Trabajar en medios tecnológicos tiene sus ventajas: hace unos días llegó a la redacción de TPNet el nuevo MacBook Pro con pantalla Retina, y he sido el afortunado encargado de analizarlo en profundidad. En estos dos últimos días no he parado de utilizarlo prácticamente como si fuera mi equipo de sobremesa, dejando de lado mi adorado MacBook Air para experimentar con la experiencia de usuario que ofrecía este portátil de Apple que desde luego marca un antes y un después en la evolución del mercado.

No voy a escribir mucho más sobre el equipo porque ya lo he hecho de forma muy, muy extendida (7.000 palabras, ahí es nada) en el análisis del MacBook Pro con pantalla Retina que acabo de publicar en MuyComputer, aunque sí puedo resumiros un poco las conclusiones a las que he llegado tras vivir pegado a este producto durante las últimas horas. Como explico en el análisis, pasar de un Air a un Pro -incluso si se trata de este Pro- es algo difícil porque uno renuncia a unas dimensiones y un peso muy contenidos. Es grande y pesadote, al menos en ese primer contacto, pero como todo, te acostumbras. Pero claro, eso no es lo interesante. Lo interesante de verdad es comprobar si la pantalla Retina cumple las expectativas. Que eran muchas.

Pues bien: lo hace. Y sobradamente. Trabajar o disfrutar a 2.880 x 1.800 píxeles en una pantalla de 15,4 pulgadas es toda una experiencia. En realidad la mayoría del tiempo -sobre todo por mis sesiones intensivas de navegación, otro gallo canta cuando editas vídeo, por ejemplo-  he acabado eligiendo el modo 1.920 x 1.200 disponible entre las opciones de configuración (aunque disfrazado con otro nombre), por la sencilla razón de que OS X escala las aplicaciones de forma “inteligente”, sin que yo tenga que aplicar cambios posteriores. Con la resolución máxima eso no sucede: tienes que ir escalándolas tú a tu antojo, lo cual es bastante rollete. Sea como fuere, el resultado es el mismo: la resolución de trabajo y la definición son espectaculares.

Curiosamente, noté la mejoría de forma asombrosa en la terminal, que uso muy a menudo en OS X -manías de linuxero- y que se ve, hablando en plata, que te cagas. Y por supuesto, el equipo va como un tiro, algo que no es de extrañar con ese selecto conjunto de componentes que han integrado en un equipo realmente fantástico.

Ahora bien, ¿Valen esa pantalla y esas prestaciones 2.279 €? La respuesta es tajante.

No.