Historia de una cajetilla de Nobel

9 de octubre de 2012

Mi padre fumaba. En sus buenos (o más bien, malos) tiempos lo hacía como un carretero, y no era raro que cayeran un par de cajetillas de Nobel al día. Logró dejarlo en alguna ocasión, pero al final siempre volvió a aquello. Pero al menos en el caso de mi padre, la cajetilla de Nobel era algo más que una simple cajetilla. Era su ToDo List. Su lista de tareítas. Porque justo dentro de las fundas de plástico que envolvían la cajetilla de cartón estaban aquellos pequeños papelitos que iban danzando de cajetilla en cajetilla en los que iba apuntando con aquella caligrafía decidida -toda en mayúsculas, como si estuviese escribiendo en BASIC- todo aquello que tenía pendiente. Era, al menos para él, un método infalible para organizarse con aquellas singulares listas de tareas.

En mi caso aquella tradición nunca caló. Odio las listas de tareas. De hecho, aunque he intentado mejorar mi productividad y mi organización tras leer clásicos modernos como el famoso GTD (“Getting Things Done“) o alguna que otra perogrullada, nunca he llegado a nada. Lo de las listas de tareas no me va. Ni servicios web, ni la lista de tareas de Google -y mira que Gmail es pestaña fija en mis navegadores-, ni aplicaciones en el móvil, algo que pensé que podría ser la salvación tras ver aquellos vídeos promocionales de Siri en el que uno le iba dictando citas y tareas pendientes a ese asistente virtual que se ha convertido casi en un Clippy ”Made by Apple“. Cierto que hay aplicaciones de lo más molonas para smartphones en este sentido -probablemente la más chula sea Clear,  para iOS- pero estar tirando del móvil también para esto no siempre es lo más cómodo (al menos para mi, soy una tortuga escribiendo en el móvil) o lo más adecuado.

Ni siquiera me he logrado acostumbrar a los métodos de la vieja guardia. Tener encima de la mesa un bloc de notas en el que ir apuntando ideas y tareas pendientes al final tampoco me ha funcionado, y he acabado desistiendo en esto de las listas de tareas en las que curiosamente tengo a mi mujer (¡pipi!) como verdadera gurú de las listas de tareas. Mi particular “Miss Todo List” tiene una voluntad inquebrantable no solo a la hora de apuntar tareas y subtareas pendientes, sino a la hora de llevarlas a cabo sin que la peligrosa procrastinación se interponga en su camino.

Hablaba de ello recientemente una de mis fuentes de inspiración, Jeff Atwood, quien ha sufrido la misma experiencia y que llegaba a la conclusión de que de listas de tareas, nada. Lo que es importante lo deberías poder recordar por ti mismo. Sin embargo y como señalaban otros lectores en los comentarios,  las listas de tareas son muy útiles para esas otras cosas. Las no importantes. El problema, claro está, está en ser lo suficientemente disciplinado como para mantenerlas y, sobre todo, para ir tachando elementos de las malditas todo lists.

Por cierto: no puedo probar el infalible método de mi padre. No fumo, algo de lo que él estaba especialmente contento. Va por él.

Pon un NAS en tu vida

4 de octubre de 2012

Mis experimentos con el pequeño Raspberry Pi como seedbox han estado curiosos, pero el problema con el almacenamiento y las limitaciones del cacharrín me han convencido finalmente de dar el salto a una solución en la que llevaba pensando hace tiempo: la de comprarme un NAS para actuar tanto de servidor de descargas como de backups y, con el tiempo, probablemente de otras muchas cositas.

Estuve mirando algunos modelos y al final me decanté por el que es probablemente uno de los modelos más populares desde su lanzamiento: el Synology DS212j no es lo último de lo último -no tiene puertos USB 3.0, mal), y me estuvo picando el recién lanzado DS213 (o su versión pro, el DS213+), pero al final el precio me convenció, y acabé optando por el citado modelo con un par de discos duros de 2 Tbytes. Nada más llegar a casa me tocó modificar la organización de los volúmenes, que por defecto estában configurados en RAID 1. Dado el uso que le voy a dar a NAS decidí sacrificar la tranquilidad que da la redundancia de datos y he acabado tirando del modo RAID 0 (stripping) en el que simplemente uno suma la capacidad de ambos discos, pero los accesos de lectura y escritura se reparten entre ambos para acelerar esas transacciones.

Lo que está claro es que el Synology es un cacharro al que se le puede sacar mucho partido. En unos minutos ya tenía funcionando el cliente de Transmission tal y como indica el howto del wiki oficial, y lo cierto es que si hay algo que sobresalga en este NAS -y en todos los de la gama, supongo- es el software DiskStation Manager (DSM), base del funcionamiento de estos dispositivos y que ofrece virtualmente todo lo necesario para convertir al DS212j en lo que uno se proponga. La interfaz es muy cómoda e incluso los fans de Linux estamos de enhorabuena porque abrir el puerto 22 para acceder por SSH a la máquina (vía BusyBox) nos permite trastear con el equipo a un nivel aún más potente y hacer de todo. Por ejemplo y como curiosidad, apagar los LEDs de estado, porque por la noche el pequeño NAS podría animar una pequeña discoteca con tanto parpadeo.

Ni siquiera he empezado a utilizarlo y estoy dandome cuenta del (aparentemente) acierto de la compra. Si os da pereza el tema de los backups de vuestros equipos o queréis poner en marcha un servidor de muy bajo consumo (menos de 18W en picos) al que meterle virtualmente de todo echadle un ojo a estas soluciones.

Esto me va a tener entretenido una buena temporada. Súper.

Actualización: Parece que ya no venden mi modelo específico en muchos sitios, pero da igual porque ha sido reemplazado (a un precio incluso menor) por el siguiente equipo de esa familia, el Synology Diskstation DS213J
(enlace afiliado de Amazon, aviso) que entre otras cosas incluye puertos USB 3.0 (el mío no) y más memoria. Buena opción, sin lugar a dudas.

¿El fin del PC?

1 de octubre de 2012

Me dan un poco de miedo esos artículos que publican algunos gurús en los que encontramos esas verdades absolutas y esas predicciones inevitables. Debo reconocer que yo mismo lo hago en ciertas ocasiones, pero no estoy al nivel de esos gurús -al menos, no en popularidad- así que mis grandes axiomas tampoco van a ningún lado. Pero los de esta gente influyen en la forma de pensar de muchísima gente, así que no está de más comentar sus reflexiones de cuando en cuando. Es lo que me ha ocurrido hoy al leer primero el post “The PC is Over” en CodingHorror y acto seguido acudir a leer su inspiración, “My Product Feedback“, de MG Siegler, redactor estrella de TechCrunch.

Este último deja bastante patente su apuesta por el futuro:

I now dread using my computer. I want to use a tablet most of the time. And increasingly, I can. I want to use a smartphone all the rest of the time. And I do.

The value in the desktop web is increasingly an illusion. Given the rate at which these mobile devices are improving, a plunge is rapidly approaching.

Don€™t build an app based on your website. Build the app that acts as if websites never existed in the first place. Build the app for the person who has never used a desktop computer. Because they€™re coming. Soon.

Algo con lo que coincide Jeff Atwood sobre todo cuando habla de su experiencia con el iPhone 5 que acaba de comprarse:

I have an iPhone 5, and I can personally attest that it is crazy faster than the old iPhone 4 I upgraded from. Once you add in 4G, LTE, and 5 GHz WiFi support, it’s so fast that €“ except for the obvious size limitations of a smaller screen €“ I find myself not even caring that much if I get the “mobile” version of websites any more.

Atentos a la última frase, que tiene especial sentido: tanta gente preocupándose por una versión móvil o una versión completa de una web comenzaría a dejar de tener sentido ante esos nuevos smartphones que son verdaderas bestias de procesamiento…  (sobre todo si además hay cobertura 4G/LTE, algo que en España no ocurrirá hasta 2014 como poco). Acabo de tener el iPhone 5 en mis manos hace un rato y en los pocos minutos que lo he tocado dos cosas están claras: será difícil que puedan hacerlo más delgado de lo que ya es, y desde luego parece ir a toda pastilla.

La reflexión de Siegler (“What matters is that in the next five years every person on this planet is going to be using a mobile device“) es cierta, pero también es cierto que cientos de millones de personas seguirán usando un PC en su casa y, sobre todo, en su trabajo, porque hoy por hoy producir en un tablet no es algo tan cómodo. Probablemente esa productividad mejore con futuros productos, pero el papel del PC creo que está lejos de haber tocado a su fin.

Puede que dado el ritmo al que evolucionan smartphones y tablets el PC ya no sea tan relevante como antaño, pero para mucha gente seguirá teniendo sentido trabajar y disfrutar en él durante una buena temporada. Así que de fin del PC nada. Como mucho, fin del PC como centro de nuestra “vida digital”, algo en lo que tanto el smartphone como el tablet parecen haber tomado el relevo (o lo tomáran) de forma definitiva en muchos casos.

El timo de las tarjetas SD en eBay

28 de septiembre de 2012

<Modo atención al cliente on> Ya sabéis que desde hace unos días tengo mi particular seedbox aprovechando las prestaciones del pequeño Raspberry Pi. El proyecto es un pequeño éxito -aunque es cierto que cuando está descargando a todo trapo el pobre RPi sufre lo suyo-, pero tenía la limitación de tener solo 8 Gbytes en mi tarjeta SD para este propósito. La solución era conectar un disco duro externo -no tenía ninguno a mano, y me parece un tema aparatoso- o ampliar ese apartado comprando una nueva tarjeta SD con mayor capacidad. Opté por esa segunda opción.

Así que ni corto ni perezoso hace 10 días estuve ojeando las ofertas en eBay y encontré una de lo más suculenta. Un usuario llamado gigallionaire2012 vendía supuestamente una tarjeta SDHC de ADATA, con 64 Gbytes y clase 10 por 23 ‚¬ más 1,70 ‚¬ de gastos de envío. Un verdadero chollo, que parecía medio razonable porque ADATA no es una de las grandes en este terreno, y para lo que yo la quería, me podía solucionar el tema. Así que a comprar se ha dicho.

Tras realizar el pago primer mosqueo: tres días después, ni noticias del envío, ni del vendedor. Le escribo, y tras intercambiar varios mails me doy cuenta de que vivía en España -no me había dado cuenta, pero lo ponía en el anuncio- y finalmente me comenta que ya está enviado y que me enviará el código de seguimiento al día siguiente. Segundo mosqueo. Si ya lo has enviado, tienes el código de seguimiento a mano, se supone.

Sea como fuere, el paquetito acaba llegándome 2 días después, y claro está, comienza la labor de preparación del nuevo seedbox, que además prometía porque acababan de sacar la nueva imagen de Raspbian con soporte para el modo Turbo que hace overclocking automático cuando el procesador está pidiendo a gritos un empujón. La instalo, y todo parece ir bien: cuando termino activo la opción de redimensionar automáticamente la partición raíz para que aproveche los 64 Gbytes de la tarjeta. Y aquí empieza la odisea.

Ubuntu, Amazon, y la publicidad que nunca pedimos los linuxeros

26 de septiembre de 2012

La semana pasada hizo su debut Unity 6.6, la última edición de este particular shell que desde sus comienzos no ha traído más que división -otra más- a los linuxeros. Canonical no estaba por la labor de hacer uso de GNOME Shell (el shell nativo en GNOME 3), así que se curraron uno por su cuenta. Por aquello de volver a incidir en la libertad de un sistema operativo que sigue pecando de dar demasiadas opciones. Unity ha mejorado mucho en los últimos meses, pero Mark Shuttleworth y sus chicos a veces meten la pata, como cualquier ser humano.

En este caso, el error -muchos lo consideramos así- consistió en introducir en esa versión de Unity unos resultados de búsqueda que ofrecían productos de Amazon. Así, sin más. Sin preguntar al usuario si quiere o no esos resultados, que es precisamente lo que ha enervado a a muchos. Se ha debatido sobre las intenciones reales de Canonical, y Mark Shuttleworth ha tratado de razonar esa característica indicando que en Ubuntu quieren ofrecer una “búsqueda total”. Gilipolleces. Lo que quieren es ganar pasta con su distribución. Al igual que Mozilla gana dinero por las búsquedas de Google integradas en Firefox, Ubuntu quiere ganar dinero con las búsquedas de Amazon integradas en Unity. No hay más.

El problema es uno. O más bien dos. El primero, que no le han preguntado a nadie. Y el segundo, que no han querido admitir sus verdaderas intenciones. Para el primer problema no hay solución. Son lentejas. Ya lo dijo Shuttleworth: “Esto no es una democracia“, así que si querían integrar esas búsquedas, era asunto suyo. Pero el segundo sí tenía una fácil solución. Que el creador de la distribución admitiera la realidad sin tapujos.

Me parece fantástico que quieran tratar de ganar dinero con las comisiones de ventas realizadas vía la llamada Shopping Lens de Unity, integrada en la Home Lens. Pero lo elegante hubiera sido reconocerlo. Y para los que tengáis argumentos a favor de Shuttleworth, atentos al anuncio oficial, en el que se habla de que una de las novedades era la inclusión de una “nueva shopping lens”, sin más. Como quien no quiere la cosa.

Escribo esto desde una Ubuntu 12.04 LTS con GNOME Shell, y puede que sea una de las últimas versiones de Ubuntu que acabe usando, porque el camino que están tomando Shuttleworth y su equipo no me convence. Las decisiones que toman -y están en todo su derecho- no se ajustan a lo que yo esperaría de una distribución que antes ilusionaba y que ahora se ha convertido para muchos en el “Windows del mundo Linux”. Odiada y amada a partes iguales, Ubuntu no está más que ayudando a tomar partido, y eso no me parece una buena política.

Por cierto, el mejor post que he leído sobre el tema no era un post en sí, sino el informe de un fallo en LaunchPad en el que un usuario se quejaba de que el comando ‘grep -R’ no le mostraba automáticamente resultados de Amazon. La ironía se palpa desde esa queja -que no ha sido recibida con humor por parte de los responsables de este servicio- y es la mejor demostración de que a menudo la mejor

Kickstarter y la generación de expectativas

21 de septiembre de 2012

Hace unos meses que descubrí Kickstarter, y ya entonces me pareció uno de esos proyectos reveladores que muestran lo mejor -y, mucho me temo, lo peor- de la dimensión de Internet. Hasta no hace mucho, que los emprendedores lanzaran proyectos hardware y software era muy complicado sin una fuente de inversión importante, y a menudo las entidades bancarias o los inversores de capital riesgo eran un canal inaccesible para esos emprendedores. Kickstarter solventó ese apartado con las inversiones independientes de usuarios que estaban interesados en hacer que esos proyectos llegaran a buen fin.

Y sin embargo, pronto se demostró que el sistema estaba lejos de ser perfecto.

Uno de los ejemplos más claros casi lo he vivido en mis carnes. Cuando vi el proyecto del LandingZone estuve a punto de invertir. El dock para MacBook Air parecía un invento perfecto para mi, pero hasta ahora no ha habido más que malestar por la mala comunicación del emprendedor que tenía en mente el proyecto. Muchos han pedido la devolución de su inversión, y aunque parece que finalmente estos docks para MacBook Air verán la luz, lo harán de forma tardía y con una pérdida de reputación importante que podría ser un obstáculo para su futuro éxito. Un problema que se une a otro igualmente relevante: el diseño original ya no sirve para los nuevos MacBook Air, que han cambiado el formato y la disposición de los puertos, y que por tanto hará que los poseedores de los nuevos MacBook Air de mediados de 2012 no podamos usar este invento.

Precisamente esa generación de expectativas es lo que están tratando de controlar en Kickstarter con un post titulado muy apropiadamente “Kickstarter is not a store” en el que anuncian una serie de medidas que tratarán de evitar esos cada vez más frecuentes casos de generación de vaporware. Así, los emprendedores tendrán que explicar en las descripciones de producto los riesgos y retos a los que se enfrentan, pero además tendrán que seguir unas líneas muy claras a la hora de ofrecer sus ideas. Solo podrán mostrar los productos funcionando tal y como funcionan en su estado actual (nada de simulaciones), y tampoco podrán mostrar renderings artificiales de producto. Como dicen en ese anuncio oficial:

Products should be presented as they are. Over-promising leads to higher expectations for backers. The best rule of thumb: under-promise and over-deliver.

O lo que es lo mismo: mejor presentar un producto de forma pesimista y luego superar las expectativas, que presentarlo de forma demasiado optimista y acabar decepcionando al todo el mundo. Personalmente creo que el tema de los renderings es exagerado: entiendo que quieran evitar la generación de demasiadas expectativas, pero los renders de un producto final permiten saber el aspecto final que tendrá y permiten comprender esa ambición de productos que en fase de prototipo probablemente no podrían convencer a nadie.

Kickstarter se ha vuelto realista. Una lástima para los verdaderos soñadores, pero la decisión más práctica para evitar que el servicio se convierta en un generador de críticas masivas ante la decepción que puede generar la puesta en marcha real de esos sueños.

Convierte tu Raspberry Pi en un pequeño SeedBox para descargas con BitTorrent

18 de septiembre de 2012

(Aviso: post a una columna porque queda mejor así… esta vez ;) ) Como sabéis, hace unos meses me llegó mi Raspberry Pi, un cacharrito que tiene su encanto pero que tras algunas pruebas y trasteos iniciales estaba comenzando a coger polvo en un cajón de mi mesa. No obstante, las posibilidades de este pequeño miniordenador siguen siendo interesantes, y acabo de encontrar una aplicación perfecta para él: convertir al Raspberry Pi en un pequeño servidor de descargas vía BitTorrent, lo que desde hace tiempo se conoce como seedbox.

Los seedbox son de hecho cada vez más populares entre los usuarios, que o bien contratan los servicios de seedbox ya montados (SeedRootS y Dedi Seedbox son dos conocidillos) o bien contratan un VPS o un servidor dedicado en un proveedor convencional para luego aprovechar el caño de esos servidores y descargar (y servir) torrents todo el día a través de clientes como rtorrent. Es como tener descargando todo tipo de contenidos en casa, pero con velocidades que a menudo superan los 10 MB por segundo. Y lo mejor de todo es que esos contenidos quedan almacenados en el servidor -uno puede descargárselos cuando quiera con cualquier cliente FTP- y van haciendo crecer nuestro ratio de descarga sin parar, algo muy importante en trackers privados si lográis o tenéis invitaciones. Todo un invento.

El coste de ambas alternativas no tiene porqué ser especialmente alto -sobre todo si uno comparte gastos con otros “interesados”-, pero lo cierto es que es posible montarse un seedbox de bajo coste en casa. Con limitaciones, claro. La más importante, sin duda, el ancho de banda: con mi actual línea en Jazztel de 20 Mbps tengo máximos de 18 Mbps en bajada y aproximadamente 1,5 Mbps en subida, lo que no es comparable a las velocidades que ofrecen los VPS. Eso significa que aunque las descargas irán relativamente bien, actuar como semilla es mucho más costoso, y ofrecer nuestros contenidos al resto de leechers no será tan eficiente: nuestro ratio crecerá mucho más lentamente.

Y sin embargo, la idea es muy interesante porque con cacharritos como el Raspberry Pi tendremos a nuestro alcance un pequeño seedbox con un consumo energético ridículo y al que podemos acceder de forma sencilla tanto vía SSH como vía panel web (rutorrent/rtorrent al rescate) o a través de la red de área local ya que, recordad, vuestro seedbox con el Raspberry Pi estará conectado a vuestro router. 24 horas al día, 7 días a la semana. En lugar de tener un NAS (mucho más potente y versátil, pero también más caro) o un ordenador para este tipo de temas, el Raspberry Pi se convierte de ese modo en un recurso más que interesante.

¿Cómo lograr ese propósito? Fácil: pinchad en “Leer más” y comprobadlo ;)

Movistar Fusión y el acierto del pack unificado

14 de septiembre de 2012

Hace unas horas que el presidente de Telefónica España, Luis Miguel Gilpérez, ha presentado Movistar Fusión, una oferta unificada de telefonía fija y móvil que podría ser el revulsivo que necesitaba una empresa siempre criticada por mantener precios relativamente más altos que sus competidores en sus ofertas de conexión a Internet o en sus planes de telefonía móvil.

Pero Movistar Fusión tiene verdadero pintón, y parece acertar en su propuesta tras la encuesta a la que hacen referencia en la nota de prensa oficial (PDF):

Un número importante de los clientes encuestados por la compañía €“ aproximadamente 8 de cada 10- consideraban crítico tener todas sus comunicaciones con un único operador, y el 88 por ciento de los usuarios preguntados han señalado el ahorro y la predictibilidad del gasto como las dos características claves de esa oferta conjunta.

Los planes de Movistar Fusión son simples, claritos, y bastante atractivos económicamente, sobre todo para aquellos que quieran disfrutar de las velocidades de vértigo que ofrece la fibra óptica. El plan más llamativo y competitivo en mi opinión es Movistar Fusión con Fibra, que por 59,9 ‚¬ (72,48 ‚¬ IVA incluido)  al mes ofrece 500 minutos de telefonía móvil, 1 Gbyte de tráfico de datos móviles, y SMS ilimitados, además de una línea de fibra 100/10 que es el sueño de cualquier internauta ávido de descargas. El problema, el periodo de permanencia de 12 meses que puede suponer una losa importante, y que Movistar quiere contrarrestar volviendo a subvencionar terminales móviles a clientes de este plan para aliviar ese obstáculo.

Actualmente yo tengo la línea contratada con Jazztel 20 Mbps y pago 40 ‚¬ (IVA incluido), a los que tendría que sumar los 20 ‚¬ que gasto al mes con Simyo y mi plan 3 cts + 650 Mbytes. La idea sería contratar un segundo móvil (¡pipi!) en Movistar Fusión, con lo que el coste total estaría un pelín por debajo de los 100 ‚¬ mensuales, todo incluido. Si tenemos en cuenta que actualmente rondamos los 80 ‚¬ todos los meses sin problemas, la diferencia de servicio es más que interesante. Obviamente hay que sacarle partido a esos 15-20 ‚¬ que pagaríamos de más (descargas y llamadas a móviles sin miedo), pero habrá que estar atentos porque está claro que la competencia no se quedará quieta.

A mi el tema me convence. Y seguro que a muchos otros también.

Sobre el iPhone 5 y la gestión de los secretos

13 de septiembre de 2012

Ha habido mucho que leer sobre el iPhone 5 antes de que apareciese, y ahora que por fin ha sido presentado los artículos sobre este nuevo smartphone y sobre todo lo que rodeó al evento de Apple de ayer están por todas partes. Me he leído unos cuantos de esos artículos -recomiendo la reflexión en español de Error500.net, y la que hacen en inglés en TechCrunch- y eso me ha ayudado a darle una segunda vuelta a un evento que ayer, desde luego, ni me sorprendió a mi, ni sorprendió a nadie. Como decía un usuario en un debate sobre este tema:

People aren’t disappointed with the phone though. They’re mad at the lack of surprises.

Así es. En el debate que hay abierto queda claro que el iPhone 5 es un señor telefonazo. Lo es sobre todo si vives en Estados Unidos, porque la conectividad LTE es algo que en nuestro país no podremos disfrutar hasta dentro de un par de años. Pero solo hay que ver el vídeo del iPhone 5 para darse cuenta de lo que mucho que supone crear un dispositivo como este. La ingeniería implicada es realmente asombrosa, y aunque el vídeo no es más que otra iteración más de anteriores vídeos de anteriores iPhones, vuelve a demostrar algo que también comentaban en el citado artículo de TechCrunch:

They€™re the only ones photographing their assembly process with 29 megapixel cameras to ensure that a machine picks the exact inlet from 725 unique cuts. They€™re the only ones who spend three years working on earphones. They€™re the only ones who would go out of their way to try to re-design a device to look and act similar even though the bulk of it has largely changed.

Porque lograr un 18% de reducción del espesor del iPhone 4S es un logro formidable. Porque conseguir mantener la autonomía de la batería con una pantalla de 4 pulgadas (cierto, eso permite una mayor batería “a lo largo”, pero recordad que el espesor es menor) es notable. Y porque mejorar otros apartados (esperaba más de la cámara, pero supongo que veremos cambios al respecto en la siguiente iteración) es igualmente destacable.

Puede que el iPhone 5 sea tan solo una evolución más del iPhone pero es que aunque a muchos nos gustaría ver un nuevo diseño revolucionario, lo cierto es que ese diseño funciona, y funciona muy bien. Y Apple lo sabe. Y sabe muy bien cómo refinar sus productos, cómo pulirlos. Así que el problema no está en el hecho de que este iPhone 5 sea una evolución del iPhone 4s -si tenéis este último, yo desde luego no daría el salto, pero si si tenéis el iPhone 4- sino en el hecho de que Apple no ha logrado gestionar sus secretos.

De hecho, algo que caracterizaba a las keynotes de Apple era la capacidad de sorprender. Eso era cada vez más difícil, porque las filtraciones de fabricantes, fuentes cercanas a la industria y borrachos que se encontraban prototipos de nuevos iPhones abandonados en un bar lo ponían complicado. Así que nos hemos encontrado con un evento sin sorpresas en el tema del iPhone 5. Ni una. Todo lo que anunciaron era rumor cuasi-confirmado antes del evento, así que el evento probablemente sea recordado como un evento más. Uno de los que normalmente organiza la competencia. Y eso no debería ocurrir en Apple, una empresa con un enfermizo espíritu del secretismo que esta vez se ha visto superada por rumores y filtraciones.

No quería despedir el post sin darle al iPhone 5 lo suyo. Porque aunque sea un telefonazo como una casa, la inclusión de ese nuevo conector llamado Lightning es una jugada muy sucia a su base de usuarios, que había comprado todo tipo de periféricos y accesorios que ya no serán compatibles a no ser que uno se gaste 29 dólares (a.k.a. euros) en el adaptador de Lightning a conector de 30 pines tradicional. Otro impuesto revolucionario más de una empresa que sigue dando una de cal y otra de arena, y que lo tendrá muy pero que muy difícil ante fabricantes que últimamente no lo están haciendo nada mal en el mercado. Y para muestra un botón.