Ayer se puso a la venta OS X 10.8 Mountain Lion, la nueva versión de un sistema operativo que por primera vez pierde su nombre tradicional (adiós al “Mac” de “Mac OS X”). Sospecho que lo hace por esa tendencia a integrar características del sistema operativo móvil de Apple, iOS, y desde luego aunque hay temas que no me convencen -quieren que su tienda de aplicaciones sea el único repositorio universal, de nuevo con el control como lema- han dado pasos importantes. (Actualización: Marco Arment acaba de criticar también este tema de forma muy dura, atentos a los peligros que acechan a la App Store.)

Todavía no he tocado Mountain Lion, pero como compré mi nuevo MacBook Air el 18 de junio puedo optar a la actualización gratuita con el programa Up To Date de Apple, y acabaré descargándolo e instalándolo en el equipo -previo backup de mi escritorio actual- para comprobar cómo se comportan todas las novedades. Que son muchas, como ha relatado John Siracusa en su enciclopédico análisis de OS X 10.8 Mountain Lion en Ars Technica. Como él mismo explicaba en su blog de Tumblr, el análisis es un monstruo de 26.000 palabras dividido en un buen montón de apartados que nos guían en la lectura y que yo me esto tomando como una pequeña lectura veraniega para descubrir todos esos secretos.

Pero probablemente uno de los más importantes es el apartado destacado por John Gruber, el famoso súper fanboy que en su célebre blog Daring Fireball ha hecho un aburrido comentario sobre el precio de Mountain Lion que se salva por un párrafo algo escondido:

Use Mountain Lion and its built-in apps like TextEdit and Preview for a few hours and it is very clear that this is how Apple wants users to deal with documents and app content. It’s a radical change from the nearly 30-year-old file-system-centric approach to data management on the Mac. The old way: go to the Finder, find the file you want, and open it. The new way: go to the app and open the document from within the app. Conceptually it works just like iOS — your files aren’t in the file system, but rather “in” the app you used to create them. This is the future, but Apple isn’t forcing it upon us.

Esto no lo ha inventado Apple, y no es nuevo, pero sí que Apple reafirma esa filosofía: ya no abrimos tantos ficheros desde un explorador de archivos, sino que la propia aplicación nos ofrece una lista de documentos recientes (o no tan recientes) para trabajar con ellos. Es un aspecto importante, porque la localización de esos documentos es cada vez más volátil: puede que estén en nuestro disco duro, sí, pero también puede que estemos trabajando con un archivo que está almacenado en la nube. Y las aplicaciones harán que la localización ya no importe. Como diría House:

Mola.