gmail

Avisé ayer noche en Twitter: tocaba comentario obligatorio sobre Gmail y sus últimos cambios en la interfaz de usuario y la usabilidad. Todo viene tras un fantástico post de un usuario que en su blog escribió un post titulado -quizás algo exageradamente- “Why Gmail 2013 Sucks“. En el post esgrime cinco argumentos con los que justifica ese paso hacia atrás que Gmail lleva tiempo dando con algunas decisiones que no hacen más que -según él- perjudicar a los usuarios.

El tema ha generado un animado debate tanto en los comentarios de su blog como, sobre todo, en Hacker News, donde han hecho la discusión suya. Los que defienden las decisiones del equipo de Gmail indican que la nueva interfaz simplemente favorece las tareas y opciones más comunes, ocultando las que menos aportan salvo en ocasiones particulares. Y los que como este usuario ponen el grito en el cielo tienen un punto en común: muchas decisiones no tienen sentido porque básicamente rompen con la clásica forma de trabajar que teníamos en Gmail.

¿Os recuerda esto a algo? A mi, desde luego, sí. Por poner un ejemplo -y de esto toca hablar en otro post-, Windows 8, un sistema operativo que llevo usando a diario desde hace meses, pero que utilizo en modo Windows 7. Para mi las baldosas no existen, porque para mi las baldosas no tienen sentido, pero afortunadamente al usuario se le da la opción de funcionar con uno u otro modo de trabajo. O quizás no debería decir afortunadamente, porque si Microsoft hubiera impuesto las baldosas a todo el mundo, os aseguro que no habría vendido ni un 1% de los 100 millones de copias de Windows 8 de los que acaban de presumir.

¿Por qué los usuarios siguen usando Gmail, a pesar de las imposiciones de Google? Bueno, aquí la cosa es distinta. En primer lugar, Gmail es gratis. En segundo, los cambios han llegado de forma gradual y Google ha logrado -de momento- irnos convenciendo de que lo que nos proponía era lo mejor. Acertaron en muchos aspectos, pero de un tiempo a esta parte la cosa se torció. El tema comenzó a molestarme con sus distintas “densidades de pantalla” forzadas, que llegaron en 2011, pero es que este último cambio de la ventana de redacción de correos me ha parecido un verdadero desastre. Está curioso poder ver la bandeja de mensajes cuando estás escribiendo uno, pero eso ya podía hacerlo abriendo Gmail en otra ventana del navegador y dejándolas una al lado de la otra. Y aún así, no lo hacía casi nunca, porque casi nunca lo necesité. Cosas como modificar el asunto, añadir nuevas direcciones, ver las direcciones de correo (no los nombres de los contactos) o insertar enlaces y aplicar estilos a la redacción se han convertido en algo más incómodo. Algo a lo que cuesta más llegar.

En resumen: Google ha creado un problema en lugar de solucionar otro.

Ese, que yo sepa, es lo que intenta hacer la usabilidad. Resolver problemas, no crearlos, y hacerlo todo más cómodo, no más difícil e inaccesible. Para más INRI, no hay forma de volver atrás: Google te deja mantener por ahora la vieja ventana de redacción de mensajes, pero no lo hará por mucho más tiempo, y eso podría significar la migración gradual de más usuarios a otros servicios como Outlook.com, que apenas he utilizado pero que podría comenzar a valorar seriamente porque la gente de Microsoft ha vuelto a los orígenes: simplicidad y usabilidad, algo que en Gmail parecen haber olvidado.

Por supuesto, no hay por qué usar el cliente web de Gmail. Cualquier cliente de correo medio moderno puede servir como interfaz para el servicio, y de hecho también tenía reservado un post al respecto para hablar de Mailbird (que mola mucho), pero a este cliente se le suman otros como Thunderbird para Windows y OS X, o bien Mail.app, el ya defenestrado Sparrow (con lo que molaba), o AirMail para OS X. Puede que en Google simplemente prefieran eso, y puede que lo logren, porque ese tipo de restrictivas imposiciones acaban con el encanto de una aplicación web que hasta no hace mucho era la joya de Google. Qué penita, señores. Lo dije entonces y lo mantengo ahora. El problema es el mismo de siempre.

Que nos quitan opciones, en lugar de ofrecerlas