Archive for noviembre, 2011
Durante los últimos días ha sucedido algo que no suele pasar en el mundo Linux: se le ha concedido relevancia en muchos medios tecnológicos generalistas a una distribución “minoritaria” como Linux Mint 12. Engadget o The Verge, por ejemplo, han hablado sobre el lanzamiento de la nueva versión de Mint, cuando hasta no hace mucho el diccionario de ambas publicaciones -que era el usado por la mayoría de medios- tenía a Ubuntu y a Linux como sinónimos.
Ese error está comenzando a hacerse menos frecuente con la hipotética pérdida de popularidad de la que ha hablado largo y tendido. En MuyLinux hablé de ello para luego confirmar esos datos en otro post citando los datos publicados en Royal Pingdom. Ese estudio ha sido el que ha causado el verdadero revuelo, con o sin razón, como también comentaron en OMG! Ubuntu!. Todos esos artículos han acabado señalando lo mismo: los datos originales de Distrowatch son un referente poco válido para evaluar la popularidad de una distribución. Ubuntu sigue siendo la distro más popular y utilizada, y lo demuestra su comunidad de usuarios, que sigue muy activa a pesar de todo.
Pero eso podría cambiar: la inclusión de Unity “por mis cojones” (como probablemente diría Mark Shuttleworth) ha seguido otras decisiones cojoneras -que no cojonudas- del creador de Canonical que han ido enfadando a los usuarios. Cambiar los botones de la ventana de lado, quitar prestaciones de personalización al escritorio, marearnos con las aplicaciones que están o no por defecto… Este Shuttleworth me recuerda cada vez más a Jobs, pero lamentablemente, casi siempre en lo malo que ofrecía el co-fundador de Apple.
Todo ello ha causado cierto clima de confusión -y en algunos casos, de crispación- entre los ubunteros, que comienzan a dar el salto a otras distros -como Mint, pero no solo a ella- o que al menos se lo están pensando. Y yo, ubuntero confeso desde hace tiempo, estoy haciendo lo mismo, aunque aún no acabe de tener destino fijo. Y mucho me temo que si Unity vuelve a dar tantos disgustos en Precise Pangolin, en Canonical tendrán serios problemas para restaurar su ya de por sí dañada imagen.
Este post va especialmente dedicado a todos mis colegas profesionales: aquellos que se ganan el pan trabajando para que una publicación online -sea de la temática que sea- funcione lo mejor posible y sea interesante tanto para los usuarios como para los anunciantes y clientes que pagan por tener presencia directa o indirecta en esas páginas. La reflexión no es nueva, y desde luego no es original, pero no por ello es menos importante, o menos cierta. Y se resume en una idea.
El futuro de la lectura de contenidos en Internet tiene muy mala pinta.
Lo comentan de forma clara y elegante en Elezea y en Inessential (leed ambos artículos, son geniales), donde critican la realidad diaria de los internautas en todo el mundo. De una u otra forma acabamos en una página web en la que leer cada vez se hace más difícil.
Publicidad. Botones sociales. Widgets. Más widgets. Más publicidad. Artículos divididos en varias páginas con un párrafo por cada una de ellas. Botones de login. ¿En qué se queda el contenido?
En nada.
Ayer por la noche me terminé de leer la biografía autorizada de Steve Jobs escrita por Walter Isaacson, un libro que ofrece -creo yo- un retrato bastante fiel del co-fundador de Apple, pero que descuida muchos aspectos que yo hubiera tenido más en cuenta en esa biografía, y que cuida otros muchos quizá en exceso.
Para empezar, Isaacson no es una persona con un trasfondo técnico, así que la biografía es algo sosa para los que estamos un poco más en el mundo de la tecnología: el libro es una sucesión de eventos -más profesionales que personales-, pero el enfoque técnico es poco profundo, y parece simplemente certificar muchas de las verdades que ya conocíamos sobre Jobs. Cualquiera que haya seguido mínimamente su carrera verá buena parte del libro con algo de aburrimiento, aunque siempre es interesante comprobar cómo sucedieron las cosas realmente de boca de Jobs. Pocos detalles me han sorprendido, aunque hay algunos -como su sorprendente amistad con Ellison, o algunas de sus batallitas personales con alguno de los fundadores de Pixar o con Jean Louis Gassée- han resultado ser interesantes.
Pero como digo, lo raro ha sido conocer detalles nuevos de la vida de Jobs. Salvo en el terreno personal -faceta que Jobs siempre ha protegido mucho- el libro no me ha descubierto grandes sorpresas. Cualquiera que haya visto “Piratas de Silicon Valley” (podéis hacerlo en YouTube en 10 partes, empezando por aquí) se habrá preguntado cómo los productores y guionistas dieron tanto en el clavo, cuando Jobs en aquella época no soltaba prenda y, sobre todo, no daba entrevistas. La película cubre solo cierta parte de su carrera en Apple, pero lo hace de una forma fantástica y muy, muy precisa, así que es una buena forma de conocer qué paso en Apple aquellos años.
Inspiradora la columna de Forbes que a su vez cita un no menos revelador artículo en The Wall Street Journal. En ambos textos se citan palabras de Steve Jobs en la biografía autorizada de Walter Isaacson, en las cuales Jobs habla del porqué del fracaso de algunas grandes empresas. Y cito (yo también) el comentario de Jobs al hablar de las razones por las que las grandes empresas acaban cayendo:
The company does a great job, innovates and becomes a monopoly or close to it in some field, and then the quality of the product becomes less important. The company starts valuing the great salesman, because they’re the ones who can move the needle on revenues.
Seguro que puede haber más razones, pero desde luego la citada por Jobs es especialmente interesante: una empresa comienza a triunfar por sus productos, pero cuando los gestores acaban siendo meros vendedores, se pierde la atención en ese mismo producto. Ingenieros, programadores y técnicos dejan de tener importancia, porque son los gestores los que parecen conseguir el dinero.
Hace año y medio que me compré mi HTC Desire libre. Me costó una pequeña fortuna, pero quería tener acceso a un terminal que me diera ciertas garantías de futuro y, sobre todo, quería disfrutar de la libertad de Android. Durante todo este tiempo he podido comprobar que aunque las ventajas de Android son importantes, también lo son sus limitaciones. La interfaz visual de Android es la más importante, y como demostré en el estudio de usabilidad que publiqué, en aquel momento iOS me pareció superior a lo que podía ofrecer Android.
Había no obstante soluciones al respecto. Las ROMs personalizadas comenzaron a acertar allí donde Android fallaban. Y por encima de todas, en mi opinión, estaba MIUI, una ROM que sigue mejorando pero que también tiene sus pegas: el soporte por parte de los fabricantes es nulo, y los pequeños conflictos en tiempos de respuesta y pequeñas acciones inesperadas son ciertamente molestas. Pero en esencia, MIUI compensa, y mucho.
Afortunadamente, Google no se ha quedado quieta, y Android 4.0 -ya hablé de esto hace menos de un mes- es especialmente esperanzador en el apartado de la interfaz visual y la usabilidad. El gran cambio en muchos de los apartados de Android se debe en gran parte a Matías Duarte, responsable de la interfaz de webOS cuando trabajaba para Palm, y que hace unos meses fichó por Google. Duarte y su gente han sabido ofrecer una evolución radical en Android 4.0, o eso puede desprenderse del análisis en vídeo que acaban de publicar en The Verge sobre un terminal prodigioso, el Galaxy Nexus.
No os perdáis ese análisis y el videoanálisis de este smartphone, que según el artículo deja atrás al iPhone 4S -y eso ya es mucho decir- salvo en pequeños apartados como el uso de materiales plásticos y la presencia de una cámara quizás algo limitada. Pero donde reluce este terminal es en su integración de Android 4.0 Ice Cream Sandwich, una plataforma que por fin podría poner a este sistema operativo al nivel de iOS en usabilidad.
Cuando la Xbox fue lanzada en Estados Unidos el 15 de noviembre de 2001 yo ya llevaba un par de años en el laboratorio técnico de PC Actual, y el mundo de los videojuegos tenía bastante cobertura en aquella época. Una época, por cierto, que Sony -con permiso de Sega y Nintendo- parecía tener dominada con su PlayStation y su PlayStation 2, y nadie confiaba demasiado en las posibilidades de una consola desarrollada por una Microsoft que parecía estar pez en el tema.
De hecho, la Xbox comenzó su andadura tímidamente. Títulos como Halo demostraron que el concepto de “un PC dentro de una consola” de Microsoft tenía muchas ventajas, sobre todo porque las facilidades para los desarrolladores eran obvias. Pero en mi opinión hubo otro factor esencial en el éxito de la consola de Microsoft:
La piratería.
La Xbox se puedo hackear desde muy pronto, y eso le dio una popularidad adicional. No todo el mundo pirateaba, desde luego, pero eso hizo que se vendiesen más consolas y que a la larga se desarrollasen más juegos. Curiosamente, la piratería no acabó con la consola -como sucedió con la PSP- sino que pareció darle un empujón muy de agradecer para ir comiéndole el terreno a una PlayStation 2 para la que también había piratería, pero cuyos títulos eran más complicados de desarrollar, y a las consolas de Nintendo como la GameCube, que en aquel momento usaba CDs.
AMD ha presentado hoy sus Opteron 6200, que forman parte de la familia Interlagos, y que llevaban tiempo prometiendo un logro que hace unos años hubiera sido probablemente considerado como una utopía: ofrecer 16 núcleos de proceso independientes. ¿Cuál ha sido la cobertura en prensa? Mínima. La razón es clara: la batalla por el gigahercio ya no interesa al gran público friki, y tampoco parece hacerlo ya la batalla por el micro con más núcleos o ‘cores’. Porque lo que ahora está de moda es la eficiencia.
De hecho, los chips de la familia Interlagos no es que sean unos tragaldabas energéticos: la nueva arquitectura Bulldozer sirve para dar más por menos, y eso afecta a un consumo bastante decente (entre 85W y 140W), sobre todo si consideramos toda la potencia que es posible sacarle a estas bestias del proceso.
Lamentablemente nos enfrentamos al mismo problema de hace años, cuando comenzó la fiebre multicore: no hay aplicaciones prácticas que saquen provecho de estos micros, y salvo en contados escenarios -virtualización, probablemente, el más manido- los micros multicore tienen pocos argumentos para causar asombro o expectación. La eficiencia y el ahorro están a la orden del día, y los micros ARM que comienzan a usarse en algunos servidores -y la cosa va a más- están dejando claro que la crisis mundial nos ha hecho pensarnos a todos en lo de que no necesitamos un Ferrari si luego vamos a tenerlo que llevar a 70 por la M30.
No recuerdo la última vez que metí un CD en el ordenador para reproducirlo. Mi colección de CDs, que no es que fuera demasiado llamativa -aunque “atesoro” prácticamente todo lo de Texas, mi grupo favorito- lleva meses cogiendo polvo en los estantes de casa, y hace años que toda la música que escucho proviene de la red de redes.
Esta realidad no es únicamente mía, me temo: apuesto a que muchos de vosotros también tenéis una amplia colección digital en el ordenador, y que vuestros CDs no son ya prácticamente más que meros objetos decorativos. Los usuarios ya no quieren cargar con el CD, y las productoras lo saben: EMI, Universal y Sony no hicieron comentarios sobre el “colapso” que están sufriendo las tiendas tradicionales en todo el mundo, y según SideLine, la mayoría de esas grandes productoras musicales no ofrecerán CDs más que en el caso de ediciones limitadas.
Es curioso que ante el declive casi definitivo del CD el formato que vuelva a renacer sea el vinilo, aunque sea también de forma casi simbólica y para un público mucho más comprometido con la calidad y la “textura” del sonido. La mayoría nos acabamos conformando con los MP3 de toda la vida, y parece mentira que este formato con unos 20 años de vida no haya tenido un sucesor técnicamente superior -y haberlos haylos- que haya logrado acabar con su popularidad. Ese formato y la explosión definitiva de Internet como medio de distribución musical (y audiovisual, ese es el otro gran afectado en este campo) han hecho que más temprano que tarde digamos adiós a un formato legendario. Se repite la historia. Video killed the radio star.
Hace tiempo que hablé del buen camino que para mi estaban tomando los servicios de Google en cuanto a su rediseño. Blogger es un buen ejemplo, pero ni siquiera está del todo integrado en el resto de cambios de look de Google, que ha afectado al propio buscador y que a raíz del lanzamiento de Google+ -con una interfaz excepcional- se ha ido aplicando a otros servicios. Los últimos en llegar han sido Google Reader y Gmail, que visualmente parecen fantásticos. Lamentablemente, una vez metidos en harina la cosa cambia de forma importante.
El caso más peligroso es el de Google Reader, que han querido integrar quizá demasiado con Google+ y que ha acabado limitando con mucho las opciones que usaban los Power Users. Se ha comentado mucho sobre esas decisiones que Google ha tomado por nosotros, y aquí hay un excelente post al respecto. Aunque uso Reader a diario, no soy de los que lo hace compartiendo contenidos, así que en cierta medida el cambio no ha sido tan dramático para mi. (Actualización: parece que ya hay solución parcial.)
En Gmail la cosa es más compleja: me encanta el nuevo diseño, más limpio y muy en línea con la nueva imagen de los servicios de Google, pero hay un pero importante: el servicio ofrece ahora tres “densidades de pantalla” (“Display Density”) que podemos seleccionar en cualquier momento en la parte superior derecha de la interfaz. Esas densidades son Comfortable (pantallas grandes), Cozy (pantallas normales) y Compact (pantallas pequeñas). Todas muy bonitas, pero que tienen un gran, gran problema de usabilidad.











