Que no. Que Breaking Bad no vale dos duros. Llevo más de un mes tragándome capítulos casi por inercia, perdiendo el tiempo con la esperanza de descubrir algo que todo el mundo parece haber visto, y sigo sin cogerle el gustillo a una serie que tiene cada vez menos por donde cogerla. Mis impresiones tras tragarme una insufrible primera temporada ya eran malas, pero algunos decíais: mejora, el ritmo crece, pasan más cosas. Pero no. Pasan más cosas, claro, pero nada que haga que el argumento mejore.

De hecho, la cosa empeora. Y si no habéis visto la serie, mejor que no sigáis leyendo si pretendéis hacerlo, porque toca momento spóiler. Para empezar, la apología del mundo de la droga es patética, constante, y desagradable. Y lo malo es que la serie va de eso. De drogas, sin más. Del dineral que uno puede ganar con ellas. De lo triste que es -o más bien, acaba, normalmente- la vida de los que las consumen, y de los problemas que se generan a su alrededor. Dudo mucho que en el mundo de la droga haya un capo di tutti capi al estilo de Mr. Fring (que a decir verdad, es un personaje curioso, de lo poco salvable de la serie) o un Walter White, pero en cambio sí que es probable que haya muchos Jesse Pinkmans -el chico lo hace muy bien-, y muchos personajes patéticos de los que aparecen en una serie que parece estar hecha para un público muy distinto a mi.

Ayer por la noche vi el último episodio de la tercera temporada, y definitivamente me rindo ante la evidencia. Está claro que Breaking Bad no era para mi. Si alguien me puede explicar qué ve de entretenido -leeeeenta-, divertido -difícilmente te reirás con esta serie- o al menos interesante en esta serie, que comente, por favor. Ilustradme. Pero para adelantarme a los comentarios tipo “tienes el gusto en el c***”, diré, como ya mencioné en el pasado post, que para gustos los colores. Respeto que a muchos os pueda gustar la serie. Pero soy incapaz de entenderlo.