Cartografiando a los cartógrafos

18 de marzo de 2014

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Primer post cortito del día para hablar de uno de los dos reportajes que he publicado hoy. El primero, “¿Quiénes son los dueños de los mapas en el mundo?” es un repaso a los sistemas que utilizan las grandes del mercado para elaborar sus mapas y, cómo no tratar de superar al contrario.

Como en el segundo caso, el artículo lleva bastante tiempo en cocina: conseguir hablar con responsables de cada servicio es sorprendentemente difícil –estamos en la era de la comunicación, y ni por esas–, pero además ni siquiera he podido incluir los testimonios de dos de las empresas que también tienen un papel relevante en este segmento. Apple y TomTom (TeleAtlas) –prefiero no comentar por qué no han participado– han dejado un poco cojo el artículo, que aún así yo creo que sirve para colocar a las que están en su sitio.

Mi perfil y mi trayectoria me hacen tenerle un cariño especial a OpenStreetMap, con cuyos responsables hubo una comunicación inmediata (no fue el caso en el resto) y perfecta. Pero es que además el proyecto respira buen rollito por todos lados. Lástima que tenga carencias importantes. Para empezar, una buena aplicación que lo aproveche para implementar un navegador para Android/iOS. A mi OsmAnd me parece un desastre de usabilidad e interfaz de usuario, y la cobertura de sus mapas –al menos, en mis pruebas durante una semana– está por debajo de la de los rivales (números de casa, por ejemplo). A ver si algún iluminado mejora ese apartado.

Sea como fuere, las conclusiones son, como he apuntado en el artículo, tristes en cierta medida. Que no haya un entorno de colaboración en este sentido y que todas intenten hacer sus mapas para tener el control de los datos es una realidad –no solo aquí, sino en otros campos– que probablemente hace que estos servicios no avancen incluso un poco más. Una penita.

De vendemotos y meapilas

17 de marzo de 2014

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Vengo encantado de entrevistar junto a mi buen Matu-man (@matutweet) a una persona que a sus 34 primaveras ha hecho cosas que la mayor parte de la gente (yo incluido) no hará en su vida. Pero lo mejor de la entrevista no ha sido la entrevista en sí –que también, ya lo comprobaréis en unos días, cuando la publiquemos– sino el hecho de que nuestro interlocutor, además de haber sido sincero, amable, y humilde, me ha descubierto cosas.

Que alguien así acabe hablando de algunas de sus ideas de futuro con un sincero “no estamos seguros de qué tal irá, veremos” es muy distinto del discurso frecuente que te encuentras con vendemotos y meapilas a los que uno entrevista más por obligación que por devoción. Es parte del oficio, claro: para alguien a quien le guste el meollo tecnológico, hablar con jefes de producto y cargos directivos suele ser decepcionante. Porque estas personas, en muchos casos, no son ingenieros que te descubran ese meollo. Aún teniendo esa formación, dejan de serlo en las empresas de nuestro país.

Son (o se convierten en) vendedores.

No es culpa suya, supongo. O al menos, no del todo. Su trabajo aquí es vender: ya se encargan otros de tener las ideas, de desarrollarlas, y de mover el mundo. El problema es que cuando uno trata de obtener una respuesta rica, rica y con fundamento de uno de estos vendemotos –venda esas motos obligado o a su pesar– se encuentra con panfletos infumables y mensajes repetidos una y otra vez hasta la saciedad.

Es como oír hablar a los futbolistas después de un partido. No sé por qué les seguimos oyendo, si siempre van a decir lo mismo. Coñe, si has metido un golazo deja de actuar como un robot y muestra un poco de emoción. Que sí, que lo importante es el equipo, que hay que pensar solo en el partido siguiente, y que trabajas muy duro para que el míster y la afición estén contentos. Pero por dios, que has metido un chirlo del copón. Reacciona.

Pues eso, señores jefes de producto, directivos y altos cargos de esas empresas que innovan en otras partes pero venden aquí. A todos ustedes, vendemotos y meapilas profesionales, mi consejo es tan sencillo de dar como difícil de seguir: dejen el publirreportaje en la oficina. Dennos titulares, emociónennos, descúbrannos cosas.

Sorpréndannos un poquito para variar.

Nota: Sí, se escriben con dos enes, lo he mirado en el Diccionario de dificultades del español de Manuel Seco tras debatirlo con mi madre, filóloga española y artífice de que yo escriba así de requetebién. Va por ti, mami.

Actualización (24/03/2014): Una semana después, entrevista publicada, con vídeo y todo. A ver qué os parece.

Incognitosis de fin de semana (V)

15 de marzo de 2014

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Vamos con la quinta entrega de estas Incognitosis de fin de semana. Además de entrar en esta lista probablemente he incluido estos artículos tanto en mi cuenta de Twitter en algún momento de la semana como, sobre todo, en Flipcognitosis, esa joya (je) de revista en Flipboard con estos contenidos y algunos más. Ahí van los enlaces:

  • ONO sells for $9.5 billion and nobody cares: la noticia de la más que posible adquisición (esto se publicó el sábado 8, parece que la compra es una realidad) de ONO por parte de Vodafone es muy importante, pero también lo es el hecho de que apenas parezca tener relevancia en medios estadounidenses. La reflexión de Martín Varsavsky es perfecta, pero ya puestos, seguro que mucha gente la hubiera agradecido en su versión adicional en español.
  • I Failed My Online Course—But Learned A Lot About Internet Education: Nunca lo he intentado, pero lo de los cursos online con plataformas tipo Udacity tiene buena pinta. No obstante, esta chica cuenta su experiencia y su fracaso, pero argumentando con razones de peso que podrían comprometer el futuro de estos cursos.
  • This machine kills trolls: La Wikipedia se las gasta así de bien con los trolls. Muy curioso, y una demostración más de lo bien que suelen hacer las cosas en The Verge.
  • The infinite lives of BitTorrent: probablemente ya sepáis que hay una empresa detrás de ese protocolo, y en FastCo nos cuentan cómo esa empresa se ha tenido que reinventar una y otra vez. Parece mentira lo utilizado que es BitTorrent y las dificultades que han tenido para salir adelante como empresa.
  • Software Licenses in Plain English: si no te aclaras con los derechos y obligaciones que conceden las distintas licencias software, este sitio web te lo pone muy fácil. Brillante. Vía Ilya Grigorik, el crack del web performance en Google.
  • The Truth About Speed Reading: Buen análisis de Lifehacker tras la aparición de Spritz y de clones que han copiado ese sistema de lectura rápida. Yo por ahora disiento con las conclusiones, y aunque no he utilizado mucho estas herramientas, los resultados me parecen alucinantes.
  • Bill Gates: The Rolling Stone Interview: Larga, y aunque sin tener grandes revelaciones, casi siempre mola leer lo que dice el hombre más rico del mundo.
  • Por qué la película de ‘Veronica Mars’ puede suponer un antes y un después en el cine: Interesante artículo no ya sobre la película en sí –que puede estar más o menos curiosa– sino sobre el nuevo modelo de hacer cine que basa su presupuesto en campañas de crowdfunding. Efectivamente, esto podría ser la pera.
  • Popcorn Time: ¿cómo competir con esto? [Actualizada]: Hace unos días apareció de la nada Popcorn Time, una aplicación brillante en diseño y ejecución que demostraba lo bien que podrían hacer las cosas las grandes de la industria del cine y televisión. Lamentablemente, sus responsables han tenido que abandonar el proyecto, pero ya hay otros tratando de recoger el testigo, cuidado.

¡Que disfrutéis del fin de semana!

¿Dónde estábais hace 25 años?

13 de marzo de 2014

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A medio gas me pongo con este post –hoy he escrito ya para toda una semana–, que me hubiera saltado si no fuera porque ya se me pasó ayer. El tema es obligado, porque nuestra querida World Wide Web cumple nada menos que 25 años de vida. Al menos, si lo contamos desde el día que Sir Tim Berners-Lee publicó su “Information Management: A Proposal“. Aquel documento sentaría las bases de lo que hoy es un pilar fundamental de nuestras vidas, y que junto a Internet revolucionó el mundo.

Muchos homenajes –incluido el “oficial”, y este otro bastante majo de Engadget– están celebrando esos 25 años, pero yo me quedo con el AMA (Ask Me Anything) que el propio Sir Tim Berners-Lee realizó en Reddit y en el que se desvelan algunas curiosidades de lo más simpáticas. Por ejemplo, que nunca se imaginó que los gatitos fueran a convertirse en una razón para usar Internet y la WWW, o que pensó en llamar a su sistema “Mine of Information, The Information Mine y The Mesh”. No está mal tampoco el timeline que han montado en Pew.

Y claro está, el aniversario hace que uno se pregunte dónde estaba aquel 12 de marzo del 89. Yo tenía 15 añitos y desde luego ni me enteré de aquello. El Commodore 64 seguía dando buenos ratos, y no empecé a oír hablar sobre esa mística telaraña mundial hasta que entré en la facultad en el 91. Mi primera sesión con esa telaraña fue –modo abuelito on-- ante un terminal VMS y los navegadores Lynx que estaban instalados en el Centro de Cálculo. Durante cierto tiempo los alumnos no pudimos pasar de ahí, aunque recuerdo como si fuera ayer la primera vez que vi Mosaic en funcionamiento en una cuenta que uno de los enchufados a departamentos nos enseñó en su cuenta en una de las máquinas AIX de la facul.

Debió de ser en el 93, y por entonces la cosa ya llevaba algún tiempo rodando, pero para mi aquello fue una de esos pocos momentos en los que algo hace clic (y no era el ratón del enchufado en cuestión) y comprendes que lo que estás viendo es mucho más gordo de lo que podría parecer a primera vista. Qué momentazo.

Felicidades por esos 25, World Wide Web. Que cumplas muchos más.

Se busca becario para levantar España

12 de marzo de 2014

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Me comenta un pajarito que hoy había una oferta de trabajo en la cual una empresa buscaba un becario. No diré de qué, ni qué empresa realizaba la búsqueda, pero sí apuntaré que se trata de una empresa que conoce bastante gente y que de puertas a fuera es un referente en su campo en España. Atentos al “de puertas a fuera“, que está en cursivas adrede.

El problema no es que busquen un becario. El problema es que, como ocurre en otros muchos casos, lo que en realidad buscan es un profesional con experiencia pero que quiera estar considerado –y pagado– como un becario. Conozco la empresa en cuestión y sé cómo trabaja, y es una práctica lamentablemente común tanto en ella como en otras muchas que he tenido la desgracia de conocer directa o indirectamente.

Lo de los becarios está muy de moda ahora que estamos en crisis. Es un recurso más como otro cualquiera –EREs, eliminación de pagas extra o congelaciones (y reducciones) de sueldo, etc– en esta época que está dejando nuestro país de lo más alegre en temas de trabajo. El problema es que mucho empresario de palo en estos lares no acaba de entender que el talento se paga. O debería pagarse.

Resulta un poco triste mirar al otro lado de charco y ver por ejemplo cómo por allí se pelean –casi literalmente– por los buenos desarrolladores software, y cómo aquí picar código es poco menos que ser un paria. Allí se rodean de talento, con empresas que realizan procesos de selección brutales y que hacen que los equipos de trabajo estén preparados para cualquier cosa. Aquí reina el copiar y pegar, el pan para hoy y hambre para mañana y el ande yo caliente ríase la gente. Demasiado refranero tenemos.

Lo comentaba ayer con excompis de trabajo, y la conclusión fue la previsible: son lentejas, y no parece haber visos de que las cosas vayan a mejor.

Y claro, así nos va. Muy triste.

Popcorn Time: ¿cómo competir con esto? [Actualizada]

11 de marzo de 2014

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Fantástico el artículo de la revista Time –por cierto, con rediseño recién sacado del horno, responsive y con parecidos demasiado razonables a Quartz– sobre uno de los últimos fenómenos del momento en temas de entretenimiento P2P: Popcorn Time.

La aplicación, desarrollada por dos argentinos, hace uso de la API YTS para acceder al tracker de torrents de YIFY, un uploader de películas muy conocido por la calidad con las que comparte el entretenimiento gracias al protocolo BitTorrent. Ese ingrediente se suma a otros, pero sobre todo lo que han logrado estos jovencitos es un servicio que nos permite reproducir vía streaming por BitTorrent las películas más populares del momento en Internet sin necesidad de descargarlas. Es algo así como un SeriesYonkis, pero para películas, y hecho además con buen gusto y con calidad.

El resultado es impresionante. No pude resistirme a probarlo hace un par de días con una de las películas recomendadas en la portada –tras el claro aviso a que lo que hagas con la aplicación es cosa tuya–, y lo cierto es que tanto la calidad de la imagen como del sonido –y los subtítulos en inglés– fue estupenda. Ni un corte, ni un salto. Tras comprobar el rendimiento de Popcorn Time, uno solo puede calificar a esta solución de prodigiosa… y aterradora.

One thing that iTunes, Netflix, Amazon and Hulu have proven is that content makers can fight piracy by providing a better, easier service to paying customers. But what happens when piracy fights back with something just as convenient?

Así es: siempre se dice que para luchar contra la piratería hay que ofrecer servicios mejores y que dén acceso al contenido de forma rápida y cómoda a precios razonables. Normalmente los inconvenientes en esto de acceder a películas y series online es el tiempo que uno invierte en buscarlas, encontrarlas y descargarlas, además de no tener nunca todas las garantías de que la calidad será aceptable.

Y Popcorn Time precisamente resuelve todos esos problemas. Da acceso al contenido de una forma perfecta, con una interfaz fantástica y con opciones más que decentes. Y por si fuera poco, el código es Open Source y está en GitHub. Ole. Las únicas pegas son que no hay acceso a series, y que las películas, por supuesto, son todas en inglés. Y aún así, la pregunta es clara. ¿Cómo competir con eso?

Actualización (14/03/2014, 21:41): Pues de forma sencilla. Con presiones de la industria que una vez más han logrado proteger un modelo de negocio obsoleto, incómodo e ineficiente. Los chicos de Popcorn Time han tenido que retirar el servicio hoy, pero lo han hecho con un mensaje de despedida fantástico que podéis encontrar en la web oficial en español y también en Medium en inglés.

De privacidad y paranoias

10 de marzo de 2014

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Llevo meses hablando en Xataka de todo lo relacionado con los programas de espionaje y monitorización masiva de la NSA. La filtración de documentos por parte de Edward Snowden nos ha hecho comprender hasta qué punto nuestros datos dejan de ser nuestros cuando utilizamos todo tipo de servicios en Internet, y también han hecho que en muchos de nosotros (y me incluyo especialmente) despierte cierto sentido de la paranoia con respecto a nuestra privacidad.

Snowden da poderosos argumentos para estar preocupados, y nadie parece mover ficha a nivel político y social. Curioso especialmente en el caso de Merkel, que debe tener un genio de aquí te espero pero que apenas ha dicho o hecho nada al respecto. Mientras tanto aparecen todo tipo de iniciativas para tratar de asegurarnos cómo salvaguardar la privacidad y nuestros datos, y todos esos desarrollos y soluciones se alimentan, claro está, de esas sospechas.

Puede que la NSA esté captando ahora mismo todo este post, pero lo más probable es que le importe bien poco. Y aún así, la amenaza está ahí, y como decía Snowden esta tarde en una conexión vía Hangouts –aquí el vídeo– con el evento SXSW, lo suyo es que cifremos todas nuestras comunicaciones de extremo a  extremo, algo que es complicado de hacer con las herramientas actuales a menos que uno sea un poco friki.

En esas estábamos cuando leo el artículo de hoy de uno de los fundadores de The Next Web en el que aparece una reflexión sorprendente. La paranoia de la privacidad podría haber llegado demasiado lejos. Y los datos que aporta son concluyentes. En la bomba que pusieron en la maratón de Boston el año pasado, tardaron tres días en publicar fotos y un vídeo de los sospechosos, y varios días más en capturarles. No lo lograron gracias a la tecnología: un vecino reconoció a los sospechosos y dio el chivatazo.

Y más recientemente, en otra tragedia igualmente lamentable, el tristemente célebre vuelo MH370 de Malaysia Airlines se perdió en algún punto del océano y no han logrado dar con él. Martín Varsavsky lo comentaba en un buen post en su blog y completaba la reflexión de TNW: ¿cómo es posible que algo tan delicado como un avión siga anclado, en muchos aspectos, en tecnología de hace 50 años?

Y en ambos casos, la misma conclusión. Si la NSA tiene tantos datos, si las agencias de inteligencia recolectan tanta información, ¿cómo es posible que no la utilicen para resolver este tipo de sucesos? ¿Será que realmente no tienen la capacidad de analizar esos datos, o de que no recolectan tantos como se esperaba? ¿Es nuestra paranoia exagerada?

Ahí lo dejo.

Cómo leer a 1.000 palabras por minuto: Spritz

9 de marzo de 2014

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Descubrimiento ayer –vía @remoquete con su RT a @chicageek– del día, mes y lo que va de año en forma de una tecnología que probablemente comenzaremos a ver implantada en todo tipo de pantallas muy pronto. Se trata de Spritz, una empresa que ha lanzado un sistema de lectura rápida con el mismo nombre –aunque de él se derivan luego palabros adicionales, como scriptzing–, y que es una de esas cosas que tenéis que ver en acción para comprender su capacidad.

La idea del sistema es fantástica: en lugar de ir desplazándonos por el texto para leer –algo en lo que por lo visto perdemos el 80% del tiempo de lectura– en Spritz van mostrando las palabras de forma consecutiva en un pequeño campo. La velocidad con la que se muestran depende de cada usuario, ya que podremos elegir el número de palabras por minuto que queremos leer.

De media los seres humanos logramos leer unas 250 palabras con un 70% de comprensión. Con Sprtiz podemos llegar a las 1.000 (yo he leído a 600 y es perfectamente posible mantener ese ritmo con cierta práctica, creo), lo que hará que ahorremos mucho tiempo en la lectura. Pero ese no es en mi opinión el principal beneficio de esta tecnología. Lo chulo de verdad es aplicar esa tecnología a la pequeña pantalla. No solo las de los smartphones –en iOS existía desde hace tiempo algo similar con Velocity, y también hay alternativas en Android como Speed Reader–, sino en otros cacharrines: los relojes inteligentes.

Lo demostraron sus creadores en el Mobile World Congress –una de esas demos que se te escapa entre los grandes anuncios–, donde mostraban un Samsung Gear 2 con el sistema en funcionamiento. Lo de leer correos, notificaciones o incluso artículos directamente en esta pantalla se realiza de forma casi “natural” para esas pequeñas pantallas, y creo que esto va a tener un tirón enorme con toda esa fiebre wearable que estamos viviendo actualmente.

Hay varias alternativas paralelas que han surgido en forma de proyectos Open Source –de momento la más curiosa es, creo yo, la extensión para Chrome llamada Spreed–, y he hablado de ellas en un artículo especial de este domingo en Xataka. Echadles un vistazo, porque esto es, creo yo, un pelotazo. Va más allá que revoluciones prácticas en el teclado como la escritura Swype, por ejemplo. Tremendo.

Incognitosis de fin de semana (IV)

8 de marzo de 2014

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Vamos con la cuarta entrega de estas Incognitosis de fin de semana. Además de entrar en esta lista probablemente he incluido estos artículos tanto en mi cuenta de Twitter en algún momento de la semana como, sobre todo, en Flipcognitosis, esa joya (je) de revista en Flipboard con estos contenidos y algunos más. Como ya dije, lo de Flipboard cada vez me gusta más como canal alternativo, así que si sois usuarios de tablets (sobre todo), creo que la revi allí puede ser curiosa. Ahí van los enlaces:

Imagen: vuelve a ser mía, con toque HDR, eso sí.

Obsolescencias mal programadas

7 de marzo de 2014

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El término obsolescencia programada no es nuevo, pero se puso de moda hace unos años por estos lares. El fantástico documental “Comprar, tirar, comprar” que La 2 TVE emitió en 2010 y que desde hace algún tiempo está disponible online explica perfectamente el concepto. Todo lo que compramos tiene fecha de caducidad programada. O al menos, esa es la sensación que uno tiene con aparatos que en casa de nuestros padres duraban toda la vida, y que en estos tiempos tenemos que cambiar cada tres por cuatro.

Parece, no obstante, que esa obsolescencia programada por los fabricantes no siempre está bien calculada. Probablemente el mejor ejemplo en el terreno de la informática es el de Windows XP, un sistema operativo que Microsoft, a pesar de sus esfuerzos, no logra hacer desaparecer del mapa. Y lo que pasa con esa legendaria edición de Windows es también una realidad en el mercado de los tablets, que parece haber llegado a un punto de madurez importante. Parece que Apple ha cometido el mismo error que Microsoft.

Que sus productos son suficientemente buenos. 

Si funciona, decimos los informáticos, no lo toques. Y lo mismo se aplica a todos estos desarrollos y aparatitos que son lo suficientemente buenos. Tanto, que uno no se plantea el cambio, máxime cuando ahora nuestros bolsillos han empequeñecido. Lo comentan en Wired, donde citan los números de IDC en un estudio sobre el mercado de los tablets. La conclusión es preocupante para los fabricantes de tablets: el segmento “se encogerá” cerca de una tercera parte en 2014 respecto a 2013.

“Los usuarios han decidido que sus tablets actuales son suficientemente buenos para la forma en la que los utilizan”, dice Tom Mainelli, vicepresidente de dispositivos y pantallas en IDC. “Pocos se sienten atraídos a actualizarlos como los actualizaban en el pasado”. 

Chupaos esa, fabricantes.