Hace algo menos de 3 años me compré una Canon EOS 500D que me permitió satisfacer ese materialismo en el que me refugio de cuando en cuando y que teóricamente estaba destinada a mejorar mi ya de por sí elevada capacidad fotográfica (¡ja!). No mucho después acabé comprando un objetivo Canon de 50 mm F1.8 con el que quería poder sacar fotos -sobre todo retratos- incluso en condiciones algo más pobres de luz. Ambos aparatitos me han dado bastantes alegrías, pero de un tiempo a esta parte los uso cada vez menos. ¿Por qué?

Pues como casi siempre, no tengo tiempo. O más bien: tengo algo de tiempo, pero lo intento dedicar a otras cosas, así que aunque la fotografía me encanta -me planteé hace unos meses hacer algún cursito de los de Canonistas, sobre todo en temas de revelado digital con Aperture o Lightroom- me temo que tuve que elegir, y acabé tirando de la solución fácil, pero por ahora lamentable (recordad que tengo un HTC Desire): sacar fotos con el móvil.

El problema es que hoy por hoy la calidad fotográfica que ofrecen los smartphones es, como mucho, aceptable. Cierto que los sensores de los nuevos iPhone 4S están bastante logrados -confirmad si sois usuarios, plis- pero aunque obviamente las fotos en esa minipantalla parecen estar genial, la realidad es otra cuando las vemos en la tele, el monitor del ordenador o un portátil con una buena resolución.

Es precisamente lo que nos cuenta Marco Arment -uno de mis imprescindibles- en su blog, en el que explica cómo su evolución fue similar: pasó de una EOS 400D a una 5D Mark II (no se anduvo con chiquitas), pero en los dos últimos años básicamente se ha limitado a sacar fotos con su iPhone 4 primero, y con su iPhone 4S al final. El problema le surgió al querer ver esas fotos en su nuevo MacBook Pro con pantalla Retina: las fotos eran bastante lamentables, así que se ha tenido que replantear su afición, porque se ha dado cuenta de que las fotos desde el móvil son, como han sido siempre, para sacarnos de un apuro. Si uno quiere calidad, tendrá que tirar de una DSLR o una compacta más que decente.

Así pues, me encuentro con la misma duda que él: cada vez me da más pereza llevarme la cámara y los objetivos por ahí, así que la solución sería, claro, contar con un móvil con un sensor decente. La realidad es que a pesar de los avances en este campo no se le pueden pedir peras al olmo, pero estoy casi seguro de que este será uno de esos temas en los que hay aún mucho trecho por delante. De hecho, no me extrañaría nada que los nuevos -e hipotéticos- iPhone 5 lleven un sensor mucho más potente que potencie esta función, cada vez más demandada entre los usuarios. Como dije en su día, no le encuentro demasiado sentido a los smartphones con procesadores quad-core y GPUs integradas del copón, pero dadme un smartphone basado en Android con buen rendimiento, pantalla de 4 pulgadas  y una cámara más que aceptable (como mínimo, la del iPhone 4S) y tendréis a un potencial comprador por estos lares. ¿Os ha pasado lo mismo con vuestra afición a la fotografía?

Por cierto, el nuevo diseño de Incognitosis -acabo de incluir al fin una página de búsquedas con enlace debajo de la cabecera y una nueva página de suscripción por e-mail- se presta a ir clavando alguna foto simpática que he hecho en los últimos años. Id preparándoos, por si acaso ;)