Posts from ‘Tecnología’

Facebook y The Hacker Way

Estaba cantado, pero no por ello el tema es menos importante. Ni Google tenía tal valor cuando se anunció su inminente salida a bolsa, lo que hace que las expectativas para Facebook sean realmente brutales. No soy fan de esta red social cuyo futuro no tengo claro, ni de su diseño, ni de su filosofía, pero desde luego admito que para millones de personas Facebook tiene sentido -igual que ocurre con los tablets, lo que deja claro que no soy infalible, caray-.

Lo interesante de ese anuncio de Facebook es, como comentan aquí, cómo Zuckerberg ha explicado esa decisión final de salir a bolsa. Una decisión que según él está motivada porque “no desarrollamos servicios para ganar dinero; ganamos dinero para desarrollar mejores servicios”. Ahí es donde entra en juego su parrafada sobre “The hacker way”, una especie de filosofía en la que a los ingenieros se les anima a desafiarse a sí mismos, a crear, a mejorar, a superarse. Los hackathons -que estuvieron muy bien reflejados en la peli “La red social”- y los durísimos procesos de selección -comparables a los de Google- demuestran que en Facebook tienen claro que los partidos no se ganan con jugadores de clase B, y que los hackers -a pesar de las connotaciones negativas que los medios quieren dar a ese término- son el alma de Facebook.

Y todo eso no lo dice cualquiera. Zuckerberg es un hacker, probablemente comparable al Gates de los primeros tiempos de Microsoft, o al Stallman que antes de volverse como es ahora se encargó de programarse casi él solito un emacs o un gcc. Solo queda por ver si Zuckerberg sigue los pasos de cualquiera de sus dos antecesores -a los que ya no les queda casi nada de hackers- o tras esa oferta pública se acomoda y se convierte en lo que hace unos años probablemente sería impensable para él. En un gestor demasiado ocupado para picar unas cuantas líneas de código. Como haría cualquier buen hacker, claro.

Los ingenieros emprenden más que los MBAs

El tema de los emprendedores me toca medio de cerca porque trabajo por cuenta propia en dos empresas, pero a pesar de ello me siento bastante alejado de la realidad de los emprendedores de los que suelen hablar los medios, y que sobre todo son legión en Estados Unidos, donde emprender parece casi un deporte nacional, y donde la productividad es la reina.

En este país el deporte nacional probablemente sea el choriceo y lo que mola es echar horas mirando Facebook en el trabajo, pero probablemente la culpa no sea del todo nuestra, sino de nuestros educadores, sobre todo en las últimas etapas en esas facultades españolas en las que en lugar de salir motivado y con ganas de comerse el mundo uno sale con el único objetivo de cubrir la cuota, que a las 6 se nos caiga el boli y a vivir que son dos días. Y si puedo cobrar el paro un par de años y luego la famosa prestación durante un tiempo x sin dejar de rascarme los huevos, pues mejor que mejor. Hay de todo, desde luego, pero me temo que mi pequeño papel de emprendedor (no hace falta serlo, basta mirar al prójimo en el curro) me ha hecho confirmar que como dice Andrés en un post magistral, en este país no hacen falta reformas laborales, ni nuevos tipos de contratos, ni modificar las condiciones de despido. Lo que hace falta son ganas de trabajar.

Al hilo de este tema me sorprende ver un estudio de Identifed (disponible completo en PDF) en el que indican que entre los CEOS registrados en su base de datos profesional 3.337 eran ingenieros, mientras que solo 1.016 tenían un MBA. El dato es singular, sobre todo porque parece que lo de emprender es algo natural entre los que han estudiado un Máster -curioso, justo hace un año hablaba de ello- cuando en realidad los que más emprenden son los ingenieros, quizá queriendo seguir la estela de Zuckerberg y de gente que es la referencia en este campo. Lo que deja claro que en otras univerdidades y en otros entornos académicos al alumno que va para ingeniero o licenciado -y que ni siquiera ha pensado si hacer un MBA o no- se le anima a emprender, y no a ser un triste borrego más como en España.

Y así nos va, claro.

Breaking Bad decepciona

Tirón de orejas para todos los que me recomendásteis una y mil veces no perderme Breaking Bad, una serie que por lo visto es una de las últimas “de culto” para muchos fans de esto de las series de televisión, y que a mi me ha dejado frío. Pero frío, frío. Para empezar, el ritmo es leeento. Pasan pocas cosas, y tardan en pasar, con lo cual el episodio de 50 minutos se hace más bien largo. En segundo lugar, el prota, Bryan Cranston -aún no he decidido si me cae bien o no, y sé que es uno de los famosetes actuales- me pone un poco nervioso. No por él, sino por su papel, que me recuerda a la insufrible Bridget Jones con sus torpezas, su carácter flojete -aunque se atisban mejoras- y su imagen de antihéroe.

El resto del elenco no lo hace mal. Aaron Paul, el compi de aventuras (Yo!) es un personaje simpático, y de la familia del Dr. White destaca bajo mi experta opinión Dean Norris, el cuñado, agente de la DEA y con un papel que da mucho juego a pesar de lo poco que sale. Los demás, ni fu ni fa, y eso unido a un argumento muy parecido al de Weeds (otra serie que no me hizo nada de gracia) han hecho que tras tragarme la primera temporada completa de Breaking Bad me pregunte si la cosa mejora.

Porque la verdad, si todo va como en estos 7 capítulos, os agradecería que me avisáseis para pasar a otra cosa mariposa. Mad Men comenzó decepcionándome, pero al final de la primera temporada ya me había atrapado, así que igual en Breaking Bad la cosa se anima más adelante. Si no es así, a por otras alternativas. En el punto de mira más inmediato, Sherlock, The Wire, Community (Víctor, que ha visto unas cuantas, la recomienda mucho) y quizás Los Soprano, si logro encontrar las primeras temporadas después de la debacle de Megaupload y de mi hasta ahora adorado Fileserve, que también se ha ido a tomar viento. Así que ya sabéis, a contestar en los comentarios. ¿Mejora esto, o me voy a quedar como estoy?

Llevamos casi un año con Unity a cuestas: la interfaz creada por los desarrolladores de Canonical no ha hecho más que generar un sinfín de debate y polémica sobre un paradigma que parecía estar bastante bien resuelto -el de cómo usar un ordenador con ratón y teclado- pero que tanto Unity como GNOME Shell se están esforzando en solucionar de nuevo. Lo curioso del caso es que mientras que GNOME Shell está siendo aplicado a un gran número de distribuciones que ya incluyen GNOME 3, no ocurre lo mismo con Unity, que es Open Source y que podría ser igualmente integrado en otras distros, incluyendo por supuesto a las mil y una variantes de Ubuntu.

Y sin embargo ninguna lo hace. ¿Por qué? Desde luego, la acogida y el recibimiento a Unity han sido muy, muy fríos. Yo mismo lo uso muy raramente y prefiero GNOME Shell, y aunque la cosa ha mejorado, sigo sin cogerle el gustillo a una interfaz que bajo mi punto de vista no hace que trabaje o disfrute más y mejor de mi PC. En The Var Guy citan tres posibles razones para que nadie más que Canonical esté usando Unity:

  1. La interfaz no es popular, pero resulta que hay gente a la que sí le gusta. Razón descartada.
  2. Trabajar con Unity a nivel técnico es complicado: no parece tan complejo. Razón descartada.
  3. Canonical quiere que Unity sea solo para ellos. Anda.

Esa tercera razón aportada por ese blog es interesante, sobre todo porque hay indicios de que efectivamente así es: su diseño está totalmente ligado al de Ubuntu, y no parece que pudiera cuajar bien en otras distros. La personalización de Unity es bastante problemática, y aunque el proyecto es Open Source no hay forma sencilla de “disfrutar” de Unity en otras distros. No hay paquetes RPM, los paquetes DEB no están pensados más que para Ubuntu, y el único PPA aceptable es compatible únicamente con Ubuntu 12.04.

¿Así que es eso, Canonical? ¿Te quieres quedar con Unity para ti solito? Pues todo para ti.

Por qué un iPad no puede sustituir a un portátil

Ah, el iPad, ese maravilloso y diabólico invento. No paro de escuchar lo mismo todo el rato sobre el iPad y otros tablets. Desde que la gente se los compra, deja de usar el ordenador, y sobre todo, el portátil. Mis dudas sobre el mercado de los tablets siguen manteniéndose, y aunque parece bastante claro que me estoy equivocando de principio a fin, para mi los tablets son una moda, como hace poco lo fueron los netbooks. De hecho, la única razón por la que los usuarios dejan de usar el portátil es, sencillamente, porque lo usaban exactamente para lo mismo que los usuarios de los tablet: para consumir contenidos.

No hay nada malo en ello, pero me da un poquito de rabia que algunos ahora quieran convertir al iPad o a cualquier otro tablet en lo que no es. Los tablets no pueden ser sustitutos de los portátiles, y no pueden serlo tanto por software -aunque ahí las limitaciones están cada vez menos claras para bastantes escenarios, ya resueltos- como por hardware. Y en este último apartado hay un elemento fundamental: el trackpad/touchpad. Los teclados específicos para el iPad y otros tablets que han aparecido han resuelto sin duda un problema fundamental, el de la introducción de texto, pero… ¿qué pasa cuando queremos dejar el puntero en cierto lugar o interactuar con la pantalla mientras editamos un texto o imagen? Acercarse a tocar la pantalla táctil con nuestros dedacos en esos trabajos de creación de contenidos no es natural. Por no decir lo evidente: no es cómodo.

Es lo que comenta en un artículo claro y coherente uno de los redactores de CNET, que deja bastante claro que todos esos ciberfamosetes que publican en sus blogs (1, 2, 3) y redes sociales lo de “como mola hacerlo todo desde un iPad” son simplemente unos flipaos. El ASUS Transformer Prime es un tablet que precisamente resuelve este tema, aunque más que un tablet yo ya lo metería en aquella división ya olvidada de los Tablet PCs de Microsoft, a los que parece que volvemos irremediablemente y de los que nadie se quiere acordar. Y lo triste es que esos fanáticos del iPad que presumen de que ya lo hacen (casi) todo con sus tablets seguramente criticaban el concepto del Tablet PC de los de Redmond. Ironías de la vida.

Nos ponemos en situación. Cerrad los ojitos y viajad al pasado. 30 añitos solamente. Ni nos imaginábamos Internet, y éramos esclavos de los 8 bits. Los procesadores de aquellas primeras generaciones solían tener una frecuencia de reloj de 1 MHz. Repito. 1 MHz. Avancemos un poco. Abril de 1982. Sinclair Research presenta su ZX Spectrum, con un “potente” procesador Z80 a 3,5 MHz y 48 kB de memoria (aunque el primero tuvo en realidad 16 kB). No había multithreading, ni arquitecturas superescalares. Si una instrucción tardaba 5 ciclos en ejecutarse, eran 5 ciclos. Aquella máquina, que para los estándares actuales es ridícula, demostró algo prodigioso: que con 3,5 MHz de potencia y 48 “kas” se podían lograr juegos increíbles con una fluidez brutal.

Evidentemente el ZX Spectrum 48K tenía limitaciones importantes: su resolución (256×192 píxeles) y sus 4 bits de color (una paleta con 7 colores y dos brillos para cada color, excepto el negro) ofrecían todo un desafío a los desarrolladores de videojuegos, que no obstante alegraron la vida a millones de niños. Yo entre ellos, aunque nunca tuve uno, porque pude presumir de tener un C64, mucho mejor :) . Aquellos programadores se sacaban rutinas de la chistera que permitían hacer cosas asombrosas en esa “castaña” de procesador y con esa “castaña” de memoria. Los ejemplos son casi inacabables.

Y seguimos avanzando: 10 años más. Estamos en la época dorada de mi adorado Amiga 1200, recién lanzado y superior en arquitectura y sobre todo en prestaciones de su sistema operativo (con multitarea real) a cualquier PC de la época. Y desde luego, a cualquier Mac, salvo en apartados muy, muy específicos -que alguno me intente discutir esto-. Los juegos para aquella máquina marcaron una época. Y de nuevo, todo fue gracias a aquellos programadores que sacaron todo el jugo a un procesador y a unos chips gráficos y de sonido que tenían muchas limitaciones. Más ejemplos inacabables.

Sigamos viajando en el tiempo.

Te falta lo mejor de esta entrada…

Apple y las lentejas: las tomas, o las dejas

Hacía tiempo que no le metía caña a Apple, pero hoy me he encontrado con una situación absurda e incomprensible. Normalmente no tengo problemas a la hora de transferir contenidos del MacBook Air -sigo trabajando con Snow Leopard- a mi PC de sobremesa con Windows 7. Ya sea a través de una carpeta compartida en red o de llaves USB, la cosa suele ser visto y no visto. Pero hoy necesitaba transferir unos cuantos archivos grandes (pongamos que son distros Linux variadas) y he conectado un disco duro externo por USB. Porque sí. Un disco duro que no tenía culpa de nada. Su único crimen: estar formateado con el sistema de ficheros NTFS.

Sorpresa. No podía trasladar esas “distros” al disco duro externo porque, atención: estamos en 2012 y Apple no ha implementado de forma nativa la posibilidad de soportar el sistema de ficheros NTFS más que en modo de lectura. Nada de escrituras. No por nada en particular, seguro. Apple no ha integrado ese soporte sencilla y seguramente porque no le ha salido de los cojones. Hay soluciones alternativas (Paragon NTFS, NTFS-3g, Tuxera y OSXFUSE), algunas de ellas de pago, y en los foros de soporte de Apple proponen soluciones en los que teóricamente mi dilatada experiencia con temas Linux debería ser suficiente.

Pero no. Ni terminal ni leches. Al final he tenido que hacerlo por otros métodos, porque he perdido tanto tiempo investigando qué coño pasaba (me parecía asombroso) que al final no me apetecía probar esas soluciones de terceros que no deberían ser necesarias. ¿Por qué? Pues amigos de Apple, porque entre otras cosas, el soporte de lectura/escritura en particiones NTFS lleva años disponible en cualquier distribución Linux, lo que demuestra una vez más que como en tantas otras cosas, la política de “son lentejas, las tomas o las dejas” de Apple nos deja a los usuarios -seguramente más aún a los que sabemos un poco del tema- con cara de gilipipas. Por no decir otra cosa.

Homeland, de menos a más

Hace unos días comencé a ver una nueva serie -sigo sin empezar Breaking Bad tras vuestras recomendaciones, supongo que me estoy reservando-. Se trata de Homeland, cuya primera temporada en HBO Showtime ha sido todo un éxito en los States y a la que le han concedido algún que otro premio en estas últimas semanas. El reclamo principal en mi caso fue su protagonista, Damian Lewis, que hizo un verdadero papelazo en la imprescindible -una de mis top 10, sin lugar a dudas- “Hermanos de Sangre”.

La serie, creo yo, va de menos a más -algo que también me ocurrió con “Mad Men”, aunque me temo que no hay comparación-. La trama es interesante, con un prisionero de la guerra en Iraq al que rescatan años después y que es investigado por la CIA por sospechas de haberse convertido en terrorista. La prota es Claire Danes -a quien solo recuerdo en Romeo y Julieta, con Di Caprio, cuando ambos eran unos teenagers-, y la verdad, no me la creo. Obviamente no sé qué pinta o carácter tiene una agente de la CIA, pero no me la imagino así ni de blas.

El que sí hace otro papelón es Mandy Patinkin, el mítico Íñigo Montoya de “La princesa prometida” que está casi irreconocible salvo por la mirada y que en su papel de mentor y jefe de Claire Danes sí lo hace fantásticamente. El resto del reparto es normalito, sin demasiadas luces (ni sombras), pero como digo el desarrollo de la serie, que me pareció bastante normalita al principio, va mejorando al final, con un desenlace en el último capítulo muy en la línea de las series norteamericanas. De esos finales que te hacen decir aquello de… “¿y me dejan así estos c****** de guionistas?” Por lo visto ya hay segunda temporada confirmada, así que veremos cómo se portan cuando comiencen esos episodios, supongo que en otoño de 2012.

El caso Megaupload y el renacer de BitTorrent

Mucho se ha dicho y escrito sobre el caso Megaupload, que ha explotado poco después de mi pequeño y reciente post sobre la piratería. La debacle de la reina de las descargas directas ha provocado un efecto dominó, y todos los servicios de ese ámbito están comenzando a intentar salvarse de la quema. Uno de ellos, Fileserve, del que he sido usuario mucho tiempo (también de pago, sí) ha comenzado a retirar enlaces a contenidos que no deberían estar en la red, y que obviamente son los responsables de que el servicio diera dinero.

Las consecuencias van mucho más allá, y se ha hecho un poco más notoria la tremenda presión que los grandes estudios de Hollywood tienen en la política de los EE.UU, y por extensión, en muchos otros países como el nuestro, tan influenciado por todo lo que venga de las maravillosas tierras yanquis. Dudo mucho que haya solución fácil para estos servicios, que si no ocurre algo raro desaparecerán del mapa tal y como lo hizo Napster hace unos cuantos añitos.

Afortunadamente los internautas tienen unas cuantas alternativas que pueden ofrecer acceso a esos contenidos tan buscados, y la mejor y más capaz de todas ellas es la filosofía P2P que se hace realidad en el protocolo BitTorrent. Los torrents habían quedado un poco ensombrecidos por la potencia de los servicios de descarga directa, pero estoy convencido de que los trackers vivirán una segunda juventud si les dejan. Puede que The Pirate Bay no sea lo que fue, pero hay trackers muy decentes por todos lados en los que encontrar esos contenidos que ahora comienza a ser complicado encontrar en el Megaupload, Fileserve, FileJungle o FileSonic.

No puedo evitarlo. Cada vez que leo la palabra “Ballmer” en algún lado mi mente hace ‘clic’ y recupera esa imagen a lo Camacho del actual CEO de Microsoft. Sudoroso, exhausto y con pinta de todo menos de CEO, gritando su famoso “Developers, developers, developers”. Probablemente a mucha gente le pase igual, porque para bien o para mal aquel momento definió a Ballmer como directivo. En mi caso, desde luego, fue para mal. Ballmer me parece un gestor sin carisma y sin la visión que creo imprescindible en una empresa tecnológica, sobre todo si se habla de un gigante como Microsoft, tal y como recalqué hace unos meses.

Lo que sí parece tener Ballmer es claridad de ideas. Desde que es responsable de Microsoft se ha rodeado de gente de su confianza para liderar las distintas divisiones de la empresa, algo que ha dado buenos resultados en ciertas áreas, y no tan buenos en otras. Y aquí es donde viene mi balance de una empresa que hace apenas 10 años parecía no poder tener rival, y que hoy en día, a pesar de su relevancia y magnitud, sí está claramente detrás de otras grandes en sectores de primer nivel como Internet o la movilidad.

El propio Ballmer lo reconocía en una reciente entrevista en BusinessWeek a la que hacía referencia Antonio hace bien poquito y que de hecho ha sido el detonante de este artículo. Ballmer comentaba:

“Four years ago, you know, I can remember statistically when we would have looked far more like the overdog in everything,” he says. “Now we’ve got battles where we’re big and strong and powerful, and we’ve got battles where other guys are moving, and it’s fun to work both from the front of the pack and from the back of the pack sometimes. They’re different kinds of competition, but they both drive you, push you.”

Es cierto (aunque cuatro años es una cifra corta), y sus conclusiones también parecen sinceras: puede que en algunas cosas vayan detrás de otros, pero tanto ser líderes como no serlos les impulsa a mejorar. La pregunta es: ¿lo están consiguiendo?

Mi respuesta, a continuación.

(Aviso: coged algo para picar. Me ha dado por escribir)

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