A por Xataka

10 de mayo de 2013

xataka-logo

Estoy que lo tiro. Hoy he debutado oficialmente como editor en Xataka, donde había hecho algún que otro pinito en las últimas semanas y donde a partir de ahora escribiré de forma regular (casi) todos los días. Compatibilizaré esa tarea con las que ya llevaba a cabo en Xataka Android y Xataka Móvil, así que estaré más que entretenido con el trío xatakero y en una empresa en la que todo está yendo como una seda.

No han pasado ni dos meses desde mi incorporación a Weblogs SL y cada día que pasa estoy más contento con esa decisión y con mejores sensaciones. Y por ahora los dedos me responden a pesar de mi ya respetable edad -aunque no lo parezca- porque una de las cosas que han respondido a mis expectativas es que estoy escribiendo como si no hubiera mañana. Y que siga así.

Así que, queridos lectores, vais a poder aguantarme en otro medio más. Hace años que tengo a Xataka en un verdadero pedestal de las publicaciones tecnológicas, y creo que no existe nada que se le acerque en cuanto a calidad, cantidad y rigor de los contenidos sobre tecnología en nuestro idioma. Formar parte de este referente del periodismo tecnológico es un verdadero lujo, así que ahora solo queda llevar Xataka al infinito y más allá con Javier Penalva (@solenoide), Pablo Espeso (@whiskito), Kote Puerto (@kotecinho) y JuanC arlos González (@jcgonzalezgo), además de algunos otros ilustres como Antonio Ortiz (@antonello) y Jaime Novoa (@jaimenovoa). Menudo equipito de galácticos. Que no me pase ná.

Impresoras 3D: La tecnología no es buena ni mala, es una herramienta

8 de mayo de 2013

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Tenía medio pensado escribir sobre el pequeño debate de las armas fabricadas con impresoras 3D hasta que hace un ratito me he leído el análisis de GigaOm, que como siempre suele ser acertado de principio a fin, y que me ha decidido a ponerme a aporrear el teclado. La primera frase del resumen deja clara mi opinión al respecto, que es la misma que he indicado en el título.

La tecnología, por sí misma, no es ni buena ni mala. Solo es una herramienta.

Es lo que demuestra el citado artículo destacando dos casos extremos. En primer lugar, el inevitable caso de la primera arma fabricada con una impresora 3D, Liberator. En segundo, el del usuario que utilizó este mismo sistema para modelar una prótesis de una mano que le ayudaría a trabajar después de haber perdido cuatro dedos en un accidente.

Este último invento, llamado Robohand, es el que no sale (de momento) en las noticias. No tiene tanto tirón como el debate sobre las armas que siempre distrae la atención sobre la cuestión principal, que es precisamente cómo nos puede ayudar esta tecnología, que algunos califican como la gran revolución tras Internet.

Y desde luego, puede que lo sean, porque como han demostrado estos dos pequeños ejemplos, las impresoras 3D parecen tener posibilidades casi limitadas. Que sean buenas o malas acabará siendo tan solo una decisión de quien quiera aprovecharlas, pero a bote pronto a mi solo se me ocurren todo tipo de chorradas útiles (e inútiles) que imprimiría con una de estas, que probablemente sean el sueño de cualquier aspirante a sucesor de Edison.

Gmail, imposiciones y usabilidad

7 de mayo de 2013

gmail

Avisé ayer noche en Twitter: tocaba comentario obligatorio sobre Gmail y sus últimos cambios en la interfaz de usuario y la usabilidad. Todo viene tras un fantástico post de un usuario que en su blog escribió un post titulado -quizás algo exageradamente- “Why Gmail 2013 Sucks“. En el post esgrime cinco argumentos con los que justifica ese paso hacia atrás que Gmail lleva tiempo dando con algunas decisiones que no hacen más que -según él- perjudicar a los usuarios.

El tema ha generado un animado debate tanto en los comentarios de su blog como, sobre todo, en Hacker News, donde han hecho la discusión suya. Los que defienden las decisiones del equipo de Gmail indican que la nueva interfaz simplemente favorece las tareas y opciones más comunes, ocultando las que menos aportan salvo en ocasiones particulares. Y los que como este usuario ponen el grito en el cielo tienen un punto en común: muchas decisiones no tienen sentido porque básicamente rompen con la clásica forma de trabajar que teníamos en Gmail.

¿Os recuerda esto a algo? A mi, desde luego, sí. Por poner un ejemplo -y de esto toca hablar en otro post-, Windows 8, un sistema operativo que llevo usando a diario desde hace meses, pero que utilizo en modo Windows 7. Para mi las baldosas no existen, porque para mi las baldosas no tienen sentido, pero afortunadamente al usuario se le da la opción de funcionar con uno u otro modo de trabajo. O quizás no debería decir afortunadamente, porque si Microsoft hubiera impuesto las baldosas a todo el mundo, os aseguro que no habría vendido ni un 1% de los 100 millones de copias de Windows 8 de los que acaban de presumir.

¿Por qué los usuarios siguen usando Gmail, a pesar de las imposiciones de Google? Bueno, aquí la cosa es distinta. En primer lugar, Gmail es gratis. En segundo, los cambios han llegado de forma gradual y Google ha logrado -de momento- irnos convenciendo de que lo que nos proponía era lo mejor. Acertaron en muchos aspectos, pero de un tiempo a esta parte la cosa se torció. El tema comenzó a molestarme con sus distintas “densidades de pantalla” forzadas, que llegaron en 2011, pero es que este último cambio de la ventana de redacción de correos me ha parecido un verdadero desastre. Está curioso poder ver la bandeja de mensajes cuando estás escribiendo uno, pero eso ya podía hacerlo abriendo Gmail en otra ventana del navegador y dejándolas una al lado de la otra. Y aún así, no lo hacía casi nunca, porque casi nunca lo necesité. Cosas como modificar el asunto, añadir nuevas direcciones, ver las direcciones de correo (no los nombres de los contactos) o insertar enlaces y aplicar estilos a la redacción se han convertido en algo más incómodo. Algo a lo que cuesta más llegar.

En resumen: Google ha creado un problema en lugar de solucionar otro.

Ese, que yo sepa, es lo que intenta hacer la usabilidad. Resolver problemas, no crearlos, y hacerlo todo más cómodo, no más difícil e inaccesible. Para más INRI, no hay forma de volver atrás: Google te deja mantener por ahora la vieja ventana de redacción de mensajes, pero no lo hará por mucho más tiempo, y eso podría significar la migración gradual de más usuarios a otros servicios como Outlook.com, que apenas he utilizado pero que podría comenzar a valorar seriamente porque la gente de Microsoft ha vuelto a los orígenes: simplicidad y usabilidad, algo que en Gmail parecen haber olvidado.

Por supuesto, no hay por qué usar el cliente web de Gmail. Cualquier cliente de correo medio moderno puede servir como interfaz para el servicio, y de hecho también tenía reservado un post al respecto para hablar de Mailbird (que mola mucho), pero a este cliente se le suman otros como Thunderbird para Windows y OS X, o bien Mail.app, el ya defenestrado Sparrow (con lo que molaba), o AirMail para OS X. Puede que en Google simplemente prefieran eso, y puede que lo logren, porque ese tipo de restrictivas imposiciones acaban con el encanto de una aplicación web que hasta no hace mucho era la joya de Google. Qué penita, señores. Lo dije entonces y lo mantengo ahora. El problema es el mismo de siempre.

Que nos quitan opciones, en lugar de ofrecerlas

Haswell, Iris y el complicado futuro de las GPUs dedicadas

6 de mayo de 2013

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Estoy esperando el lanzamiento de Haswell como agua de mayo, porque mi equipo de sobremesa, un armatoste que monté hace más de 3 años y que ha aguantado carros y carretas, necesita adaptarse a los tiempos. Esta última versión de mi equipo de sobremesa ha sido en realidad un refrito de otras ediciones pasadas en las que buscaba tanto rendimiento como la reducción al mínimo del ruido generado.

Así comenzaron mis pinitos en el mundo del overclocking (y underclocking), y la adquisición de sistemas de refrigeración algo más exigentes. El tiempo ha ido pasando y como era de esperar también las prioridades. Apenas juego ya en el PC, y lo de la edición de vídeo es algo para lo que ya casi no tengo tiempo, así que el rendimiento deja de ser tan importante y ahora sobre todo valoro contar con un equipo silencioso y que consuma lo que debe consumir.

Y ahí es donde entrará Haswell, una nueva generación de procesadores que por lo que dicen en Intel -AnandTech tiene un buen resumen- será un punto de inflexión en el mundo de las gráficas integradas. Las nuevas GPUs integradas se dividen en dos familias, las Intel HD (niveles gráficos GT1, GT2  y GT3 con un TDP de 15W) y, atención, redoble de tambores, las Iris (GT3 a 28W y GT3e) que llegan a doblar el rendimieno en 3DMark (en portátiles, porque en sobremesas lo triplican) a las anteriores soluciones integradas de la familia HD 4000 de Ivy Bridge, que ya de por sí eran decentillas.

Eso deja clara una cosa: mucha gente dejará de necesitar una gráfica dedicada. NVIDIA y AMD lo tendrán complicado para atraer al público a no ser que se trate de gamers exigentes, porque incluso para el gamer ocasional, Iris resultará probablemente más que suficiente. Contar con un procesador de la familia Haswell contribuirá de forma crítica de nuevo (y más que nunca, parece) a obtener más rendimiento que nunca con mejor eficiencia energética, y eso también hará que los equipos de sobremesa tradicionales, con esas grandes cajas ATX, cada vez tengan menos sentido, al menos para mi.

¿Cómo veo el futuro? Pues plagadito de Ultrabooks y convertibles con este tipo de micros, que desplazarán gradualmente e los grandes PCs de sobremesa de hace unos años. Y los PCs de sobremesa probablemente se reduzcan a una expresión mucho más adecuada a los tiempos, con cajas de pequeño formato para toda esa gente que no necesita una gráfica dedicada como yo. Aquí conceptos como el Intel NUC podrían comenzar a tener verdadero sentido si llegan a un mejor equilibrio entre precio y prestaciones. De momento lo que tengo claro es que a mi caja ATX y a mi gráfica dedicada le quedan un par de telediarios. Y añadiría que a las vuestras -si como yo vais sobrados con Haswell- probablemente pocos más.

Los riesgos de comprar un móvil chino

3 de mayo de 2013

brokenglass

Hace unas semanas hablaba de mi experiencia con un móvil chino, el Newman N2, que había pedido por Internet para mi mujer en Android Sale para que me lo trajeran desde china. Todo iba a las mil maravillas. La pantalla, la cámara de fotos, y el resto del hardware iban como un tiro, y además comenzaban a aparecer ROMs cada vez más interesantes que sacaban partido de este modelo y de su clon, el Freelander i20.

Pero comprar móviles chinos tiene sus riesgos, riesgos que asumí y que ahora he tenido que tragarme. Hace unos días se cayó el móvil y actuó la ley de Murphy. Esta vez en vez de la rebanada de mantequilla la cosa se hizo igualmente realidad para el móvil y la pantalla de cristal fue la gran perjudicada.

Así que pantalla totalmente rota y móvil con serios problemas, porque además de eso alguna pequeña caída anterior –la carcasa estaba en camino cuando sucedieron todos estos percances– había hecho (creo yo) que la batería no cargase del todo bien. Entre unas cosas y otras, con la pantalla fracturada (aunque el móvil sigue pudiendo usarse) y con la batería agotándose cada tres por cuatro y sin poder cargar, no había mucho que hacer. Lo barato sale caro, bla, bla, bla.

La solución ha sido la lógica: olvidarse del N2, dejarlo como teléfono de emergencia, y pedir un Nexus 4 que acaba de llegar hoy mismo y que, como yo esperaba, tiene muy buena pinta. La aventura del móvil chino no ha acabado del todo porque no quiero dejarlo en un cajón cogiendo polvo. Veremos qué se me ocurre, pero de momento ya he pedido protector de pantalla (para que al menos la sensación táctil no sea la de que en cualquier momento vas a cortarte) y una batería con cargador de pared. Si todo va bien y además sale alguna ROM MIUI decente, puede que el móvil pueda al menos aprovecharse por algún familiar. Lástima de pantalla, desde luego, porque lo de encontrar recambios para este tipo de dispositivos debe ser bastante complicado -lo estoy intentando, pero por el momento no hay suerte-.

Así que toca ajo y agua, no hay otra. Afortunadamente estos pequeños experimentos solo provocan un pequeño dolor en el bolsillo (tipo avería de coche), pero ójala todos los problemas fueron esos. No descarto volver al mercado chino a corto plazo, pero desde luego esto ha demostrado que comprar allí tiene ese claro problema.

Medium y Ghost: volviendo a la simplicidad

30 de abril de 2013

WordPress

Soy muy fan de WordPress. Muy fan. Y sin embargo, eso no impide que siempre que pueda intente probar otras alternativas que permitan realizar una gestión de contenidos eficiente. De hecho, durante mucho tiempo he considerado la opción de dar el salto a alguna plataforma de blogs estáticos -PieCrust es una de las últimas en las que me he fijado- pero está claro que éstas últimas no están orientadas al común de los mortales. WordPress sigue siendo una opción que da muchas garantías por su enorme base de conocimiento, comunidad de usuarios y gigantesca red de recursos, pero también se está convirtiendo en un verdadero mastodonte que muchos usuarios no necesitan por dar, literalmente, demasiadas opciones.

Así que hay varios (muchos) movimientos entorno a ese sector del blogging puro y de volver a las raíces de la simplicidad. Posterous, que muere justo hoy, era una de ellas, mientras que Tumblr parece seguir captando el interés de muchos usuarios cansados de esas casi ilimitadas opciones de WordPress. Pero además de esas dos eminentes alternativas están un par de nuevas plataformas que parecen tener un futuro interesante.

Por un lado tenemos a Medium, de la que ya hablé hace meses. El nuevo proyecto de Ev Williams (co-creador de Blogger y luego de Twitter, ahí es nada) destaca por una atención total a la elegancia, la simplicidad y los contenidos de calidad. Medium no te ofrece un blog propio, sino que acabas formando parte de una comunidad de blogueros que tiene cierto halo de élite del mundo blogger. Al menos, quienes forman parte de ella parecen sentirse así, porque es precisamente el efecto colateral de esas betas privadas.

Lo cierto es que la calidad de Medium por dentro y por fuera es evidente. Si estáis algún día aburridos, pasaos por alguna de las “colecciones” para recorrer algunos posts y comprobadlo. La gente que escribe allí lo hace con bastantes tablas, y aunque yo he tenido acceso reciente, solo he publicado un post por 1) falta de tiempo y 2) porque me impone la posibilidad de no estar a la altura. Es una sensación extraña la de escribir en Medium, o al menos a mi me pasa. La gente escribe tan bien, que eso te exige más de lo que te exige un blog propio.

Medium

El editor WSYIWYG de Medium, a escena. Precioso.

Ese factor es cuestión de cada cual, desde luego, y totalmente aparte está la experiencia de utilizar una plataforma tan bien pensada como ésta. El editor, para que os hagáis una idea, es un verdadero editor WYSIWYG. Ni Markdown, ni Tiny Editor, ni chorradas semejantes. Es como escribir sobre maqueta directamente. Tal  y como lo ves mientras lo vas redactando es como saldrá publicado, y eso es especialmente notorio. No hay plugins de por medio, no hay edición de la apariencia, y por no haber, atención, no hay ni comentarios. Eso podría representar un punto discutible en la plataforma, pero ni siquiera eso me molesta en esta plataforma con tanta atención al redactor y, curiosamente, no tanta al lector. Como apunta Iván, sí que hay comentarios, o algo similar, pero incluso más interesante: si el lector selecciona cualquier parte del párrafo puede poner un comentario sobre esa selección en particular, y el resto de lectores pueden responder. Muy chulo. Lo dicho, si tenéis la oportunidad, probadla.

La segunda alternativa de la que quería hablar es Ghost, que he conocido hoy a través de un tuit de @antonello con el que me he ido directo  a informarme sobre esta curiosa plataforma de blogs que quiere diferenciarse de WordPress y, al menos inicialmente, servir solo para bloguear. El vídeo del desarrollador que lidera el proyecto deja clara las virtudes de un proyecto con muchas de las virtudes del WordPress original, tales como la simplicidad o el hecho de ser Open Source. Especialmente curioso es el editor Markdown -un lenguaje que tarde o temprano se apropiará del mundo blog a la hora de editar contenidos- y el escritorio o panel de control con opciones y datos visualmente muy bien presentados y que de nuevo abogan por la simplicidad.

Ghost

Y aquí el editor de Ghost, con Markdown a la izquierda, y el texto maquetado a la derecha. Muy chulo.

Aunque Ghost aún no está disponible la campaña de crowdfunding en KickStarter está resultando un éxito, así que lo tendremos con nosotros en pocos meses. Será entonces cuando veremos si esta plataforma basada en Node.js y en SQLite (esto último no me convence nada, pero hay que tener en cuenta que se quiere limitar a blogs puros, menos exigentes en temas de bases de datos) ofrece ventajas muy demandadas y que un gigante como WordPress ya no puede solucionar porque está en otra batalla. Contad con que lo probaré en cuanto pueda (agosto para los early backers, parece que noviembre de 2013 para el público general), y a buen seguro publicaré en Incognitosis mis impresiones. Que para entonces Incognitosis esté en PieCrust, Jekyll, Ghost o incluso Medium, es algo que que no puedo adelantaros.

De lo que me estoy dando cuenta (y ya iba siendo hora) es de que WordPress tiene muchas más opciones de las que un bloguero necesita. Y ese concepto de simplicidad sobre el que se apoyan estos proyectos cada vez me atrae más, sobre todo si lo único que pretende alguien como yo es plantarse delante de la pantalla y escribir alguna cosita de este estilo.

El iPhone 5 desde el punto de vista de un usuario tradicional de Android

25 de abril de 2013

iPhone 5

(Y a una columna, el post se prestaba) Atención todos: tengo un iPhone 5. Yep. Hace unos días hablaba de ese tercer aniversario de mi HTC Desire y de cómo de momento la idea era conservarlo al menos durante unos meses más. Estaba planteándome intentar conseguir un Xiaomi Mi2S o quizás esperar al Nexus 5 (o como se llame) para adecuarme un poco a los tiempos, y sin comerlo ni beberlo, por cuestiones de trabajo, me encontré con una sorpresa.

Como sabéis los medios tecnológicos tienen cierto tipo de privilegios, y entre ellos está el de tener acceso a algunos cacharros antes que la mayoría de los mortales, o de disfrutar de ellos durante largas temporadas con periodos de cesión que interesan tanto al medio como a la empresa. Este último ha sido mi caso. Apple tiene reservadas ciertas unidades de cesión de sus productos a la prensa, y mi trabajo en Xataka Móvil ha hecho que encaje para que me ofreciesen un iPhone 5.

Eso, claro está, levanta suspicacias. Como que estoy comprado. O que no voy a volver a poner a caldo a Apple nunca más. O que mira tú este avispillas qué hipocritilla que es este JaviPas. Afortunadamente a mi avanzada edad (aunque en realidad sea un yogurín) estoy curado de espantos, y esos comentarios, que a priori entiendo que se hagan, me resbalan. Porque por mucho que vaya a utilizar el iPhone 5 para probar todo tipo de temas relacionados con mi trabajo, seguiré dandole cera a Apple cuando se lo merezca. Y también elogiaré sus aciertos cuando los tengan. Ellos lo saben -quien me ha ofrecido el terminal me conoce bien, y sabe de qué palo voy- y yo estoy absolutamente tranquilo con ello.

Además, venderse por 869 euros (sí, tengo el modelo con 64 GB) es venderse muy barato.

Teniendo en cuenta todo lo dicho, y después de 3 días con el iPhone 5 en mis manos, ya tengo bastantes cosas que comentar. Sobre todo teniendo en cuenta que no soy usuario del iPhone desde el 3G y le había perdido la pista a iOS salvo ocasionales toqueteos de algún iPhone o iPad de las últimas generaciones. Así que aquí van esas primeras impresiones tras volver a ese mundo en el que tienes que pensar diferente, pero en el que ese pensamiento diferente tiene que ser uno. El de Apple. Esas impresiones, tras el “Leer más”.

El correo electrónico no es para todo. Ni para todos.

24 de abril de 2013

Email

El pasado noviembre tuve la ocasión de asistir a LinuxCon, y allí disfruté de una conferencia de la que luego hablaría en MuyLinux. Fue una charla realmente curiosa, pero aparte del tema técnico hubo un interesante apunte sobre la forma de trabajar del equipo de desarrolladores de Enlightenment, que hacían uso de IRC para comunicarse entre ellos. Tal y como apuntaba Mike Blumenkratz:

· Humor does not translate very well over text
· Easy to misunderstood someone

Esas verdades como puños se extienden a cualquier forma de comunicación escrita, pero tienen aún más relevancia en algo tan importante como los correos electrónicos. Porque por muchas ventajas que tenga este medio de comunicación, una de sus grandes desventajas es su limitación a la hora de comunicar nuestro estado de ánimo o el tono que queremos imprimir a estos mensajes.

Los emoticonos ayudan, pero usarlos en exceso parece infantilizar esa comunicación y en temas profesionales parece estar mal visto su uso. En mi opinión, es mejor utilizar emoticonos y pecar de infantil que dar a entender que estamos mosqueados, y de hecho muchos intercambios de email en el pasado con todo tipo de compañeros de trabajo siempre ha dado lugar a malas interpretaciones. Cualquiera con un poquito de sensibilidad probablemente se  haya encontrado con esas situaciones. Qué borde es este tío por mail. Vaya forma de pedir las cosas. Se va a enterar cuando le conteste. Etc.

Y claro, esas pequeñas películas que nos montamos en nuestra mente (y que van aumentando en violencia para llegar a verdaderas producciones gore) se quedan en agua de borrajas (afortunadamente) tras una llamada a esa persona. Y seguro que os habrá pasado a todos vosotros, porque sobre todo en temas profesionales -con amigos y familiares los textos suelen ser mucho más informales-, me he encontrado con unas cuantas sorpresas al respecto. Sopresas bipolares, podríamos llamarlas.

Gente que a la que le hubiera metido un crochet o dos por mail luego era súper maja en persona o por teléfono. Y gente que parecía súper maja por mail parecían transformarse en sombrías versiones de sí mismas al conocerlas en persona. Porque de todo hay en este mundo, y porque, sobre todo, no hay tanta gente capaz de expresar bien por correo electrónico una sugerencia, un comentario, una crítica o una simple orden (si proviene de un jefe) con un medio tan sensible y que da pie a tantas interpretaciones como el correo electrónico.

Así que señores, paciencia y siempre, siempre, siempre, responder en frío ante una situación delicada. Como le decía a alguien esta mañana, “hasta que no inventen algo mejor que los smileys, el tono [de los emails] engaña“. No olvidéis que al otro lado también suele haber un teléfono con el que aclarar las cosas, y que de hecho suele ser la mejor forma de resolver muchas situaciones. Lo dicho. El correo electrónico no es para todo. Ni para todos.

40 castañas

21 de abril de 2013

40

Recuerdo perfectamente una mañana en el cole, a los 14 años. De repente me dio por pensar dónde estaría 10 años después, y empecé a montarme mi particular película. Que por supuesto y como pude comprobar en mis carnes a los 24, no tendría nada que ver con la realidad. Y sin embargo desde aquel momento, a cada poco me montaba frecuentes películas particulares sobre dónde andaría a esos 20, 30, o 40 años. Las películas han ido siendo menos fantasiosas, pero en todas ellas ha permanecido una idea. La de que a estas alturas tendría un montón de cosas claras. Un montón de certezas.

Hoy cumplo 40 años. Llego al que para muchos es el cénit de la vida. A partir de aquí, la típica broma. Prepárate para la cuesta abajo, chaval. Se acabó lo bueno. Y teóricamente, esos 40 años deberían ser también una edad en la que uno tendría ya todo muy asentadito. Pero de eso nada. Certezas, pocas.

He crecido en una familia genial (como todas, con sus cositas), he creado un par de empresas (de una de ellas salí hace poco), me he casado con mi impresionante mujer (que además, es mi mejor amiga), he tenido dos hijos increíbles, y he tenido la oportunidad de conocer un buen número de personas y lugares. No demasiados. Un buen número.

Pero esa ‘buena’ cantidad de experiencias no han ayudado mucho en cuanto a mis expectativas sobre mis certezas sobre la vida. Sobre tenerlo todo mucho más asentado.

Así, ya no espero tanto de la gente, pero aún espero un montón de cosas de la vida.

Creo que he disfrutado bastante, pero espero disfrutar muchísimo más en el futuro.

Y creo que no he tenido el éxito que me hubiera gustado profesionalmente, pero sigo creyendo que lo mejor está por llegar y que acabaré haciendo grandes cosas de las que me sentiré aún más orgulloso.

Puede que tenga demasiadas expectativas a esta edad. Y aún así, me sigo diciendo a mi mismo que no me siento como creo que dicen que se siente la gente de 40 años. Bueno, puede que sí físicamente. Pero en mi mente aún hay un montón de cosas por llegar. Por disfrutar. Por hacer.

Y supongo que pensar eso es el mejor regalo personal que podría hacerme a mi mismo.