samsung-galaxy-s4

Ayer asistí patidifuso a una sorprendente presentación del Samsung Galaxy S4. La transmisión en vivo a través de YouTube del evento Samsung Unpacked -disponible en diferido, por si queréis revivir ese horror- me dejó claro que en esa búsqueda por convencer y sorprender todo vale. La empresa surcoreana tiró la casa por la ventana, invitando a unos cientos de periodistas de todo el mundo, alquilando el Radio City Music Hall y montando un espectáculo bastante estridente con unos cuantos actores y bailarines que no tenían culpa más que de tener que hacer lo que el guión mandaba.

Me dejan bastante alucinado muchos detalles de estos eventos. En primer lugar, que no se presenten datos de la evolución de una ya legendaria familia Galaxy S. En segundo, que no se hable nada (pero nada) de dónde quedan los 40 millones de usuarios del S III durante el evento, aunque luego se supo que podrán acceder a algunas de las prestaciones software del S4. En tercero, que las empresas se empeñen en que sus CEOs quieran parecerse a Steve Jobs y salgan a escena tomando un escenario que nunca deberían pisar (son gestores, no presentadores, por dios, y el pobre JK Shin apenas sabe hablar en inglés), y en cuarto, que si invitas a medios especializados, no hace falta que les expliques cada una de las funcionalidades del teléfono como si fueran (fuéramos) gilipollas.

Seguro que la intención era buena, pero a Samsung le salió una presentación penosa, artificial, con muchos aspectos importantes en el tintero (precios, especificaciones reales de muchos apartados como la CPU), y que dejó un claro mensaje: el software será protagonista, porque el hardware ya no puede serlo. Las especificaciones del Galaxy S4 son fantásticas, sí, pero también lo son las del Sony Xperia Z o las del HTC One. O las del Oppo Find 5, lanzado hace 4 meses, o la de tantos otros teléfonos chinos que se acercan a muchas de las cotas que alcanza Samsung en el terreno técnico y lo hacen por un precio muy inferior. Es ahí donde yo veo una clara amenaza, y donde Samsung probablemente haya comprendido que había que aportar algo más. Y ese algo más era el que Apple lleva proporcionando desde sus inicios: la apuesta por un ecosistema completo en el que el software tratará de pesar mucho, como mencionaba esta mañana en mi post de Xataka Móvil.

Lo malo es que Samsung lo tiene prácticamente imposible para poder lograr lo que ha hecho Apple. Android es un sistema operativo abierto, y cualquier otro fabricante puede hacer lo mismo que Samsung. Meter un par de chips especiales, y sumar al paquete un par de aplicaciones dedicadas que aprovechen esos chips. Los primeros componentes software del teléfono, que Samsung presentó de forma bastante chirriante con numeritos de claqué, bailes de pijas de edad avanzada (curioso, no hubo casi ningún guiño a los/as jóvenes) y una forzada actuación del presentador y su acompañante oficial, otro directivo de Samsung reconvertido a estrella, supongo que crecido por eso de estar en el Radio City.

Lo cierto es que la presentación es lo de menos: lo que importa es lo que logre Samsung, que ha aportado algunas cosas interesantes (Knox me gusta especialmente) pero que en suma no ha hecho nada que no pueda ser igualado o, lo peor de todo, superado por desarrolladores con motivación. Puede que el S4 vuelva a ser un exitazo en ventas, pero si no ocurre nada raro, me da a mi que nunca podrá llegar a lo que han representado tanto el S II como el S III. Dos smartphones que por primera vez pudieron compararse con los inalcanzables iPhone y con los que apenas nadie podía competir. Ahora la historia es muy, muy distinta.