¿Es el iPad imbatible?

Disculpas por esta sequía productiva que me asola: están siendo días complicados por diversos motivos y no he podido sacar tiempo para actualizar el blog. Pero claro, hay temas importantes sobre los que opinar, y uno de ellos es sin duda el de la salida de “El nuevo iPad” de Apple. Ese nombre me pareció bastante estúpido al principio, pero debo reconocer que tiene cierto sentido, porque salvo sus dispositivos móviles, Apple nunca ha usado “apellidos” para calificar a sus productos. El iMac o el MacBook Air siempre son el iMac o el MacBook Air, y solo se les puede diferenciar como hacen en las pelis americanas con los coches: con el periodo del año (Late 2011, por ejemplo) de su lanzamiento.

Y ahora viene el comentario sobre los nuevos iPad, que no son más que una vuelta de tuerca más a los dispositivos originales. Pantallote Retina Display -veremos cómo se adaptan las aplicaciones a ella, pero en el iPhone 4 no hubo demasiados problemas cuando llegó esta tecnología- cámara iSight, y el nuevo microprocesador A5X que aún no ha demostrado nada, pero que seguramente se comporte muy bien durante cierto tiempo. Apple ha vuelto a hacer lo de los últimos años, y sin sorprender demasiado -ya se conocía todo por los constantes rumores- ha confirmado una evolución aplasante de un dispositivo que como dicen por ahí, hoy por hoy es imbatible en precio/prestaciones. Algunos llaman a este iPad el iPad 2S, y no les falta parte de razón.

Sea como fuere, solo el Transformer Prime de ASUS podría competir en mi opinión, pero ahora pierde puntos por la integración de esa pantalla de alta definición. En Slate tienen una teoría curiosa sobre el futuro del mercado de los tablets. En el primer escenario sucedería lo mismo que ha ocurrido con los smartphones: el iPhone ha triunfado, pero los competidores han logrado ofrecer alternativas válidas, y de hecho el futuro promete aún más. En el segundo escenario la cosa se pone complicada para los competidores de Apple, ya que el iPad sería a este mercado lo que el iPod ha sido (y es) al mercado de los MP3. Y eso es mucha tela.

En Slate -ya ni hablo del fanboy de Apple por excelencia, el amigo Gruber- indican que 10 años después de su lanzamiento el iPod mantiene una cuota de mercado asombrosa del 78% en reproductores MP3, pero no dicen nada de que los competidores simplemente dejaron de intentarlo hace mucho tiempo: los smartphones son para muchos ya sus reproductores MP3, así que esa comparación es un pelín peligrosa. Pero el iPad ciertamente tiene visos de convertirse en el iPod de los tablets, porque la inercia de Apple, su poderío, su impresionante oferta software (en muchos casos, específica para el iPad) y su estrategia siguen funcionando: cuando parece que les van a alcanzar, sacan algo que vuelve a dejar clara la distancia.

No tengo claro que Apple pueda mantener esa ventaja en el mercado de los tablets: hay demasiados interesados que no quieren que se repita la historia del iPod, y aunque puede que sigan tardando aún un tiempo en equiparar prestaciones, yo diría que el iPad acabará en el escenario del iPhone: muy popular, pero no mayoritario. Pero también creo que los tablets son una moda, que está durando quizás demasiado (y Microsoft la prolongará con su sistema operativo pro-tablets, Windows 8), y que por mucho que queramos el teclado y el ratón seguirán acompañándonos muchos años. Pero esta segunda opinión desde luego no parece responder a los hechos, así que cada vez la digo con la boca más pequeña. Veremos.

Hoy se ha presentado en Barcelona la primera versión pública de Windows 8, la llamada Consumer Preview (que podrían haber llamado Beta, y listo), y mientras seguía la presentación a través de la “magia” del live blogging, la sensación de que algo no acaba de cuajar iba creciendo. La razón era clara, y tiene nombre propio: Metro. La interfaz de Windows 8 tiene muchas virtudes, desde luego, pero hay una en la que yo creo que fracasará estrepitosamente.

Que no está pensada para el ratón y el teclado. 

Windows 8 me gusta por esa apuesta de Microsoft por el escritorio universal, que permitirá por ejemplo aquello de que tu smartphone sea tu PC, pero hoy he vuelto a comprobar cómo aparentemente toda la leña se ha echado al mercado de los tablets, para los que Windows 8 es un contendiente súper interesante. El problema serán los miles de millones de usuarios (miles-de-millones) que están acostumbrados a su menú de inicio (que desaparece en Windows 8, como tantas otras cosas) y al manejo de una interfaz que ahora tendrán que controlar de una forma muy distinta.

Tengo que probar Windows 8 Consumer Preview, desde luego, y la imagen ISO ya está guardadita para caer en manos de VirtualBox en los próximos días, pero esa manía que les ha entrado a todas las grandes -y no tan grandes- por cambiarnos la forma de trabajar (Mac OS X con su Mountain Lion, Ubuntu con su Unity, y el resto de distros GNOME con GNOME Shell) me pone algo nervioso. Innovar está muy bien, desde luego, y en el caso de Windows la apuesta tiene aún más mérito. El problema es que eso no tiene porqué ser sinónimo de éxito. El mejor análisis previo que he visto hasta ahora es de Engadget, que cierra con una frase que comparto totalmente:

As it stands, Windows 8 is a considerably better tablet operating system than any previous version has managed to be. However, it’s still a clumsier desktop OS than Windows 7. That’s a problem Microsoft must fix before release.

Muy bien para tablets, pero peor en el escritorio clásico que Windows 7. Y eso me da mal rollito.

¿Alguien se acuerda del Dell Streak 5?

Es curioso como suceden las cosas: hace menos de 3 años Dell sacaba al mercado un dispositivo llamado Streak 5 (que antes había sido conocido como Mini 5) y que no era más que un dispositivo móvil con una pantalla táctil de 5 pulgadas que cometió un gran error: llegar en mal momento.

El Dell Streak 5 no era muy distinto de los móviles que estamos viendo estos días -insisto, 3 años después- en el Mobile World Congress, y que en casi todos los casos tienen tamaños de pantalla que van de las 4 a las 5 pulgadas. Lo que ocurre es que cuando apareció el Streak aquella pantalla era un horror: demasiado grande para ser un móvil, y demasiado pequeña para ser un tablet.

Y hoy nos encontramos con que los móviles de última generación tienen esos pantallazos y nadie se queja. Tienen pantallas grandes sí, pero no importa porque en ellas las pelis y la navegación web son una gozada. Aunque el móvil casi no te quepa ya en el bolsillo del pantalón y no puedas llevarlo tan cómodamente como antes.

Algunos aplaudieron aquel lanzamiento, pero muchos rápidamente se apresuraron a quejarse por ese argumento por el que a los frikis nos gusta quejarnos mucho: que alguien haga las cosas de una forma diferente.

Ale, pues nos la comemos. Todos. Dell tenía razón.

Sherlock mola

Me la habías recomendado algunos, y por fin os he hecho caso. Esta semana empecé a ver Sherlock, y ayer terminé la primera temporada, que desde luego hace algo que no suelen hacer muchas series ni pelis: cumplir con las expectativas. Lo normal es que cuando a uno le hablan de una peli o serie poniéndola por las nubes esta acabe decepcionando, pero no ha sido el caso con Sherlock, de la que me ha molado todo, o casi todo.

Para empezar, los actores. Un desconocido -para mi- Benedict Cumberbatch lo borda en su papel de Sherlock. Arrogante y brillante, insoportable y genial a partes iguales, no recuerdo que alguien haya encarnado mejor al célebre personaje de Conan Doyle. Muy inglés, desde luego, algo que de hecho casi estoy sufriendo al ver la serie como siempre en V.O.S. El inglés británico me falla un poco, pero es que además Sherlock habla a toda pastilla, el muy… inglés. Martin Freeman, un pelín más conocido (yo le recuerdo de un pequeño papel en Love Actually) también lo hace bien, y eso que la relevancia de su personaje de Watson es mucho menor de la que yo recordaba. En la serie de la BBC Watson es básicamente un perrillo faldero -algo que personalmente no me gusta-, y me sonaba que el hombre tenía más tablas en otras adaptaciones. Pero claro, Sherlock es mucho Sherlock.

El resto del casting, muy decente también, con especial mención para la ama de llaves, Mrs. Hudson, que también borda su pequeño papel, y, por lo poco que se le ha podido ver, Moriarty, con una presentación en escena que a mi me ha parecido espectacular. La adaptación a los tiempos modernos de la serie es igualmente genial, aunque se pierden detalles entrañables (¿¿la pipa por parches??) mientras que otros se mantienen intactos. De los tres capítulos que he visto desde luego el segundo es el más flojete con diferencia, pero el nivel del primero y el tercero es muy difícil de igualar, así que imaginad las ganas que tengo de coger por banda la segunda temporada, que ya está esperándome en mi HTPC. Questa notte…

Tenía yo razón ;) Ayer a última hora aparecía la noticia: Canonical presentaba en sociedad a Ubuntu for Android, una solución destinada a smartphones de alta gama (mínimo CPU dual-core a 1 GHz, salida HDMI) que permitirá a los usuarios de estos terminales convertirlos en su PC de sobremesa, y a los usuarios de móviles seguir usando Android como plataforma en esos dispositivos. O sea, que se toma lo mejor de ambos mundos, con una plataforma esquizofrénica que se comporta de una forma u otra según las necesidades del usuario.

La idea es muy interesante porque no hacen falta requisitos software especiales -más allá de contar con Android 2.3 o superior en el móvil- y porque parte de la información entre Android y Ubuntu se comparte: los contactos, calendario, mensajería y llamadas se podrán controlar con o sin el móvil en el dock, porque la interfaz de Ubuntu for Android precisamente está pensada para ello.

El acercamiento de Canonical a este tema es desde luego muy inteligente: Android es el sistema operativo móvil más popular, y su cuota de mercado no hará sino crecer a medio plazo, así que una alianza para disfrutar de un escritorio de sobremesa cuando lo necesitemos sin renunciar a las bondades de Android cuando usemos el móvil “sin más” es todo un punto a favor de la aceptación de los usuarios, que no tendrán que hacer nada, porque todo funcionará igual. Simplemente, tendrán una opción más. Y por cierto, muy chula. Bien jugado, Mark, aunque con un apunte en contra importante: Canonical controlará la plataforma, y no la cederá a la comunidad como sí ocurre con Ubuntu. Chungo.

Confirmado: Breaking Bad es una castaña

Que no. Que Breaking Bad no vale dos duros. Llevo más de un mes tragándome capítulos casi por inercia, perdiendo el tiempo con la esperanza de descubrir algo que todo el mundo parece haber visto, y sigo sin cogerle el gustillo a una serie que tiene cada vez menos por donde cogerla. Mis impresiones tras tragarme una insufrible primera temporada ya eran malas, pero algunos decíais: mejora, el ritmo crece, pasan más cosas. Pero no. Pasan más cosas, claro, pero nada que haga que el argumento mejore.

De hecho, la cosa empeora. Y si no habéis visto la serie, mejor que no sigáis leyendo si pretendéis hacerlo, porque toca momento spóiler. Para empezar, la apología del mundo de la droga es patética, constante, y desagradable. Y lo malo es que la serie va de eso. De drogas, sin más. Del dineral que uno puede ganar con ellas. De lo triste que es -o más bien, acaba, normalmente- la vida de los que las consumen, y de los problemas que se generan a su alrededor. Dudo mucho que en el mundo de la droga haya un capo di tutti capi al estilo de Mr. Fring (que a decir verdad, es un personaje curioso, de lo poco salvable de la serie) o un Walter White, pero en cambio sí que es probable que haya muchos Jesse Pinkmans -el chico lo hace muy bien-, y muchos personajes patéticos de los que aparecen en una serie que parece estar hecha para un público muy distinto a mi.

Ayer por la noche vi el último episodio de la tercera temporada, y definitivamente me rindo ante la evidencia. Está claro que Breaking Bad no era para mi. Si alguien me puede explicar qué ve de entretenido -leeeeenta-, divertido -difícilmente te reirás con esta serie- o al menos interesante en esta serie, que comente, por favor. Ilustradme. Pero para adelantarme a los comentarios tipo “tienes el gusto en el c***”, diré, como ya mencioné en el pasado post, que para gustos los colores. Respeto que a muchos os pueda gustar la serie. Pero soy incapaz de entenderlo.

La noticia me ha cogido casi con el yogur en la mano. A las 3 de la tarde aparecía en un montón de medios la noticia de que Apple había presentado una nueva versión de su sistema operativo, tan solo 7 meses después del lanzamiento de Mac OS X Lion. Y la historia sorprende por varios motivos. El primero de ellos, y quizás el más importante, es uno en el que no muchos se han fijado. Apple ya no llama a su sistema operativo Mac OS X. Lo llama “OS X”, a secas. Solo llevaban 28 años con ese nombre.

Eso ya de por sí me parece muy poco elegante, como un gesto de desprecio a sus propias señas de identidad. Sobre todo porque “los Mac”, los ordenadores de sobremesa y portátiles de Apple, siguen vendiéndose como rosquillas. Y sin embargo, Apple cada vez les tiene más apartados. Ya lo hicieron con Lion, una edición que comenzaba a querer acercarse a iOS, y ahora la cosa es aún más clara con Mountain Lion, que para mi es otro paso en un camino que no veo nada claro. Parece que Apple quiere que tengamos un iPad en el escritorio, y aquí viene la ironía: que Apple -creo yo- se ha dado cuenta también de que Windows 8 comienza a tener mucho sentido.

Lo dije hace nada y lo vuelvo a dejar claro: la idea de Windows 8 es brillante. Poder utilizar el mismo escritorio en tu PC y en tu smartphone -salvando las distancias que impone el hardware- puede llegar a ser asombroso. Pero Apple no puede hacerlo, porque desde el principio separaron su plataforma móvil (iOS) de su plataforma de sobremesa (Mac OS X. Uy, no. OS X). Y se han dado cuenta de la cagada, y de lo que mola que la integración sea total entre dispositivos móviles, sobremesas y portátiles. De ahí que ahora trasladen un montón de pijadas de iOS a OS X. Launchpad, las notificaciones, iMessage o los recordatorios y las notas dejan claro que Apple quiere “infantilizar” -no se me ocurre otra palabra- a un sistema operativo que he admirado durante muchos años por su potencia y usabilidad, y que ahora se está convirtiendo en un juguete.

Por si no lo pilláis, Microsoft logrará meter un sistema operativo de escritorio en tablets y smartphones. Y Apple logrará meter un sistema operativo de tablets y smartphones en el escritorio. ¿Capisce?

Por cierto, sigo con Snow Leopard en mi MacBook Air, y no tengo nada claro que algún día actualice a Mountain Lion. Qué manía tienen las grandes de decirnos por dónde van los tiros sin preguntarnos antes, coño.

Adiós, VHS. Qué bueno fuiste conmigo.

(Disclaimer: Post para mayores de ¿30?) Tengo una memoria de palo, sobre todo para acontecimientos personales, pero recuerdo como si fuera ayer el día en que mi padre trajo a casa el primer vídeo que nos permitía grabar lo que echaban en la tele. Que en aquella época, por cierto, no era mucho: o veías TVE, o veías “el UHF”. Con rombos y todo. Aunque no puedo concretar el año, yo diría que aquel invento mágico llegó aproximadamente en 1982. Lo que es seguro es que lo primero que probamos a grabar fue un programa en el que salía el Congreso de los Diputados y recuerdo claramente ver a Adolfo Suárez una y otra vez en la grabación de apenas 30 segundos. “¡Rebobina papá! ¡Rebobina otra vez! ¡Cómo mola!”.

Pero mi padre metió la pata. Compró un vídeo Betamax (“Beta”), que a la postre sería el formato que acabaría en la basura, ya que el formato VHS -peor a nivel técnico- lograría llevarse el gato al agua. Acabamos teniendo vídeo VHS al poco tiempo, claro, como todos los españolitos de a pie. Las cintas vírgenes comenzaron a poblar el armarito de al lado de la tele, y junto a aquellas cintas con grabaciones legales y aquellas que iban y venían al/del videoclub del barrio comenzaría a surgir un mercado que curiosamente entonces la industria parecía despreciar. Las copias pirata -recuerdo especialmente haber ido a ver ET en una calidad patética en casa de un amigo justo después de su estreno- tuvieron su aquel, y lo de conectar dos vídeos y lograr saltarse la protección -cosa que al final no era tan complicado- permitió que el formato creciese en popularidad, porque la piratería en cierta medida  provocó sin duda el aumento de ventas de aparatos de vídeo. Una anecdótica situación que fue análoga a la de las cintas de cassette y que daría pie a un post aparte sobre la piratería ochentera.

Sea como fuere, aquella época pasó, y lo demuestra la noticia del WSJ en la que se nos cuenta -con matices melancólicos, y estamos hablando del Wall Street Journal- que Panasonic abandona la fabricación de vídeos VHS en Japón. El formato no está del todo muerto, no obstante, pero está claro que hoy en día su uso es una mínima expresión de lo que fue. Pero como ocurre con muchos otros apartados, parece que cualquier tiempo pasado fue mejor, porque yo recuerdo el VHS como un formato con un encanto especial. Daba igual tardar en rebobinar 10 minutos, que las cintas ocuparan una burrada para lo que almacenaban, que la calidad fuese -vista hoy en día- una castaña, o que buscar una escena en particular fuera un suplicio. Porque el formato VHS fue un pequeño prodigio para la época. Quién nos hubiera dicho dónde andaríamos un par de décadas después.

(Imagen: VHS Wallpaper, de anderton para DeviantArt)

Tu próximo PC podría ser tu smartphone

Llamadme anticuado, pero uso un PC de sobremesa todos los días. Es una máquina que me hice a medida y que en su día estaba muy bien, aunque el paso del tiempo para estos cacharros es cruel, lo que ha hecho que ahora esté en un discreto nivel medio de potencia y prestaciones. Eso no me importa demasiado: me permite hacer casi todo lo que necesito mucho más rápido que en cualquier otra plataforma -y aquí incluyo a mi admirado MacBook Air- y además me hace sentirme cómodo. No sé. Confortable.

Sin embargo, hay muchísima gente que prescinde del PC y que utiliza el portátil como ordenador principal. Los docks y la utilización de adaptadores y conectores o tecnologías inalámbricas permite enchufar el portátil a nuestros cómodas pantallas, ratones y teclados para disfrutar de sesiones de trabajo y ocio que no tienen nada que envidiar a las que ofrecen los PCs (en muchos casos). Pero lo gracioso -o no tanto para los fabricantes tradicionales de PCs- es el hecho de que ese paradigma de llevar el PC de sobremesa a todas partes está yendo más allá, y ahora hasta los tablets son para algunos el pilar de su vida digital. Ese uso del tablet como portátil no tiene por ahora mucho sentido para mi, pero la cosa cambia cuando uno está en casa, en su mesa con un ratón, teclado y pantalla y con los que el tablet se puede convertir en una interesante solución para casi todas esas necesidades digitales, incluso a la hora de crear -y no consumir, que es lo que se hace con estos cacharros- contenido.

Y sin embargo, ya podéis iros olvidando de estas chorradas, porque hoy me he dado cuenta de dónde nos dirigimos. El próximo paso de la informática de sobremesa y consumo no es el que puedan aportar los ultrabooks -qué chulos son, no lo niego- o los tablets con micros quad-core que están por llegar. No.

Porque tu próximo PC de sobremesa podría ser tu smartphone.

Te falta lo mejor de esta entrada…

Llevo tiempo dándole vueltas al diseño de Incognitosis, que ha ido simplificándose cada vez más pero que podría ir al minimalismo puro en su próxima iteración. Nada de imágenes y puede que nada de barra lateral, algo que haría que me centrase solo en lo teóricamente importante: el texto. Y puede que para ese nuevo giro del blog pruebe algunas de las herramientas que están comenzando a revolucionar el mundo de los blogs.

Para los que no lo sepáis, la mayoría de plataformas actuales hacen uso masivo de PHP y generan páginas de forma dinámica. Eso aporta la interactividad necesaria en muchos blogs -comentarios, JavaScript, estadísticas- pero también tiene una contrapartida: el consumo de recursos es notablemente mayor. Los plugins que cachean páginas (en WordPress brilla con luz propia W3 Total Cache, pero a mi nunca me ha acabado de convencer) mejoran ese consumo, pero aún así la realidad es que si queréis un blog de andar por casa -como este- lo más probable es que el salto a un motor para crear páginas estáticas sea una opción muy a tener en cuenta.

Probablemente el desarrollo que dio el verdadero pistoletazo en este segmento fue Jekyll, un generador de páginas web estáticas del que comencé a leer cosas el verano pasado, que está escrito en Ruby y que utiliza GitHub como backend: al publicar lo que hacemos es “recompilar” nuestra implantación de Jekyll, que regenera una y otra vez toda la estructura de nuestra web y sus páginas estáticas y la presenta al usuario como si de cualquier otra web se tratase. El proceso es algo engorroso por lo que tengo entendido -una buena guía (Parte I, Parte II)- , y poco recomendable si uno tiene muchos posts -cuantos más tienes, más tarda la “compilación”- pero esa primera alternativa se ha visto rodeada de muchas otras que allanan el camino a los profanos como tú o como yo. Eso sí: puedes importar todos los posts de tu blog con WordPress, Movable Type y alguna plataforma más de forma directa, algo muy interesante. Dificultad para novatos: 8.

Y esto sigue.

Te falta lo mejor de esta entrada…