé entonces para dar pie a estos enlaces.

Además de entrar en esta lista probablemente he incluido estos artículos tanto en mi cuenta de Twitter en algún momento de la semana como, sobre todo, en Flipcognitosis, esa joya (je) de revista en Flipboard con estos contenidos y algunos más. Como ya dije, lo de Flipboard cada vez me gusta más como canal alternativo, así que si sois usuarios de tablets (sobre todo), creo que la revi allí puede ser curiosa. Ahí van los enlaces:

  • You’re not going to read this: Resulta que la gente que comparte un artículo no siempre se lo ha leído. De hecho, parece que esa práctica está sorprendemente extendida. Reconozco que de cuando en cuando tengo –en parte– ese problema: comparto antes de haber terminado de leerlos, y los dejo en mi cajoncito de Instapaper. ¿Y vosotros?
  • Qué es Android, qué es AOSP, qué es libre y abierto y qué no: costó trabajo pero estoy particularmente orgulloso de este artículo en Xataka en el que trato de aclarar qué partes de Android son realmente abiertas y cuáles no, ahora que el tema se ha puesto extrañamente de moda otra vez. Todo es en realidad noticia vieja, pero para muchos este tema seguía provocando cierta confusión.
  • What’s new for designers, February 2014: A poco que os guste el diseño web, os molarán estos resúmenes mensuales que publican en WebDesignerDepot y en los que hay verdaderas joyitas. A mi me han molado mucho CSS Colours, FeedTheBot, UI Names o el Social Media Cheat Sheet.
  • Vidas paralelas de dos ‘apparatchik’: No soy muy de abordar temas políticos o de crítica social, pero este artículo me ha llegado al alma. Es uno de tantos ejemplos que parecen demostrar que España va a pique. Muy, muy triste.
  • Facebook sí que cree en pagar por Whatsapp: La reflexión de Antonio Ortiz en Xataka termina con una conclusión lógica: que la compra es un movimiento defensivo, algo que también valoraba yo en mi post de esta semana al respecto tras citar el tuit que en mi opinión resumía mejor que ningún otro texto esa adquisición. Si queréis leer aún más sobre el tema, en Xataka Móvil publicamos una buena ristra de enlaces sobre el tema.
  • Las tendencias que veremos en el MWC: los sistemas operativos alternativos: No todo es Android y iOS, y en el Mobile World Congress de Barcelona habrá espacio para esos pequeños competidores que quieren tratar de tener su sitio. Lo tienen complicado, pero por intentarlo que no quede.
  • Silencio y paz: Enric González, al que sigo más en JotDown que en El Mundo, reflexiona sobre el papel informador de la prensa y cómo a la gente no le gusta la información. La prensa que compran es aquella que les dice “lo que quiere oír, no lo que necesita saber”. Vía Antonio, que reflexionaba sobre ello en Error500.
  • Inside DuckDuckGo, Google’s Tiniest, Fiercest Competitor: No lo uso por simple pereza, pero debería. Y en FastCo analizan desde dentro cómo funciona una empresa que con 20 empleados de nada está tratando de aportar otra alternativa al omnipresente motor de búsquedas de Google.
  • The Day We Pretended to Care About Ukraine: Como probablemente muchos de vosotros, sé muy poquito de lo que se está viviendo en Ucrania estos días, y todo me llega a través de decenas de imágenes apocalípticas que demuestran que, como dicen en Politico Magazine, somos adictos a otros tipos de porno.
  • Oda al teletrabajo: vuelvo a destacar el post que esta semana escribí por aquí dedicado a una forma de trabajar que hoy por hoy es para mi como un pequeño paraíso en la tierra. Por si no lo habíais visto, ele.

¡Que los disfrutéis!

Imagen: Esta vez, la foto es mía, ele.

Qué esperar del Mobile World Congress

21 de febrero de 2014

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¿Y trabajar en domingo? ¡Qué huevones!

Pues así es. Este domingo pongo rumbo al Mobile World Congress que se celebra en Barcelona, y en el que pasaré unas cuantas jornadas inmerso en la más rabiosa actualidad del mercado de la telefonía móvil. Es, curiosamente, la primera vez que voy al evento, así que a pesar de los horrores que he oído, tengo mucha curiosidad no ya tanto por el evento en sí, sino por lo que nos presenten los señores fabricantes.

Hay algunas apuestas ya claras de las que hemos ido hablando en Xataka y Xataka Móvil, con el Samsung Galaxy S5 como destacado de una feria en la que probablemente no haya ningún otro terminal que logre captar tanto interés. Algunos lo saben y probablemente hagan bien en reservar su lanzamiento para más adelante (HTC apunta a su HTC Two, o como se llame, en marzo), así que en mi opinión será la oportunidad de que los no tan grandes puedan enseñar sus cartas.

Yo ya tengo varias ideas de qué visitar en la feria durante los ratos que me queden liberados (que no serán muchos), pero si tenéis ideas, os invito a compartirlas. ¿Qué no os perderíais del MWC?

PD: A ver quién adivina a qué peli corresponde la cita con la que abro el post. ¡No vale buscar en Google/similares!

Si no puedes con tu enemigo, cómpratelo

20 de febrero de 2014

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Lo he intentado evitar, pero la noticia de última hora (española) de ayer merece su sitio por estos lares. Ya andaba casi camino de la camita cuando me enteré de la compra de WhatsApp por parte de Facebook, un ¿sorprendente? movimiento por parte de la empresa fundada por Mark Zuckerberg tanto por el paso en sí –ellos ya tenían FB Messenger– como por el absolutamente increíble precio que han pagado.

Diecinueve mil millones de dólares. Lo pongo en letra, que es como más auténtico. Mola más aún en inglés porque ellos usan sus billions a diestro y siniestro por esa manía de usar una notación diferente –cuánto periodista no se entera de esto, por cierto–, pero da igual: la cifra sigue siendo mareante. Por supuesto, el primer debate que surge es el de si WhatsApp vale esa cantidad de dinero. Resulta difícil justificarlo en términos económicos: las cuentas simplemente no salen.

WhasApp tiene 450 millones de usuarios actualmente, pero su crecimiento parece aún tener margen. Aun imaginando que llegase, por poner un ejemplo, a 1.000 millones de usuarios, ese eurito que pagamos anualmente –algunos dicen que Facebook hará ahora gratuito el servicio– haría que los ingresos anuales de WhatsApp fueran de 1.000 millones de euros, a los cuales habría que restar los gastos operativos, que no deben ser pecata minuta. Sea como fuere, pasarían unos 15 o 20 años siendo muy optimistas para que la inversión fuese rentable. Toda una vida en Internet.

Así que si las cuentas (económicas) no salen, ¿cuál ha sido la razón para comprar? Pues una muy simple: a pesar de los pesares, WhatsApp se ha convertido en el estándar de facto –bueno, uno de ellos– en el mundo de la mensajería instantánea, y ninguna propuesta por el momento ha logrado robarle la cartera a pesar de ofrecer prestaciones superiores. De hecho, el escenario de las redes sociales me recuerda al de la propia mensajería: WhatsApp se ha vuelto lo suficientemente bueno, como ya en su día lo hizo Facebook. La gente no quiere alternativas. Y los móviles mandan. Y, sobre todo, el tiempo corre.

Así que en la empresa de Zuck parecen haberse dado cuenta de que a la gente le gusta su rutina, y que por mucho que intentes crear una buena alternativa de cero para competir con tu enemigo, al final lo que suele colar es comprártelo. Facebook ha ido aprendiendo de sus errores, y ha ido tirando de talonario para comprarse enemigos (potenciales o reales), siendo el caso (anterior) más sonado el de Instagram. Ahora hace lo propio con WhatsApp, porque tanto en un caso como en otro parece claro que la batalla estaba perdida.

De hecho, ha habido muchos análisis durante estas últimas horas, pero el mejor de todos en mi opinión ha ocupado exactamente 73 caracteres. Es todo lo que ha necesitado Benedict Evans para darle sentido a esa adquisición.

Facebook is being pretty aggressive in making sure it’s the next Facebook

Ahí le has dado, Ben. Y yo aquí enrollándome.

Ubuntu se alía con bq y con Meizu, buenas noticias

19 de febrero de 2014

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Hoy se ha anunciado el acuerdo por el que Canonical logrará ofrecer smartphones basados en Ubuntu que estarán fabricados por bq en España y por Meizu en China. Ambos son fabricantes de segundo (yo diría que incluso tercero, en el caso de bq, sin ofender) nivel, pero también es cierto que ambos pueden presumir de estar dando pasos sólidos en sus estrategias. Bq es una empresa que ha apostado por dispositivos de gama media, mientras que Meizu lleva tiempo acercándose al terreno de la gama alta con dispositivos muy curiosos.

Creo que esa alianza es una buena noticia para Canonical –que tiene partners confirmados en este sentido al fin– pero también para los usuarios españoles, que tendremos la seguridad de poder acceder –si queremos, claro– a una plataforma que tiene sus opciones. Pocas, lo admito, pero alguna, sobre todo si logran resolver este año los problemas que impiden que un smartphone pueda convertirse en un PC.

Me da que ambos fabricantes mantendrán su orientación con Ubuntu:  bq se centrará en terminales gama media y Meizu se encargará de los dispositivos de gama alta (¡que hagan un Edge, que hagan un Edge!). Tiene sentido que sean estos últimos los primeros en ofrecer ese puerto de conexión para conectar el smartphone al monitor (aunque eso se podrá resolver también con una cuna), pero sea como fuere, la cosa promete.

Eso sí, yo no esperaría un producto de ninguno de los dos hasta octubre de 2014. ¿Por qué? Pues porque para entonces se prevé que esté resuelta la integración de Mir y de Unity 8 en Ubuntu 14.10. Y eso abrirá las puertas de una vez por todas a una convergencia que hará que por fin tu smartphone pueda ser tu PC. Qué ganas.

Oda al teletrabajo

18 de febrero de 2014

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Yo no serviría para teletrabajar

Así comienzan normalmente las conversaciones con amigos y conocidos cuando descubren que teletrabajo o comentamos una vez más esa curiosa circunstancia. Y luego, claro, llegan los topicazos sobre el teletrabajador español. Uno se enfrenta a los mismos comentarios casi siempre. Que cuántas veces vas a la cocina a picotear. Que cómo mola poder dormir hasta las 12 si te apetece. Que lo de jugar un FIFA 14 después de la siesta es una triunfada o, por supuesto, la clásica: cómo debe molar currar en pijama.

Porque claro, teletrabajar no es trabajar, les digo a mis interlocutores cuando comienzo a narrar mi experiencia vital como teletrabajador. Es como estar de vacaciones pagadas todos los días. Yo me suelo levantar a eso de las 12, y sin quitarme el pijama –algunos días ni tan siquiera me aseo, pa’qué–miro un poco el correo, hago el paripé una horita, me voy al gimnasio, me tomo un piscolabis mientras hago el paripé otro ratillo, como, me echo la obligada siesta y hago otro rato el paripé hasta que toca la hora de recoger a los enanos. Fenomenal teletrabajar, porque así puedo ir –mierda, me ha tocado vestirme, con lo a gustito que estaba– de la guarde al cole a recoger a los peques, charlar un rato con todos los padres y madres que o teletrabajan o –lamentablemente– ni eso, darles la merienda –vuelve el skijama, menos mal– a los canijos y hacer otro rato el paripé mientras ellos ven Clan o Boing. Y el resto de la tarde y del día, básicamente lo aprovecho para lo que me salga de los h*****. Total, para lo que llevaba hecho en el día, ya se sabe. Ah, y además mola lo de teletrabajar porque como eso no es trabajar la gente en general y los amigos y familia en particular saben que estás en casa tocándote los h***** y por lo tanto puedes atender todo tipo de situaciones, problemas y solicitudes sin ningún problema. A mandar, chicos, que estoy para lo que necesitéis.

Y tras narrar esta, mi fantástica –y obviamente ficticia– jornada de teletrabajo, por supuesto solo queda una cosa. Mandar a tomar por c*** al personaje o personaja que no tiene más culpa que la de asumir que sólo se puede trabajar en una oficina que, recordémoslo, puede ser una trampa mortal. Para alguien que ha trabajado en una oficina tanto en una buena época como en varias malas como yo, la cosa está clara. Y aunque entiendo que no todo el mundo está hecho para teletrabajar, y que desde luego no todos los trabajos son susceptibles de adoptar ese modelo, lo que no entiendo es que haya situaciones en las que existiendo esa posibilidad no se den más facilidades para quien quiera aprovecharlas.

Me hacen mucha gracia todos esos posts de autoayuda –hasta en un medio serio como Forbes los encuentra uno, oiga– en los que los triunfitos en una u otra disciplina dan sus claves para teletrabajar. Lo de hacer pausas, tratar de comunicarse con compañeros vía chat o videoconferencia, organizarse las jornadas, preguntar mucho qué pasa en la ofi e historietas por el estilo son, básicamente, una gilipollez. Ya lo dije entonces y lo digo ahora: no importa dónde trabajes o cómo trabajes: lo importante es la productividad. Que cumplas objetivos. Si eres más productivo y cumples en la playa, pues oye, aquí paz y después gloria. Y si por imperativos de tu curro –sean razonables o no– hay que ponerse traje y corbata y pasar 3 horas en el coche todos los días –os compadezco– pero luego produces como los chinos (pero con calidad, ¿eh?), pues oye, miel sobre hojuelas.

Casi me da igual que los estudios confirmen lo que es una perogrullada: que si el que puede hacerlo teletrabaja es más feliz. O que haya ejemplos de empresas de éxito con un modelo de teletrabajo envidiable –porque también los hay a cascaporrillo en el otro extremo–. O que haya, como siempre los hay, gilipollas que impongan su criterio por el mero hecho de ostentar el poder (que no la razón absoluta).

Porque lo que importa, creo yo, es tratar de ser feliz mientras trabajas. Yo lo soy de momento teletrabajando, pero puede que un día de estos vuelva a serlo –quién sabe– en una oficina. Como tú puedes serlo también en la tuya, que también pasa, caray. Afortunadamente de todo hay en esta vida. Pero al menos en lo que se refiere a trabajos creativos, lo de teletrabajar –en pijama, en pelotas, o con traje y corbata, eso es lo de menos–, es en mi opinión prodigioso. Ya había publicado en Incognitosis esta charla del TEDxMidwest de Jason Fried que habla sobre este tema, pero es tan buena que a riesgo de ser pesado voy a volver a utilizarla para cerrar esta, mi particular oda al teletrabajo.


Que trabajéis y teletrabajéis mucho. Y sobre todo, que seáis felices haciéndolo. Un último apunte que confirmará muchos rumores: trabajar en pijama es una pasada.

Imagen: Unsplash

Android no es abierto, y Google no es tonta

18 de febrero de 2014

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La semana pasada ya comenté el tema: ¿debería (o siquiera podría) Microsoft crear un fork de Android? Mi post iba más orientado a otra idea, pero lo cierto es que el debate daba para mucho más, así que al poco de generarse toda la polémica en Xataka estuvimos hablando sobre hacer un post que tratara de aclarar las dudas.

Lo que iba a ser un comentario breve sobre la investigación que la Comisión Europea está realizando al respecto se convirtió en algo más ambicioso, y probablemente lo hizo por un debate en el chat con el que Antonio Ortiz y yo no nos acabábamos de poner de acuerdo. Al margen de que obviamente yo tenga razón y él no (je), el viernes me senté a darle forma a ese artículo que por fin se ha publicado hace un rato.

Y de ahí ha salido “Qué es Android, qué es AOSP, qué es libre y abierto y qué no“, un artículo que creo que resume bastante bien todo lo que rodea a esas ideas y que puede aclarar los conceptos. La conclusión es básicamente la del título de este post, pero si os mola Incognitosis darle un tiento al post de Xataka porque salvo alguna labor de edición para suavizar el tono (me había ensañado quizás más de la cuenta) estoy especialmente orgulloso de él.

Ele, haciendo autobombo de mis posts en otros medios. Parezco Enrique Dans (sin acritud, Enrique).

Titanfall sigue sin perdonar a los paquetes (como yo)

18 de febrero de 2014

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Cada vez juego menos. La falta de tiempo es la razón principal, pero también hay otro componente sorpresa: tampoco tengo demasiadas ganas. Ni siquiera tenía pensado comprarme la Xbox One, pero esa oferta con el FIFA 14 –el único título que me ha logrado mantener pegado a la tele/proyector de cuando en cuando– fue demasiado tentadora. La experiencia por ahora ha sido bastante light (post al respecto más adelante), y de ello tiene culpa precisamente un FIFA 14 al que no le cojo el tranquillo ni para atrás. Defender se ha vuelto imposible cuando ya le había pillado el truco en el 13 (que ya lo complicaba bastante), y cuando ataco parece que las defensas contrarias prevén todas mis intenciones. Ya sabéis la sensación: la de que al otro lado hay un niño ruso de 12 años que sabe algo que tú no sabes y se está riendo en tu cara. Porras. Basta de llorar.

Y entonces llegó Titanfall, el juego que  ha sido calificado como el primer vendeconsolas de esta nueva generación de Microsoft. El finde abrieron la beta, y ayer por la noche me reservé un ratito para darle a los botones un rato. Ya había leído algún que otro artículo previo, así que estaba avisado: Titanfall es un FPS diferente. Y lo cierto es que el juego cumple a nivel técnico de forma brutal. Fluido, gráficos y sonido tremendos, y una avalancha de información infernal que hace que una vez estás dentro la sensación de acción sea total.

De hecho, quizás demasiado total para mi. Los FPS nunca han sido muy de mi palo, probablemente porque siempre he sido un paquete con estos juegos. Ya era malo con ratón y teclado, y con el mando de la Xbox la cosa roza la ineptitud total. Supongo que es una mera cuestión de práctica, pero el Gears of War y el Halo siempre me han echado para atrás por eso. Así que cuando leí lo de que los malos a los FPS se divertirían con Titanfall, me animé.

Y las cosas son más fáciles, desde luego, más divertidas. Las partidas online para las que el juego parece totalmente pensado son todo un frenesí de tiros para arrriba y para abajo, y eso de mezclar los titanes con los pilotos –cada uno con sus ventajas y desventajas claras– es todo un acierto. Aún así, no doy pie con bola, y con tal avalancha de información me veo como un pato mareado. Me quedo atontado viendo las repeticiones de cada vez que me machacan antes de cada respawn, y dándome cuenta de que si me tocase ir a un conflicto real lo tendría realmente crudo. Supongo que como en todo, la práctica hace la perfección, pero de momento mi impresión es que en TitanFall los paquetes seguiremos siéndolo.

Maldición.