Y cito:

If you live in America in the 21st century you€™ve probably had to listen to a lot of people tell you how busy they are. It€™s become the default response when you ask anyone how they€™re doing: €œBusy!€ €œSo busy.€ €œCrazy busy.€ It is, pretty obviously, a boast disguised as a complaint. And the stock response is a kind of congratulation: €œThat€™s a good problem to have,€ or €œBetter than the opposite.€

Así comienza la columna “The ‘Busy’ Trap” que Tim Kreider escribió hace unos días en The New York Times. Probablemente lo mejor que he leído en meses. Y probablemente es así porque me siento totalmente identificado con su visión. El escritor se centra en Estados Unidos -parece que fuera de allí no pase nada- pero lo que cuenta es una realidad en todo el mundo. La gente -y no me refiero necesariamente a la gente que tiene ese tesoro llamado trabajo- está ocupada. Mucho. Pero es que a la mayoría les encanta estar ocupados, y supongo que es, como afirma Kreider, porque no sabrían estar de otro modo.

They€™re busy because of their own ambition or drive or anxiety, because they€™re addicted to busyness and dread what they might have to face in its absence.

Como a Kreider, básicamente toda la gente a la que conozco es gente ocupada. O muy ocupada. Gente con una lista de tareas infinita (¡pipi!). Pero a distinción de Kreider -y no por gusto, de verdad de la buena-, yo también estoy bastante ocupado. Podría echarle un par y hacer algo tipo esos teletrabajadores utópicos de los que hablé hace justo un año (si no la habéis visto, atentos a la presentación de aquel post), pero supongo que no tengo (al menos, no de momento) ese par que se necesita.

Estar ocupado mola. Es cool. De hecho, es tan cool que es una excusa socialmente perfecta para cualquier situación, tanto profesional como personal. Hay quienes obviamente no están tan ocupados como quieren hacer ver (empleados y jefes tóxicos, ¿estáis por ahí?), mientras que hay quienes se fabrican artificialmente ese estado de ocupación total. No pueden dejar de estar un minuto ocupados, porque podría darles un telele si pudieran tomarse un rato de relax. De hecho, hasta puede que tengan ratos de relax, pero seguramente sean ratos de relax programados. De 12 minutos. Supongo.

Pero hay ocupados genuinos, que no pueden (o no quieren) salir de ese estado. Lo comenta Kreider en el artículo, pero sobre todo lo debaten en los comentarios del artículo en Hacker News -como siempre, el debate es allí tan bueno o mejor que su propio detonante- cuando hablan de eso de tener objetivos en la vida, o de no tenerlos. Como en todo, los blancos y los negros no suelen ser buenos, y lo de estar toda la vida tirado a la bartola probablemente sea tan malo como que se acabe tu vida y lo único que recuerdes es haber trabajado como un condenado. Y lo difícil, precisamente, es encontrar ese término medio.

Ahí estoy yo. Buscándolo. Pero el puñetero se me escapa.

(Imagen: Fortunate, de dinyctis para DeviantArt)