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Pongámonos en situación. Windows no fue el primer entorno de ventanas. De hecho, durante mucho tiempo estuvo muy lejos de ser el mejor.

Tampoco siguió los modelos imperantes en aquella época: el hardware y el software iban de la mano en la mayoría de plataformas de 8 y de 16 bits. Apple, el paradigma del ecosistema cerrado, era y es el ejemplo más claro. Nada de licencias a otros fabricantes. Nosotros nos lo guisamos, nosotros nos lo comemos.

Pero en Microsoft hicieron justo lo contrario. Esa fue su revolución: cualquiera que cumpliera ciertos requisitos mínimos (un micro x86 y poco más) podía instalar un sistema operativo que comenzó a propagarse como la pólvora. Aunque fuera una patata. Aunque las aplicaciones fueran lamentables. Aunque la interfaz fuera una castaña (y hablo en términos de la época). Y aunque los juegos no tuvieran ningún atractivo.

Pero en cierto momento empezaron a hacer bien las cosas. Llegaron Windows 95, Windows 98 y sobre todo Windows XP. Y la historia cambió.

Y ahora establezcamos los paralelismos con Android. No fue la primera plataforma móvil orientada al mercado de los smartphones. Y como Windows, durante mucho (o al menos, bastante) tiempo estuvo muy lejos de ser la mejor.

Pero como Windows, también adoptó el modelo de barra libre. Todos los fabricantes podían aprovechar las prestaciones de Android e incluso modificarlo y personalizarlo. La única diferencia con la filosofía de Microsoft es que en Google el modelo de negocio en móviles es la publicidad, y no el pago por licencia. No estoy muy seguro de que su rentabilidad sea la que Windows le dio a Microsoft, pero lo que está claro es que el efecto final ha sido el mismo: El todos nos lo guisamos, todos nos lo comemos les funcionó. Aunque al principio Android fuera una patata. Aunque las aplicaciones fueran lamentables. Aunque la interfaz fuera una castaña (y hablo especialmente de esa época). Y aunque los juegos no tuvieran ningún atractivo.

Y como en el caso de Windows, en cierto momento en Google comenzaron a hacer bien las cosas. Llegó Gingerbread. Y Ice Cream Sandwich. Y sobre todo, Jelly Bean. Y la historia, de nuevo, cambió. Y Android se convirtió en la plataforma dominante en smartphones en todo el mundo. Como ocurrió con Windows en la informática de sobremesa.

Lo explicaba muy bien Neil Trevett, directivo de NVIDIA, que en un reciente análisis también comparaba la evolución de Android con la de Windows. El resumen es aplastante, desde luego.

“I think it’s fascinating that the shape of the mobile industry is turning into the similar shape the PC industry used to be,” Trevett said. “You have Apple which is vertically integrated, no single point of control, both beautiful and lovely. And then you have another platform that lets a thousand companies innovate and invest and make money. And so you end up with something that is actually more pervasive because a thousand companies can do more than any one company no matter how incredible that one company is. But you inevitably end up with things not being so polished and a little bit more chaotic. But that chaotic platform, because it’s harnessing so much more energy, will win the majority of the market share.”

Así es. Por muy caótica que sea la plataforma, genera tanta energía que acaba logrando captar la mayoría de la cuota de mercado. La fragmentación existe y es un problema real, desde luego, pero ya no parece importar tanto, y aunque la idea de NVIDIA es curiosa -una especie de certificaciones WHQL para el hardware y el software en Android- mucho me temo que es una utopía. Porque ya se sabe. Si funciona, no lo toques.

Y sin embargo, en Google deberían mirar de reojo a lo que está sucediendo hoy en día en una Microsoft y en un Windows que son cada día menos relevantes. Porque de nuevo, ya se sabe. Quien no conoce la historia está condenado a repetirla.