Ayer saltó a la portada de Techmeme la noticia de que Google había comprado Sparrow. Esta pequeña empresa es -para los que no la conozcáis- la creadora de un cliente de correo electrónico para OS X que destaca por sus prestaciones y, sobre todo, por su interfaz -como apunté hace un año-, muy elegante y que sigue la línea de otras herramientas como Reeder.

Sparrow era (no sé si hablar en tiempo presente) una aplicación con encanto. Una de esas por las que merecía la pena pagar. Y mucho me temo que eso ya seguirá siendo cierto, porque el equipo de cinco personas que desarrollaba Sparrow ha sido contratado por Google, que ha comprado la empresa y ha incorporado a esos talentos a su división de desarrollo de Gmail. El anuncio de los propios responsables de Sparrow ha sido el habitual (“estamos encantados, blah, blah, blah”), pero no por repetitivo es menos cierto. Y sin embargo, los medios se les han echado encima, quejándose de que una vez más una nueva y prometedora startup acaba cayendo en las fauces de las grandes, dejándose comprar por el vil metal.

Me parece que quienes escriben esos artículos son poco realistas: la inmensa mayoría de la gente (si no toda) hubiera hecho lo mismo en la situación de los creadores de Sparrow. Yo, desde luego, lo hubiera hecho. En los tiempos que corren asegurarse el futuro y trabajar para una empresa como Google no es moco de pavo. El modelo de negocio de Sparrow, además, era conflictivo: la aplicación no era (es) cara (10 dólares), pero dado que muchísima gente sigue convencida de que Mail.app o Gmail (o Hotmail, o cualquier otro servicio webmail) es más que suficiente para sus necesidades, el futuro de Sparrow no parecía increíble. Sí, podría haber seguido ir cosechando algún que otro éxito, pero ¿cuánto hace que no oíamos hablar de ella? Yo, desde luego, meses. Y me dedico a la actualidad tecnológica.

Sparrow ha hecho un buen negocio. Punto.

Y como en otros casos -leed el artículo de Techland es bastante revelador- Sparrow dejará de existir, como lo han hecho todos sus antecesores. Esa es la cruda y asquerosa realidad. Poderoso caballero es don dinero.