Muchas dudas ante el Galaxy S4

15 de marzo de 2013

samsung-galaxy-s4

Ayer asistí patidifuso a una sorprendente presentación del Samsung Galaxy S4. La transmisión en vivo a través de YouTube del evento Samsung Unpacked -disponible en diferido, por si queréis revivir ese horror- me dejó claro que en esa búsqueda por convencer y sorprender todo vale. La empresa surcoreana tiró la casa por la ventana, invitando a unos cientos de periodistas de todo el mundo, alquilando el Radio City Music Hall y montando un espectáculo bastante estridente con unos cuantos actores y bailarines que no tenían culpa más que de tener que hacer lo que el guión mandaba.

Me dejan bastante alucinado muchos detalles de estos eventos. En primer lugar, que no se presenten datos de la evolución de una ya legendaria familia Galaxy S. En segundo, que no se hable nada (pero nada) de dónde quedan los 40 millones de usuarios del S III durante el evento, aunque luego se supo que podrán acceder a algunas de las prestaciones software del S4. En tercero, que las empresas se empeñen en que sus CEOs quieran parecerse a Steve Jobs y salgan a escena tomando un escenario que nunca deberían pisar (son gestores, no presentadores, por dios, y el pobre JK Shin apenas sabe hablar en inglés), y en cuarto, que si invitas a medios especializados, no hace falta que les expliques cada una de las funcionalidades del teléfono como si fueran (fuéramos) gilipollas.

Seguro que la intención era buena, pero a Samsung le salió una presentación penosa, artificial, con muchos aspectos importantes en el tintero (precios, especificaciones reales de muchos apartados como la CPU), y que dejó un claro mensaje: el software será protagonista, porque el hardware ya no puede serlo. Las especificaciones del Galaxy S4 son fantásticas, sí, pero también lo son las del Sony Xperia Z o las del HTC One. O las del Oppo Find 5, lanzado hace 4 meses, o la de tantos otros teléfonos chinos que se acercan a muchas de las cotas que alcanza Samsung en el terreno técnico y lo hacen por un precio muy inferior. Es ahí donde yo veo una clara amenaza, y donde Samsung probablemente haya comprendido que había que aportar algo más. Y ese algo más era el que Apple lleva proporcionando desde sus inicios: la apuesta por un ecosistema completo en el que el software tratará de pesar mucho, como mencionaba esta mañana en mi post de Xataka Móvil.

Lo malo es que Samsung lo tiene prácticamente imposible para poder lograr lo que ha hecho Apple. Android es un sistema operativo abierto, y cualquier otro fabricante puede hacer lo mismo que Samsung. Meter un par de chips especiales, y sumar al paquete un par de aplicaciones dedicadas que aprovechen esos chips. Los primeros componentes software del teléfono, que Samsung presentó de forma bastante chirriante con numeritos de claqué, bailes de pijas de edad avanzada (curioso, no hubo casi ningún guiño a los/as jóvenes) y una forzada actuación del presentador y su acompañante oficial, otro directivo de Samsung reconvertido a estrella, supongo que crecido por eso de estar en el Radio City.

Lo cierto es que la presentación es lo de menos: lo que importa es lo que logre Samsung, que ha aportado algunas cosas interesantes (Knox me gusta especialmente) pero que en suma no ha hecho nada que no pueda ser igualado o, lo peor de todo, superado por desarrolladores con motivación. Puede que el S4 vuelva a ser un exitazo en ventas, pero si no ocurre nada raro, me da a mi que nunca podrá llegar a lo que han representado tanto el S II como el S III. Dos smartphones que por primera vez pudieron compararse con los inalcanzables iPhone y con los que apenas nadie podía competir. Ahora la historia es muy, muy distinta.

Alternativas a Google Reader: los feeds RSS están muy lejos de morir

14 de marzo de 2013

alternativas-reader2

Ha sido, con permiso del Samsung Galaxy S4, la noticia tecnológica de la semana. Ayer por la noche nos enterábamos de que Google eliminará definitivamente su servicio Google Reader el próximo 1 de julio. El anuncio ha provocado muchas quejas, muchas iras, y alguna que otra iniciativa popular (como esta, con más de 60.000 firmas ahora mismo y subiendo) para seguir manteniendo el servicio activo.

Una de las mejores valoraciones la ha hecho el bueno de Om Malick, cabal y coherente como siempre (Enrique Dans, por ejemplo, me ha decepcionado con su calentón), que ha combinado las declaraciones de primera mano con un resumen de otras declaraciones interesantes de gente de peso como Marco Arment o Dave Winer. En TechCrunch también han dado unos cuantos giros de opinión interesantes que van más allá de la noticia, y el que probablemente más valor tiene es el que apunta a un efecto colateral del cierre de Google Reader: el de Feedburner, un producto también muy abandonado por esta empresa y que no parece tener mucho futuro.

No es que no me molesten esas decisiones: soy usuario ocasional de Google Reader (aunque hace tiempo que tiro mucho más de otras alternativas, como Twitter o Prismatic), pero por ejemplo sí he sido usuario interesado de Feedburner tanto en este blog como en otros que he gestionado a lo largo de los años. Y sin embargo, entiendo perfectamente a Google. No es personal. Son negocios. Y Reader no era rentable, como explicaba Malik:

Google had a separate recommendations team fine tuning Google Reader and those people don’t come in cheap. And let’s not forget that it was Google’s infrastructure that allowed millions of accounts to be hosted and many billions of items – photos, videos, text objects to be saved for people to consume them at their leisure.

It wasn’t and it still isn’t a cheap exercise, said Wetherell, rationalizing why he somewhat understands Google’s predicament. ”This is and will always be a Google level problem, especially if you are building a service for more than a few people,” he said.

No solo no era rentable: Google tiene claro el camino por el que nos quiere llevar, y ese camino no es otro que Google+ (bien resumido por Ángel Jiménez), una plataforma (mal llamada red social) que sigue envolviendo a toda la galaxia Google y que se convierte en la alternativa oficial de la empresa -aunque aún no lo hayan admitido- para hacer ese seguimiento de la actualidad que hasta no hace mucho hacíamos con otros métodos.

Y pese a todo, existe muchísima gente que ha dejado claro no puede vivir sin Google Reader. Yo conozco a unos cuantos, porque entre los que nos dedicamos a darle a la tecla para contar la actualidad, el servicio de Google era una apuesta segura. Puede que no para llegar los primeros, pero sí para llegar a tiempo. Ahora queda por ver quién sucederá a Reader como servicio de facto -veremos si es uno o varios- pero desde luego alternativas no faltan. Un ratito cotilleando en Reddit o Hacker News y en posts como este de SuperFeedr o este LifeHacker, me ha permitido configurar una lista bastante aceptable de alternativas a Google Reader que ya podéis ir probando,  pero puede haber más como demuestra esta curiosa aplicación web de votos o esta fantástica tabla que he descubierto ya con el artículo prácticamente terminado..  Un detalle importante: vuestras preferencias, vuestras suscripciones, todo se puede exportar gracias a la iniciativa Data Liberation de Google. Ahora, a por las alternativas. Todas ellas, a continuación.

Andy Rubin y el nuevo rumbo de Android

13 de marzo de 2013

andy-rubin

Sorprendente la noticia de hoy en el seno de Google, que a estas alturas tendrá muy poca cobertura en medios generalistas, que están especialmente ocupados. Pero como digo, la dimisión de Andy Rubin al frente de la división Android de Google es sorprendente. Teniendo en cuenta que Rubin fue el co-fundador de Android Inc en 2003 -hay un excelente artículo sobre su trayectoria en el New York Times, aunque se publicara en 2007- y que hoy no hay quien le tosa a la plataforma móvil de Google, parece como si Rubin simplemente hubiese decidido que ya había conseguido todo lo que podía conseguir.

Y sin embargo, esa dimisión deja muchas dudas, puesto que quien le sucederá es Sundar Pichai, que hasta ahora se había encargado de dirigir Chrome, Chrome OS y Google Apps, y que ahora suma a su cartera una de las divisiones con más futuro de la compañía. Que Pichai ahora dirija el destino de Android es significativo y puede que lleve a un futuro muy curioso: uno en el que Android y Chrome OS acaben fusionándose.

La idea no es nueva, y de hecho en GigaOM también la comentan aunque ellos no apuntan tan alto: allí afirman que  el futuro de Chrome OS es el de la integración de las aplicaciones de Android, que podrían ejecutarse en el sistema operativo “en la nube” de Google. La salida de productos como el Chromebook Pixel con su pantalla táctil confirma ese interés de Google por este tipo de soluciones, y ahí el bueno de Kevin C. Tofel -bastante conocidillo para los que leemos los medios tecnlógicos americanos- da en el clavo. El resto del análisis es más pobre de lo esperable, y aquí tengo que ponerme una mediallita -si no me la pongo yo, quién me la va a poner- y mencionar que hace apenas 10 días hablé precisamente de Android como futuro sistema operativo universal de Google en un artículo de opinión en Xataka Android, mi nueva casita junto a Xataka Móvil y alguna que otra incursión en Xataka.

Por si sois perezosos y no leéis esa joya de la literatura tecnológica ;) os resumiré las conclusiones: Chrome OS no cuaja, y Android tiene el potencial de dar el salto a dispositivos como el Chromebook Pixel, así que ¿por qué no fusionar ambos? Canonical lo está haciendo con Ubuntu, y Microsoft ha dado también un paso importante con Windows 8 en PCs, portátiles y ahora en tablets, así que Google podría hacer lo propio aprovechando las ventajas de sus esas dos plataformas.

Personalmente veo bastante claro el futuro de Android. Un futuro en el que ese sistema operativo al que nos hemos acostumbrado en smartphones y tablets dará el salto a esos “tablets convertibles” o a esos Ultrabooks híbridos con pantallas táctiles que cada vez están más de moda y que permitirán sacarle todo el partido a este sistema operativo tan táctil. Más difícil será el salto a los PCs convencionales, sobre todo porque trasladar aplicaciones pesadas (editores de vídeo, diseño 3D, y todo un mundo de aplicaciones especializadas que están muy asentadas entre los usuarios y las empresas) no será precisamente moco de pavo.

Ahora veremos si mi particular bolita de cristal es de pega o no. A ver que hacer, Sundar. Y pide un buen aumento, majete.

En busca del silencio

12 de marzo de 2013

seasonic1

El título es muy poético, pero probablemente el post no lo sea demasiado, porque no voy a hablar de algún tipo de reflexión rara, sino de lo que hablo en este blog: cosas frikis. Así que lo mejor es empezar. Hace un par de meses nuestro pequeño despacho casero comenzó a oler raro. No era ese olor inconfundible que uno detecta cuando tiene un par de enanos como es mi caso. No. Era un olor distinto. Algo estaba chamuscándose. Y claro está, tenía que ser mi PC de sobremesa. Por alguna razón que no logro entender la fuente de alimentación había petado, así que tras descartar que no había alguna cosa más afectada, hice un pedido rápido para comprarme una nueva fuente, una Corsair CX500 que elegí tras un breve repaso a un par de webs y que sobre todo me convenció por el precio, que no llegaba ni a 50 euros.

Pronto recordé porqué algunas fuentes de alimentación cuestan más y otras bastante menos. Aparte de las certificaciones de eficiencia hay un aspecto clave en este terreno: el ruido generado por la fuente de alimentación. Que en el caso de la Corsair era lamentablemente infernal. Estoy exagerando, claro. Pero para alguien que como yo es bastante maniático en su ambiente de trabajo, lo de tener ese bufido constante en segundo plano era algo que no podía cuajar.

Intenté aguantar con esa fuente, e incluso ese fue el momento de tratar de convertir a mi MacBook Air como equipo principal. Cero ruido, por supuesto, pero también menos productividad. Así que solo quedaba una solución. Comprar otra fuente, y dejar de escatimar. Esta vez me informé un poco más y tras leer algunos análisis y comparativas más acabé decidiéndome por una SeaSonic X-560, un modelo fanless que salvo en casos excepcionales es absolutamente silenciosa. Me ha llegado esta tarde en paquete impecable (de verdad, increíble, funditas para todo y un embalaje digno de la mismísima Apple), y ahora mismo llevo 10 minutos -lo que he tardado en escribir este post- funcionando con ella. Sin enterarme, claro. Qué pasada. La fuente ha costado 120 euros, una pasta para un componente como este, pero esos decibelios que me ahorro no tienen precio. Ya se sabe. Trabajar a gusto es otra cosa. Qué silencio. Qué gozada.

Una cosita más. Si alguien necesita una fuente de alimentación, tengo una Corsair CX500 de segunda mano a precio de chollo y casi nuevecita ;)

RetroMadrid 2013 y las sonrisas

11 de marzo de 2013

Bartop

Gente sonriendo.

Es lo que se veía este pasado fin de semana en el Matadero de Madrid, donde se celebraba una nueva edición de RetroMadrid, ese evento que se aprovecha de uno de los pocos sentimientos que unen a los españolitos: la nostalgia y aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Y desde luego, parecían mejores tiempos. No en el resultado técnico, pero sí en todo lo demás. Éramos más ingenuos, mucho menos exigentes, y mucho más impresionables. Así que no importaba tener que esperar 5 minutos (con suerte) a cargar un juego con unos gráficos de risa. Aquello era lo más de lo más.

Gente sonriendo.

Eso es lo que precisamente se seguía viendo 25 años después. La misma gente que sonreía entonces ante mitos como el Turrican o el Scramble seguían haciéndolo ahora. Más gorditos, con menos pelo y probablemente con más inquietudes que entonces. Cuando precisamente teníamos tanto tiempo que perder que era impensable plantearse un futuro en el que apenas lo tendríamos. Tanto entonces como ahora eso parecía dar igual cuando uno se plantaba delante de estas máquinas. El tiempo seguía pasando igual de rápido, lo tuviésemos disponible para perderlo o no.

Gente sonriendo.

Es lo que vi incluso en la cola de entrada al evento, sorprendente larga y que confirmó de nuevo que la nostalgia es un sentimiento poderoso. Allí incluso me encontré con un lector de este blog que me reconoció (¡un abrazo, josealun!) y también con un antiguo y gran compañero de la facultad al que no veía desde hacía un porrón, qué momentazo. Y allí también sonreíamos todos los que quedamos para tirar de nostalgia un día al año. Parte de la vieja guardia de PC Actual (¡Juanky, Eloy!) y un viejo competidor (¡Jesper!) con los que da gusto compartir esos ratos. Y entonces entrabas y te encontrabas con un pequeño paraíso.

Gente sonriendo.

Tanto disfrutando de los mitos de 8 bits como de las máquinas de 16 bits. Yo especialmente, porque este año hubo sección especial para mi adorado Amiga. Prácticamente todos los modelos estaban representados allí. Un 4000 armado hasta los dientes, un par de 500s a la venta por menos de 80 euros, accesorios, expansiones, y algún 1200 con el mítico Scala y un mezclador de vídeo demostrando lo mucho que se podía hacer hace 20 años con estas máquinas prodigiosas. Incluso vi en acción Amiga OS 4.1 sobre una placa Sam460ex, y la pinta era estupenda. Como demostrando por dónde podían haber seguido los tiros si la gestión de la gente de arriba no hubiera sido tan nefasta.

Gente sonriendo.

Haciéndolo especialmente ante una de las sorpresas de RetroMadrid: las recreativas. Pude echar un par de partidas al Galaxian (cuántos recuerdos, cuántos), y sobre todo descubrí ese pequeño filón para nostálgicos que seguramente acabe teniendo mucho tirón: el de los bartops, las recreativas rollo “hágaselo usted mismo” que gracias a la emulación (MAME al poder) y a la inclusión de mandos y botoneras profesionales permiten volver a disfrutar de aquellos juegos legendarios. Había allí dos o tres empresas que demostraron el encanto de estas maquinitas (que no son precisamente baratas, por cierto, una decente andaba en los 800 euros), y mentiría si dijese que no se me pasó por la cabeza hacer una pequeña locura. Y como yo, seguro que muchos otros se plantearon lo mismo. De hecho, la idea no ha desaparecido del todo ;)

Gente sonriendo.

Por todas partes. Ganando o perdiendo partidas al Soul Blade (¿cómo es posible que yo pierda? ¡Si era un máquina a ese juego!), jugando al Pole Position o al Space Invaders, comprando viejas cintas, o cartuchos, o maquinitas, o viejas consolas. O inmortalizando el evento, o escuchando las charlas (el único pero del evento: la acústica de la instalación es lamentable y no se oye un pimiento), o comiendo unos sandwiches fuera mientras te sacabas unas fotos saltando, o viendo a algunos de aquellos primeros históricos de la industria de los videojuegos en España (allí andaba una vez más Azpiri, inconfundible, y Andrés Samudio, responsable de La Aventura Original). O simplemente charlando y disfrutando de la nostalgia.

Qué gran evento.

Ubuntu: no es personal, son negocios

8 de marzo de 2013

Hoy toca hacerme autobombo, porque ya he escrito un señor post en Osphérica y creo que me ha quedado especialmente bien. Así empieza:

Estas últimas semanas están pasando muchas cosas importantes en el seno de Canonical, la empresa responsable del desarrollo de Ubuntu. La comunidad no está contenta, y no lo está desde hace tiempo. El primer signo de ese descontento llegó con Unity, una interfaz que por primera vez hizo sentirnos incómodos. Entonces no sabíamos a qué venía ese cambio. Puede que ni siquiera Shuttleworth y sus chicos lo supieran. Y entonces llegó el anuncio:

Cuando llegue la 14.04 LTS Ubuntu se usará en tablets, móviles, TVs y pantallas inteligentes que van del coche a la cocina, y conectará esos dispositivos de forma limpia y transparente al escritorio, el servidor y la nube.

Aquella fue la expresión de la epifanía de Shuttleworth. De su visión de futuro. Una visión que parecía ambiciosa, pero no tan ambiciosa como ha resultado ser gradualmente. Porque esa vocación de Ubuntu de convertirse en algo que pudiéramos usar en todo tipo de dispositivos no era lo único importante. La otra parte de la ecuación era aún más significativa.

Que la versión de Ubuntu que usásemos en un dispositivo sería exactamente igual al resto.

Eso era (es) lo realmente importante. Ubuntu permitirá que tu smartphone basado en esta distribución se convierta de buenas a primeras en tu PC. Misma plataforma, misma interfaz (que eso sí, aprovechará la resolución de pantalla), y sobre todo, mismo catálogo de aplicaciones. Una idea genial que hasta ahora nadie había enfocado con tanta claridad.

El resto, como decía, en Osphérica.

Linux y la comodidad: nos hacemos mayores

7 de marzo de 2013

Ya lo he comentado en Osphérica así que no le daré muchas más vueltas aquí: se ha montado un pequeño escándalo porque Miguel de Icaza, que en su día fue protagonista en el mundo Linux y Open Source, anunció hace un par de días que se ha pasado al Mac. Deja de usar Linux en el escritorio, y argumenta que está cansado de incompatibilidades, de la fragmentación de Linux y de que las cosas simplemente no funcionen, algo que sí hacen en los Macs.

En el fondo De Icaza tiene mucha razón, y no entraré aquí en más debates sobre su carácter (lamentable, como ha demostrado en una respuesta poco afortunada a un post de mi ex-compi Metalbyte en MuyLinux) o sobre su clara filosofía de arrimarse al sol que más calentaba (primero Mono y Microsoft, ahora también Mono y Android con Xamarin) . Como sucede en muchos otros campos, hay cierto momento en los que la gente simplemente no tiene tantas ganas de complicarse la vida. A un chaval de 20 años probablemente le dé menos pereza lograr que todo funcione como debe en su equipo con Linux. Pero a De Icaza o a mi ya no nos apetece tanto.

Lo comentaba hace meses, y vuelvo a repetirme. Aunque tengo Linux siempre al lado -mi partición de Elementary OS Luna sigue actualizadita- hoy en día trabajo sobre todo con Windows 8 y con OS X en el MacBook Air. De hecho, hace unas semanas traté de utilizar ese equipo como mi equipo de trabajo principal, y el experimento me salió rana. La cosa no cuajaba. También probé a trabajar solo con Linux hace un tiempo, y más de lo mismo. No acababa de estar a gusto. Y cuando uno se acostumbra a trabajar de un modo, cambiar debe estar motivado por algo más que poder decir “qué guay soy que puedo trabajar con Linux sin problemas”.

Es la condena de la comodidad. Somos más mayorcitos, y tenemos menos tiempo para según qué cosas. Así que ya no me apetece tanto recompilar kernels, no me apetece instalar las quince distribuciones que probaba no hace mucho -ni siquiera como máquinas virtuales- y no me apetece pegarme con algunas aplicaciones que solucionan muchos problemas pero crean otras. Uno se vuelve cómodo, y se centra en lo que conoce y lo que le funciona. Tanto si es un Mac, como si es Windows o Linux. Lo importante es estar lo más cómo posible con la forma de trabajar (o disfrutar) con tu maquinita.

Igual es que me estoy volviendo más sabio. Cómo mola.

Noventa y nueve centavos

5 de marzo de 2013

centavos

Estos días he empezado a recibir -como probablemente muchos de vosotros- avisos de WhatsApp en los que se me avisaba de que mi periodo gratuito caducaría pronto, y que necesitaba realizar el pago de la suscripción anual. Me daba pereza ponerme a ello, pero aprovechando que quería probar el método para pagarlo con PayPal y no con Google Checkout ya he dado por finiquitado el tema. Y todo por un precio absolutamente ridículo. Noventa y nueve centavos. Al año.

Lo comentaba hoy con mis recién estrenados compañeros de Xataka Android, y uno de ellos nos contaba a todos la anécdota que a su vez le había relatado un empleado de Vodafone. Atentos.

Ayer, 04/03, me ha venido un cliente (stand Vodafone) con un Galaxy S3 en la mano, que se quería dar de baja porque “El whatsapp era gratis, yo quiero el whatsapp gratis y no lo quiero pagar, así que dame de baja”.

Y de estos, lamentablemente, hay muchos. Gente que se gasta un dineral en su smartphone, que tiene unos gastos mensuales notables en su plan de voz y datos, y que es capaz de protestar porque algo que le había salido gratis durante un tiempo y con lo que se había ahorrado un dineral ahora haya dejado de ser gratuito. Que cueste algo. Noventa y nueve centavos. Al año.

Damos pena. De verdad. Con esa mentalidad del todo gratis lo tenemos muy, muy crudo.

De cómo los comentarios condicionan nuestra percepción de lo que leemos

3 de marzo de 2013

trolls

Hace un par de días aparecía un artículo en Engadget en el que el autor daba su visión sobre Firefox OS. El contenido del artículo, que comparaba el camino tomado por Fifefox OS con el de Chrome OS, era muy interesante. Los argumentos, coherentes. Y las conclusiones, razonables. Incluso convincentes. Hasta yo, que tengo ciertas esperanzas de que Firefox OS tenga éxito, tuve que estar de acuerdo con parte de esas conclusiones en las que el autor afirmaba que Firefox OS no llegaría a ningún lado.

Y entonces comencé a leerme los comentarios. Y sucedió algo que sucede de cuando en cuando. Que esos comentarios eran aún mejores que el propio contenido. Varios usuarios con experiencia en temas como la programación HTML5 desmontaron algunos de los argumentos del autor original -como el hecho de que los clientes HTML5 sí pueden ser impresionantes, como demostró Fastbook-, y acabaron devolviéndome a la realidad: Firefox OS sí tiene futuro, al menos en dispositivos móviles donde sí estamos acostumbrados a esa filosofía “always on” que defienden tanto este proyecto como Chrome OS. De hecho en esos mismos comentarios destacaban precisamente que en Firefox OS el uso de recursos y aplicaciones en local y offline es totalmente factible, y de hecho será una de las ventajas de ese proyecto.

En esas estaba cuando ayer me encontré con este otro artículo titulado “This Story Stinks” del New York Times, en el que los autores precisamente inciden en la relevancia de los comentarios, y como algo tan aparentemente superficial como el tono puede condicionar no solo nuestra comprensión o aceptación de ese contenido, sino nuestro tono posterior a la hora de comentar:

But when it comes to reading and understanding news stories online — like this one, for example — the medium can have a surprisingly potent effect on the message. Comments from some readers, our research shows, can significantly distort what other readers think was reported in the first place.

But here, it’s not the content of the comments that matters. It’s the tone.

En el estudio al que hacían referencia en el artículo del NYT quedaba claro que el tono de los comentarios en dos artículos idénticos presentados a distintos grupos de usuarios condicionaba totalmente la percepción de los lectores.

The results were both surprising and disturbing. Uncivil comments not only polarized readers, but they often changed a participant’s interpretation of the news story itself

No es que el estudio ofrezca unas conclusiones sorprendentes, desde luego, y esto lo saben mejor que nadie los trolls, esos pequeños tocapelotas a los que no hay hacer caso pero a los que aún así es difícil ignorar. Tras unos cuantos años en el mundo de los blogs y los medios online ya no caigo nunca en la trampa de la respuesta con calentón, pero sigo cayendo en la otra, mucho más peligrosa.

La de que mi percepción de la historia cambie por esos comentarios. 

Y ese es un problema real que no tiene fácil solución. Eliminar los comentarios es exagerado y erróneo, y moderarlos es un proceso demasiado costoso. Así que para los que escribimos la cosa está complicada. Y a los que leen (leemos), un consejo: cuando terminéis de leer algo, no leáis los comentarios inmediatamente. Tomaos unos segundos para digerir ese contenido y formaos vuestra propia opinión. Y recordad tanto esa opinión -que puede cambiar con argumentos razonables, desde luego- como el hecho de que el tono con el que la expreséis condicionará al resto de comentaristas. No caigáis en la trampa.

Raspberry Pi: un año después, un millón de unidades vendidas después

2 de marzo de 2013

raspberry-pi-aniversario

El proyecto Raspberry Pi celebró ayer a falta de mejor fecha su primer cumpleaños. Su actividad oficial comenzó el 29 de febrero de 2012, y en estos 365 (¿o 366 ?) días han pasado muchas cosas alrededor de este proyecto. De hecho, se ha convertido en un éxito arrollador, sin precedentes para un miniordenador del tamaño de una tarjeta de crédito que por su aspecto -con todos los componentes al desnudo- hacía prever un interés restringido al mundillo friki.

Puede que en realidad esa previsión se haya cumplido, pero lo ha hecho de una forma masiva y también ha logrado que el boca-oreja funcione para extender su éxito a mercados menos frikis. A eso han contribuido sin duda alguna los proyectos que se han logrado desarrollar para sacarle el jugo a este pequeñín. El Raspberry Pi ha demostrado su potencial como Media Center (tras algunas pruebas iniciales yo lo tengo funcionando así desde hace meses y soy feliz como una perdiz), como NAS, como servidor de descargas, servidor web, como emulador de videojuegos antiguos o como base de ideas mucho más peregrinas. Entre las últimas y más destacadas, montar un servidor de Minecraft, una supercomputadora o clúster de Pis, o la creación de un miniportátil con su pantalla y teclado integrados.

Lo mejor de todo esto no es lo que ya hemos visto, sino lo que aún está por verse. Y seguramente veremos más y más ideas originales y la confirmación de algunos de esos proyectos que demuestran que con 35 dólares y un poco de ilusión se pueden lograr cosas impresionantes. Un millón de Raspberry Pi vendidos en un año lo demuestran. Y seguramente el año que viene, en ese futuro segundo cumpleaños, volveremos a hablar de este prodigio que ha vuelto a confirmar las ventajas que tienen proyectos Open Source como este. Felicidades a sus responsables y a la comunidad por un año increíble.