Hace unas horas que Linus Torvalds ha sido declarado co-ganador del Millenium Technology Prize, una especie de premio Nobel de la tecnología dotado con 1,2 millones de euros para el/los galardonado/s. Desde luego, se merece el premio -me gustaría saber qué opina Stallman al respecto- porque Linus no solo creó el kernel Linux: su semilla fue el detonante de un modelo de desarrollo que ha dado pie a una filosofía que triunfa en el mundo tecnológico en todo tipo de ramas.

Esta leyenda viva de la tecnología es probablemente el mejor ejemplo de la dictadura benevolente que rige el desarrollo del kernel Linux, y puede presumir de no cortarse a la hora de dar su opinión sobre todo tipo de temas y sobre todo a la hora de criticar la forma de abordar problemas que tienen desarrolladores del núcleo o de otros proyectos Open Source. Pero esas declaraciones suelen ser no solo contundentes, sino también poco discutibles. Como dijo él mismo recientemente:

“En ocasiones desearía no tener siempre la razón. Es una maldición, de verdad”. 

Y ha vuelto a dar en el clavo en una entrevista que le hizo la BBC con motivo de esa entrega de premios, y en la que Linus afirmaba básicamente que si Linux ha llegado donde ha llegado ha sido gracias al egoísmo de la gente. Lo comentaba esta mañana en MuyLinux -me repito, pero el tema lo merecía- pero lo cierto es que su reflexión sobre el egoísmo en Linux (podría considerarse una especie de egoísmo altruista) tenía sentido: la mayoría de la gente que trabaja en proyectos Open Source lo hacen aparentemente por amor al arte, pero ese modo de actuar también podría ser calificado como puro egoísmo.

Obviamente, egoísmo del bueno, porque la gente colabora en esos proyectos y los hace mejores, y con ese trabajo logran sentirse mejor. Esa es una razón egoísta, como podría serlo forrarse haciendo ese mismo trabajo -un egoísmo nada altruista pero no necesariamente malo-. La conclusión del post es clara: por favor, sed egoístas.

Pero de los buenos. Rollo Linus. Si podéis, claro.