Hace tiempo que la empresa de Redmond viene avisando de sus intenciones: la llegada de las primeras versiones de Windows 8 ha dejado claro que en Microsoft no quieren un sistema operativo para tablets y otro para PCs y portátiles. No. Quieren un único sistema operativo, cuyas prestaciones se puedan aprovechar tanto en una pantalla táctil como en una pantalla de portátil o de PC de sobremesa. La interfaz Metro da respuesta a la primera necesidad, mientras que el escritorio clásico de Windows da respuesta a la segunda.

Obviamente, mezclar ambas experiencias es peligroso, pero puede que nos acabemos acostumbrando. Es lo que indica uno de los redactores de TechCrunch, que admite que al principio fue compleja esa mezcla de interfaces en el PC -al final siempre acababa acudiendo a la interfaz clásica- pero también afirma que al cabo de unos días se acostumbró a la mecánica de funcionamiento de un sistema que según él tiene sus opciones. Lo malo, claro está, es que no todo el mundo está dispuesto a pelearse con su sistema operativo un par de semanas o un mes para cogerle el tranquillo.

Pero en Microsoft no nos van a dejar opciones, y lo demuestra su apuesta por Microsoft Surface -no entiendo porqué escogen el nombre de un producto que ya habían lanzado (aunque ahora se llame PixelSense) y que tenía otra orientación-. Surface no es más que un Tablet PC 2.0, un dispositivo al que se dirigen los tradicionales tablets desde hace tiempo, y que permite solventar de una forma decente la gran carencia de esos dispositivos: la posibilidad de producir de forma cómoda, además de consumir contenidos.

La presentación ayer noche dejó sorprendidos a muchos medios, que se preguntan si Surface podría representar una amenaza para el resto de fabricantes de tablets basados en Windows 8. La respuesta es sencilla: no, si esos fabricantes lo hacen bien. Obviamente Microsoft tiene la ventaja de poder pulir su hardware para adaptarlo perfectamente a esos futuros tablets, pero teóricamente cualquier otro fabricante podrá hacer prácticamente lo mismo si sigue las directrices de Microsoft, que por primera vez en años se convierte en un fabricante de productos “completos”, a lo Apple. Google ya lo intentó con su Nexus One y lo volverá a hacer con el tablet Nexus, pero eso no ha impedido que el resto de fabricantes sigan sacando soluciones basadas en Android. Así que, ¿por qué debería ocurrir algo parecido con Microsoft Surface?

Sea como fuere, el lanzamiento, aunque esperable, es interesante, y demuestra que Microsoft también quiere reaccionar en un mercado en el que el tablet parece ser el dispositivo por narices. Sigo sin estar de acuerdo -para este tipo de soluciones, sinceramente, prefiero mil veces el MacBook Air y no andarme con medias tintas-, pero hay que reconocer que la idea es lógica, sobre todo cuando uno se da cuenta de que reforzará de forma clara ese paradigma de Microsoft. Que no, que no quieren dos sistemas operativos: quieren que toqueteemos Windows 8 si así nos lo permiten nuestras pantallas.

Y si no, ahí estará el bueno del escritorio clásico. Si lo encontráis, claro.