Responsive Web Design, más allá de la moda: un análisis del nuevo Time.com

23 de octubre de 2012

Fondo y forma. Aunque la mayor parte de mi carrera como “periodista técnico” me he dedicado mucho más al fondo (el contenido en sí), desde hace tiempo viene intrigándome tanto o más la forma (el diseño), y si hay una tendencia que me tiene entusiasmado es el diseño adaptable, traducción más bien libre de Responsive Web Design. Esta disciplina, de la que ya he hablado en varias ocasiones, es protagonista en mi blog desde el último rediseño, y día a día no hago más que leer, aprender y documentarme sobre nuevas técnicas y nuevos ejemplos que demuestran la validez de este versátil modelo de desarrollo web.

De hecho, los “responsive themes” para WordPress son ahora mismo legión en tiendas online muy conocidas como ThemeForest, pero esta filosofía va más allá de WordPress y está conquistando a muchos medios tradicionales. The Boston Globe era clara referencia -de hecho, al fantástico rediseño de esa web contribuyó Ethan Marcotte, que acuñó el término Responsive Web Design y que de hecho escribió un libro fantástico sobre él- pero gradualmente están surgiendo ejemplos que demuestran la validez y potencia de este modelo.

Por supuesto, opiniones hay para todos los gustos, y un buen ejemplo lo tenemos en las webs de Weblogs SL -empresa que hace las cosas y muy bien y con la que TPNet compite a nivel profesional, pero siempre desde el buen rollo- cuyo co-fundador, Julio Alonso, comentaba esa inquietud por si el Responsive Web Design podría servir para un ambicioso proyecto de rediseño en webs como Xataka. La respuesta en su caso fue un no, ya que buscan experiencias distintas según el dispositivo. No sería el camino que yo hubiera tomado de redirigir un diseño de nuestras webs -algo que caerá tarde o temprano- y así se lo hice ver en los comentarios, pero sea como fuere, es una opción totalmente respetable.

Pero cada vez más ejemplos me confirman mi seguridad en la apuesta por Responsive Web Design. Los últimos en llegar, el rediseño de ReadWrite (antes ReadWriteWeb), y el de la versión web de la legendaria revista Time. Pasemos a echarles un vistazo.

Intel, ARM y la amenaza de la movilidad

22 de octubre de 2012

Aunque llevo siguiendo el tema desde hace ¿años? por mi trabajo, creo que jamás había comentado nada sobre esto en Incognitosis. Pero esta columna de Jean-Louis Gassée -creador de BeOS, exdirectivo de Apple y de PalmSource- me ha animado a arrancarme y plasmar mi opinión sobre el futuro de Intel ahora que se valora con mucha mayor relevancia la amenaza que la movilidad y, como consecuencia, ARM, plantean al futuro del actual gigante de los semiconductores.

En realidad Gassée mete a un tercer protagonista en su reflexión: Apple. La empresa dirigida ahora por Tim Cook hace tiempo que inició la preparación de una nueva etapa muy suya: la independencia del fabricante de procesadores. La adquisición de P.A. Semi en abril de 2008 fue un paso fundamental para el desarrollo de chips propios que hoy en día están triunfando en sus iPod touch, iPhone e iPad, y demostró la capacidad de estos procesadores para convertirse a medio plazo (por ahora no me arriesgo a usar el “corto” plazo) en una alternativa válida a los actuales Intel que se usan en sus máquinas de sobremesa y portátiles. No es una novedad lo del rumor de un futuro MacBook Air basado en un Apple A7 o A8, por llamarlo de algún modo.

De hecho, esa amenaza es cada vez más real. A Apple no le gusta depender de nadie, y a pesar de que la relación con Intel ha sido muy provechosa -para ambas, cierto- en Cupertino probablemente quieran cortar lazos con este gigante lo antes posible para poder evitar las limitaciones (las que sean) de un partner más. Aunque ese partner sea Intel. Uno de los factores importantes de esa reflexión es, claro está, el dinero. El que ganaría Apple si solo dependiese de sí misma, y sobre todo el que dejaría de ganar Intel, que hoy por hoy tiene un margen de beneficio brutal con sus micros, algo a lo que Gassée hace referencia de forma clara y meridiana:

Intel€™s published prices range from a €œlow€ $117 for a Core i3 processor to $999 for a top-of-the-line Core i7 device. Of course, these are the publicly advertised price tags, so we can assume that Acer, Lenovo, and HP pay less€¦ but compare this to iSuppli€™s estimate for the cost of the A6 processor: $17.50.

Even if more A6 chips could be produced per wafer €” an unproven assumption €” Intel€™s revenue per A6 wafer start would be much lower than with their x86 microprocessors. In Intel€™s perception of reality, this would destroy the business model.

Pero es que Apple, por importante que sea, no es más que una porción del pastel. Y lamentablemente para Intel, la receta de ese pastel está siendo modificada. Mientras que hace 3-4 años teníamos una bonita tarta x86 y una cajita de simpáticos bombocitos ARM, ahora la tarta x86 está a punto de desaparecer del mapa porque en todos los cumpleaños los niños quieren saborear la nueva tarta ARM. La movilidad está conquistando todos los apartados, y aunque hasta ahora los micros ARM no parecen querer aspirar a ir más allá de los smartphones y los tablets, puede que los fabricantes quieran comenzar a pensar en diseños que podrían potenciar perfectamente -y eso es una realidad hoy- equipos de sobremesa y portátiles modestos.

Porque por si no os habéis dado cuenta, SoCs como NVIDIA Tegra 3 o procesadores como los Qualcomm Snapdragon S4 Pro son verdaderas bestias en movilidad que podrían ser son muy válidos para “ultrabooks” de rendimiento medio. ¿A que no sabéis que micro llevan los inminentes Microsoft Surface con Windows RT? Pues el mencionado SoC NVIDIA Tegra 3, que irá como un tiro en estos híbridos de tablet y ultrabook.

Y para mucha gente, eso es suficiente. Cuidado, Intel.

Microsoft Surface: quiero y no puedo

18 de octubre de 2012

Estos días se le está dando mucho bombo al lanzamiento de los dispositivos Microsoft Surface, esos tablets con ambición de convertirse en portátiles y que no acaban de ser ni una cosa ni la otra. La estrategia de los de Redmond -una única plataforma para dominarlos a todos, rollo Señor de los Anillos- es a mi modo de ver súper interesante, pero no acabo de verle demasiado sentido a los Microsoft Surface, sobre todo tras publicarse los precios a los que saldrán a la venta.

Y es que el modelo base de Microsoft Surface con 32 Gbytes y, atención, Windows RT (solo apps Windows 8, olvídate de todo lo que usabas hasta ahora en Win7/XP/2000/¿¿98??) se venderá por 499 dólares. Y en esa oferta no se incluye esa mágica Touch Cover que además de carcasa es teclado con touchpad integrado, un invento estética y funcionalmente muy chulo que es el que aporta valor al tablet y que incrementará en 100 dólares ese precio base.

¿Quién se va a gastar 600 dólares en algo que básicamente es un netbook de última generación? Yo no, desde luego, pero como suele pasar en estos casos, no sigo la corriente. Los primeros Microsoft Surface ya se han agotado antes de estar disponibles en tiendas, y eso dice mucho de una estrategia que copia en buena parte los éxitos de Apple.

Venderte productos que realmente no necesitas. Aunque mole mucho tenerlos.

Porque no necesitas un Microsoft Surface. Aunque mole. Porque aunque me parezca fantástico que uno pueda combinar la magia del teclado, el ratón y la pantalla táctil, hay al menos dos problemas:

  • Brazo de gorila: el famoso efecto “gorilla arm” hará que esa interacción no natural con la pantalla acabe relegando la función táctil al modo tablet.
  • Teclado reducido: las pantallas de 10,6 pulgadas de los Microsoft Surface son geniales, pero no lo suficiente para que el “laptop mode” con el teclado y el touchpad en acción resulten cómodos de usar durante periodos de tiempo prolongados. Y los que me quieran rebatir algo en este punto, que lo intenten. Pero primero, que hagan memoria y me cuenten qué tal se les daba trabajar con un netbook y esos teclados para hobbits.

A esas dos pegas probablemente se sumen más (como lo de Windows RT), pero probablemente la mayor de todas ellas es precisamente la del precio. Tal como estamos, el que se gaste 600 dólares (que supongo que acabarán siendo 600 euros) en uno de estos modelos base es porque tiene mucho dinero que malgastar. O porque le gustan las medias tintas.

Si quieres un tablet, cómprate un Nexus 7 (199 dólares) o un Amazon Fire HD (299 dólares). Y si quieres un portátil como dios manda, píllate un MacBook Air (los 13 pulgadas a partir de 1.20o dólares) o uno de los nuevos ASUS Zenbook Prime UX31A (desde unos 1.100 dólares) que tienen un verdadero pintón. Pagarás menos por usar las prestaciones de un tablet o más por tener un portátil en condiciones, y puede que no moles tanto… Pero probablemente a la larga lo agradecerás.

Por cierto, atentos al detalle de clase de Microsoft, que ha diseñado la web oficial de Microsoft Surface con un diseño adaptable. Responsive Design al poder, que decía aquel ;)

Pon Gigabit Ethernet en tu vida

17 de octubre de 2012

Muchos temas se aglutinan en esa lista de borradores a la que por falta de tiempo no he podido hacer caso, así que me centro y dedico el post de hoy a una especie de continuación del artículo sobre el NAS, que sigue funcionando como un campeón y al que ahora he complementado con una actualización importante de la “infraestructura informática” en casa. He pasado de disfrutar de una red 10/100 en casa a una red Gigabit Ethernet, y la diferencia es brutal.

Sobre todo ahora que con el NAS actuando como servidor de descargas hay contenidos de muchos gigas -no hace falta detallar más-. Teniendo en cuenta que quiero que todo tire ahora del NAS y que esos contenidos puedan reprodudcirse desde mi Media Center con XBMC vía SMB, a veces la red 10/100 podía no soportar muy bien tanto trasiego de datos. Eso, unido al hecho de que voy a hacer backups mucho más frecuentes y quiero disfrutar de una velocidad mucho más decente entre los equipos conectados por red en casa (ahora mismo, cuatro, y el MacBook Air también de cuando en cuando) ha hecho que esto tenga sentido.

Así que hace unos días volví a contribuir a la buena marcha de Amazon -estos se merecen un post propio, simplemente por lo bien que funcionan- y compré un switch GbE y varios cables de red CAT6 (el switch sin los cables adecuados no os sirve de nada, atentos a eso) de distintas longitudes para poder tenerlo todo en orden. A los dos días me llegó el pedido, y en media hora lo tenía todo montado (modo provisional para siempre, a falta de esconder algún cable un poco mejor). Claro está, antes había hecho un par de pruebas muy simples de transferencias de archivos con la antigua red entre dos equipos (verificadas con otra combinación) y las comparé con los nuevos resultados con Gigabit Ethernet. El resultado es bastante clarificador:

Velocidades en MB/s. Gigabit Ethernet (rojo), Ethernet 10/100 (azul)

Las transferencias de archivos parecen volar tras el cambio, e incluso imágenes ISO que paso de un lado a otro, por ejemplo para probar distros Linux, son transferidas en un plis plas. Un dato que no he incluido es el de las pruebas transfiriendo de SSD a SSD, ahora que tengo una unidad SSD en un par de equipos. Eso hace que las velocidades de transferencia suban sin problemas a los 120 Mbytes por segundo, lo que deja claro que ahora mismo tengo este tema resuelto durante una larga temporada. He sido un poco perezoso a la hora de poner esto en marcha, pero si andáis en la misma situación en la que yo estaba no esperéis más y hacedme caso. Poned Gigabit Ethernet en vuestra vida.

Actualización y disclaimer: Para los interesados, incluyo enlaces a Amazon con los productos que compré. Aviso: los enlaces son referidos de Amazon, así que si decidís usarlos y completáis la compra me ayudáis a pagar algún caprichito futuro. El switch es el TP-Link TL-SG1008D (23,70  ‚¬ en Amazon) y los cables son estos de 1,5 m (3,28 ‚¬ c/u en Amazon), y estos de 5 m (6,23 ‚¬ c/u en Amazon)

He venido a hablar de mi libro

11 de octubre de 2012

Hoy asistía con ciertas expectativas a un evento llamado The API Hour, organizado por el Centro de Innovación BBVA y que aglutinaba a responsables de empresas como Tuenti, PayPal, Cool-Tabs o Ticketea, que, como habréis adivinado por el título del evento, iban a hablar de la relevancia de las APIs. La cosa no empezaba mal: dos de los responsables del CI BBVA presentaron el evento con gracia y con una perspectiva general de lo que es una API y la importancia que éstas tienen hoy en día. Que es mucha por cierto, algo de lo que se han dado cuenta muchas grandes de Internet que al liberar su API logran que terceras partes potencien el uso de un servicio que de otro modo estaría limitado a esa empresa creadora del servicio.

Pero lo que pintaba medio interesante se convirtió durante la mayor parte en un “yo vengo a hablar de mi libro”. Salvo por algún apunte interesante, el evento volvió a demostrar que hoy en día la mayoría de los “speakers” se limitan a hacr un publirreportaje de su empresa o proyecto, algo que es perfecto si uno está allí para conocer más sobre esa empresa, pero que no lo es en absoluto cuando el objetivo era ampliar conocimientos sobre un tema general como en este caso las APIs.

Aburre bastante ese uso y abuso de la primera persona del plural, y sobre todo decepciona que personas que teóricamente trabajan en áreas de las que alguien como yo puede sacar ideas curiosas -para eso se organizan los eventos, creo yo- acaben sucumbiendo -de motu propio o por la propia presión corporativa- al yo, mi, me, conmigo.

Historia de una cajetilla de Nobel

9 de octubre de 2012

Mi padre fumaba. En sus buenos (o más bien, malos) tiempos lo hacía como un carretero, y no era raro que cayeran un par de cajetillas de Nobel al día. Logró dejarlo en alguna ocasión, pero al final siempre volvió a aquello. Pero al menos en el caso de mi padre, la cajetilla de Nobel era algo más que una simple cajetilla. Era su ToDo List. Su lista de tareítas. Porque justo dentro de las fundas de plástico que envolvían la cajetilla de cartón estaban aquellos pequeños papelitos que iban danzando de cajetilla en cajetilla en los que iba apuntando con aquella caligrafía decidida -toda en mayúsculas, como si estuviese escribiendo en BASIC- todo aquello que tenía pendiente. Era, al menos para él, un método infalible para organizarse con aquellas singulares listas de tareas.

En mi caso aquella tradición nunca caló. Odio las listas de tareas. De hecho, aunque he intentado mejorar mi productividad y mi organización tras leer clásicos modernos como el famoso GTD (“Getting Things Done“) o alguna que otra perogrullada, nunca he llegado a nada. Lo de las listas de tareas no me va. Ni servicios web, ni la lista de tareas de Google -y mira que Gmail es pestaña fija en mis navegadores-, ni aplicaciones en el móvil, algo que pensé que podría ser la salvación tras ver aquellos vídeos promocionales de Siri en el que uno le iba dictando citas y tareas pendientes a ese asistente virtual que se ha convertido casi en un Clippy ”Made by Apple“. Cierto que hay aplicaciones de lo más molonas para smartphones en este sentido -probablemente la más chula sea Clear,  para iOS- pero estar tirando del móvil también para esto no siempre es lo más cómodo (al menos para mi, soy una tortuga escribiendo en el móvil) o lo más adecuado.

Ni siquiera me he logrado acostumbrar a los métodos de la vieja guardia. Tener encima de la mesa un bloc de notas en el que ir apuntando ideas y tareas pendientes al final tampoco me ha funcionado, y he acabado desistiendo en esto de las listas de tareas en las que curiosamente tengo a mi mujer (¡pipi!) como verdadera gurú de las listas de tareas. Mi particular “Miss Todo List” tiene una voluntad inquebrantable no solo a la hora de apuntar tareas y subtareas pendientes, sino a la hora de llevarlas a cabo sin que la peligrosa procrastinación se interponga en su camino.

Hablaba de ello recientemente una de mis fuentes de inspiración, Jeff Atwood, quien ha sufrido la misma experiencia y que llegaba a la conclusión de que de listas de tareas, nada. Lo que es importante lo deberías poder recordar por ti mismo. Sin embargo y como señalaban otros lectores en los comentarios,  las listas de tareas son muy útiles para esas otras cosas. Las no importantes. El problema, claro está, está en ser lo suficientemente disciplinado como para mantenerlas y, sobre todo, para ir tachando elementos de las malditas todo lists.

Por cierto: no puedo probar el infalible método de mi padre. No fumo, algo de lo que él estaba especialmente contento. Va por él.

Pon un NAS en tu vida

4 de octubre de 2012

Mis experimentos con el pequeño Raspberry Pi como seedbox han estado curiosos, pero el problema con el almacenamiento y las limitaciones del cacharrín me han convencido finalmente de dar el salto a una solución en la que llevaba pensando hace tiempo: la de comprarme un NAS para actuar tanto de servidor de descargas como de backups y, con el tiempo, probablemente de otras muchas cositas.

Estuve mirando algunos modelos y al final me decanté por el que es probablemente uno de los modelos más populares desde su lanzamiento: el Synology DS212j no es lo último de lo último -no tiene puertos USB 3.0, mal), y me estuvo picando el recién lanzado DS213 (o su versión pro, el DS213+), pero al final el precio me convenció, y acabé optando por el citado modelo con un par de discos duros de 2 Tbytes. Nada más llegar a casa me tocó modificar la organización de los volúmenes, que por defecto estában configurados en RAID 1. Dado el uso que le voy a dar a NAS decidí sacrificar la tranquilidad que da la redundancia de datos y he acabado tirando del modo RAID 0 (stripping) en el que simplemente uno suma la capacidad de ambos discos, pero los accesos de lectura y escritura se reparten entre ambos para acelerar esas transacciones.

Lo que está claro es que el Synology es un cacharro al que se le puede sacar mucho partido. En unos minutos ya tenía funcionando el cliente de Transmission tal y como indica el howto del wiki oficial, y lo cierto es que si hay algo que sobresalga en este NAS -y en todos los de la gama, supongo- es el software DiskStation Manager (DSM), base del funcionamiento de estos dispositivos y que ofrece virtualmente todo lo necesario para convertir al DS212j en lo que uno se proponga. La interfaz es muy cómoda e incluso los fans de Linux estamos de enhorabuena porque abrir el puerto 22 para acceder por SSH a la máquina (vía BusyBox) nos permite trastear con el equipo a un nivel aún más potente y hacer de todo. Por ejemplo y como curiosidad, apagar los LEDs de estado, porque por la noche el pequeño NAS podría animar una pequeña discoteca con tanto parpadeo.

Ni siquiera he empezado a utilizarlo y estoy dandome cuenta del (aparentemente) acierto de la compra. Si os da pereza el tema de los backups de vuestros equipos o queréis poner en marcha un servidor de muy bajo consumo (menos de 18W en picos) al que meterle virtualmente de todo echadle un ojo a estas soluciones.

Esto me va a tener entretenido una buena temporada. Súper.

Actualización: Parece que ya no venden mi modelo específico en muchos sitios, pero da igual porque ha sido reemplazado (a un precio incluso menor) por el siguiente equipo de esa familia, el Synology Diskstation DS213J
(enlace afiliado de Amazon, aviso) que entre otras cosas incluye puertos USB 3.0 (el mío no) y más memoria. Buena opción, sin lugar a dudas.

¿El fin del PC?

1 de octubre de 2012

Me dan un poco de miedo esos artículos que publican algunos gurús en los que encontramos esas verdades absolutas y esas predicciones inevitables. Debo reconocer que yo mismo lo hago en ciertas ocasiones, pero no estoy al nivel de esos gurús -al menos, no en popularidad- así que mis grandes axiomas tampoco van a ningún lado. Pero los de esta gente influyen en la forma de pensar de muchísima gente, así que no está de más comentar sus reflexiones de cuando en cuando. Es lo que me ha ocurrido hoy al leer primero el post “The PC is Over” en CodingHorror y acto seguido acudir a leer su inspiración, “My Product Feedback“, de MG Siegler, redactor estrella de TechCrunch.

Este último deja bastante patente su apuesta por el futuro:

I now dread using my computer. I want to use a tablet most of the time. And increasingly, I can. I want to use a smartphone all the rest of the time. And I do.

The value in the desktop web is increasingly an illusion. Given the rate at which these mobile devices are improving, a plunge is rapidly approaching.

Don€™t build an app based on your website. Build the app that acts as if websites never existed in the first place. Build the app for the person who has never used a desktop computer. Because they€™re coming. Soon.

Algo con lo que coincide Jeff Atwood sobre todo cuando habla de su experiencia con el iPhone 5 que acaba de comprarse:

I have an iPhone 5, and I can personally attest that it is crazy faster than the old iPhone 4 I upgraded from. Once you add in 4G, LTE, and 5 GHz WiFi support, it’s so fast that €“ except for the obvious size limitations of a smaller screen €“ I find myself not even caring that much if I get the “mobile” version of websites any more.

Atentos a la última frase, que tiene especial sentido: tanta gente preocupándose por una versión móvil o una versión completa de una web comenzaría a dejar de tener sentido ante esos nuevos smartphones que son verdaderas bestias de procesamiento…  (sobre todo si además hay cobertura 4G/LTE, algo que en España no ocurrirá hasta 2014 como poco). Acabo de tener el iPhone 5 en mis manos hace un rato y en los pocos minutos que lo he tocado dos cosas están claras: será difícil que puedan hacerlo más delgado de lo que ya es, y desde luego parece ir a toda pastilla.

La reflexión de Siegler (“What matters is that in the next five years every person on this planet is going to be using a mobile device“) es cierta, pero también es cierto que cientos de millones de personas seguirán usando un PC en su casa y, sobre todo, en su trabajo, porque hoy por hoy producir en un tablet no es algo tan cómodo. Probablemente esa productividad mejore con futuros productos, pero el papel del PC creo que está lejos de haber tocado a su fin.

Puede que dado el ritmo al que evolucionan smartphones y tablets el PC ya no sea tan relevante como antaño, pero para mucha gente seguirá teniendo sentido trabajar y disfrutar en él durante una buena temporada. Así que de fin del PC nada. Como mucho, fin del PC como centro de nuestra “vida digital”, algo en lo que tanto el smartphone como el tablet parecen haber tomado el relevo (o lo tomáran) de forma definitiva en muchos casos.

El timo de las tarjetas SD en eBay

28 de septiembre de 2012

<Modo atención al cliente on> Ya sabéis que desde hace unos días tengo mi particular seedbox aprovechando las prestaciones del pequeño Raspberry Pi. El proyecto es un pequeño éxito -aunque es cierto que cuando está descargando a todo trapo el pobre RPi sufre lo suyo-, pero tenía la limitación de tener solo 8 Gbytes en mi tarjeta SD para este propósito. La solución era conectar un disco duro externo -no tenía ninguno a mano, y me parece un tema aparatoso- o ampliar ese apartado comprando una nueva tarjeta SD con mayor capacidad. Opté por esa segunda opción.

Así que ni corto ni perezoso hace 10 días estuve ojeando las ofertas en eBay y encontré una de lo más suculenta. Un usuario llamado gigallionaire2012 vendía supuestamente una tarjeta SDHC de ADATA, con 64 Gbytes y clase 10 por 23 ‚¬ más 1,70 ‚¬ de gastos de envío. Un verdadero chollo, que parecía medio razonable porque ADATA no es una de las grandes en este terreno, y para lo que yo la quería, me podía solucionar el tema. Así que a comprar se ha dicho.

Tras realizar el pago primer mosqueo: tres días después, ni noticias del envío, ni del vendedor. Le escribo, y tras intercambiar varios mails me doy cuenta de que vivía en España -no me había dado cuenta, pero lo ponía en el anuncio- y finalmente me comenta que ya está enviado y que me enviará el código de seguimiento al día siguiente. Segundo mosqueo. Si ya lo has enviado, tienes el código de seguimiento a mano, se supone.

Sea como fuere, el paquetito acaba llegándome 2 días después, y claro está, comienza la labor de preparación del nuevo seedbox, que además prometía porque acababan de sacar la nueva imagen de Raspbian con soporte para el modo Turbo que hace overclocking automático cuando el procesador está pidiendo a gritos un empujón. La instalo, y todo parece ir bien: cuando termino activo la opción de redimensionar automáticamente la partición raíz para que aproveche los 64 Gbytes de la tarjeta. Y aquí empieza la odisea.

Ubuntu, Amazon, y la publicidad que nunca pedimos los linuxeros

26 de septiembre de 2012

La semana pasada hizo su debut Unity 6.6, la última edición de este particular shell que desde sus comienzos no ha traído más que división -otra más- a los linuxeros. Canonical no estaba por la labor de hacer uso de GNOME Shell (el shell nativo en GNOME 3), así que se curraron uno por su cuenta. Por aquello de volver a incidir en la libertad de un sistema operativo que sigue pecando de dar demasiadas opciones. Unity ha mejorado mucho en los últimos meses, pero Mark Shuttleworth y sus chicos a veces meten la pata, como cualquier ser humano.

En este caso, el error -muchos lo consideramos así- consistió en introducir en esa versión de Unity unos resultados de búsqueda que ofrecían productos de Amazon. Así, sin más. Sin preguntar al usuario si quiere o no esos resultados, que es precisamente lo que ha enervado a a muchos. Se ha debatido sobre las intenciones reales de Canonical, y Mark Shuttleworth ha tratado de razonar esa característica indicando que en Ubuntu quieren ofrecer una “búsqueda total”. Gilipolleces. Lo que quieren es ganar pasta con su distribución. Al igual que Mozilla gana dinero por las búsquedas de Google integradas en Firefox, Ubuntu quiere ganar dinero con las búsquedas de Amazon integradas en Unity. No hay más.

El problema es uno. O más bien dos. El primero, que no le han preguntado a nadie. Y el segundo, que no han querido admitir sus verdaderas intenciones. Para el primer problema no hay solución. Son lentejas. Ya lo dijo Shuttleworth: “Esto no es una democracia“, así que si querían integrar esas búsquedas, era asunto suyo. Pero el segundo sí tenía una fácil solución. Que el creador de la distribución admitiera la realidad sin tapujos.

Me parece fantástico que quieran tratar de ganar dinero con las comisiones de ventas realizadas vía la llamada Shopping Lens de Unity, integrada en la Home Lens. Pero lo elegante hubiera sido reconocerlo. Y para los que tengáis argumentos a favor de Shuttleworth, atentos al anuncio oficial, en el que se habla de que una de las novedades era la inclusión de una “nueva shopping lens”, sin más. Como quien no quiere la cosa.

Escribo esto desde una Ubuntu 12.04 LTS con GNOME Shell, y puede que sea una de las últimas versiones de Ubuntu que acabe usando, porque el camino que están tomando Shuttleworth y su equipo no me convence. Las decisiones que toman -y están en todo su derecho- no se ajustan a lo que yo esperaría de una distribución que antes ilusionaba y que ahora se ha convertido para muchos en el “Windows del mundo Linux”. Odiada y amada a partes iguales, Ubuntu no está más que ayudando a tomar partido, y eso no me parece una buena política.

Por cierto, el mejor post que he leído sobre el tema no era un post en sí, sino el informe de un fallo en LaunchPad en el que un usuario se quejaba de que el comando ‘grep -R’ no le mostraba automáticamente resultados de Amazon. La ironía se palpa desde esa queja -que no ha sido recibida con humor por parte de los responsables de este servicio- y es la mejor demostración de que a menudo la mejor