Archive for junio, 2011
Linux y el Open Source tienen cosas alucinantes, y hay desarrollos increíbles que se usan por parte de millones de usuarios y muchísimas empresas y que demuestran la validez de este modelo. Los ejemplos son casi innumerables, pero junto a esa fantástica capacidad de los proyectos Open Source, nos encontramos con un problema grave: que muchas aplicaciones (sobre todo, muchas pequeñas aplicaciones) tienen una interfaz lamentable.
El problema está en que en el mundo Open Source hay muchos buenos desarrolladores, pero muy pocos (y menos, buenos) diseñadores. Los programadores son programadores, y, admitámoslo, escriben el software (sobre todo) para programadores. La usabilidad no es uno de los fuertes de Linux, aunque KDE y GNOME afortunadamente han mejorado en mucho ese apartado. Pero claro está, el problema no es solo de los entornos de escritorio y sus gestores de ventanas o shells (Unity y GNOME Shell están muy lejos de ser perfectos), sino de las aplicaciones, que los programadores desarrollan sin prestar demasiada atención (probablemente, porque no tienen base para ello) a la interfaz de usuario. Las librerías GTK+ y Qt deberían ayudar, pero aún así hay muchas cosas por hacer.
Y claro está, ahí sería fundamental la ayuda de buenos diseñadores. Canonical está prestando mucha atención a ese apartado, y aunque se les critica que copien mucho a Mac OS X, lo cierto es que están copiando (o adaptando) buenas cosas de un sistema que presume de ser especialmente usable. Y bonito, por demás. En Linux el nivel de personalización es tal que la unificación de criterios es mucho más compleja, y por tanto, las interfaces son de su padre y de su madre.
Últimamente el tema de la seguridad informática está muy de moda. Parece que todo tipo de organismos y empresas están cayendo bajo el ataque de hackers -LulzSec ha sido protagonista especial estos días- y eso ha hecho que estemos algo más sensibles ante el tema. Los sustos pueden venir por doquier, y ahora ha aparecido un aterrador documento que me ha hecho darme cuenta de que necesitaba un grado más de seguridad en Gmail.
El documento, publicado en inglés en el blog de un usuario llamado Martin De Wulf, nos relata cómo la cuenta de Gmail de su novia fue hackeada de buenas a primeras. Nuestro sufrido usuario consiguió que Google restaurara la cuenta gracias aun formulario -el enlace proviene de este útil artículo en Labnol- en el que rellenó algunos datos que lo autentificaban como el dueño original. Sin embargo tras recuperarla vio como había perdido los contactos -que no pudo recuperar a pesar de existir un servicio que ayuda en ese apartado- y algunos correos, y lo que es peor: al cabo de unas horas se la habían vuelto a hackear, y vuelta a lo mismo.
De Wulf repitió el proceso un par de veces más hasta que se dio cuenta de que a través del portátil de la novia había algún troyano instalado -quizás un keylogger- que volvía a darle acceso a la cuenta a los hackers. Logró cortar esa vía de acceso, y recuperar (más o menos) el funcionamiento normal de la cuenta de la novia. Afortunadamente para la novia de nuestro protagonista, la cuenta de correo de Gmail no era su cuenta de correo principal.
Desafortunadamente para mi, perder mi cuenta de Gmail sería un vedadero desastre.
Para los que nos hemos aficionado a la fotografía digital lo de capturar el momento con la exposición y el enfoque adecuado es uno de los objetivos básicos. Y desde luego, no siempre lo conseguimos -al menos en mi caso-, así que la idea es la de siempre: prueba y error. Disparas mil, y vale una. Hasta ahora los sistemas de enfoque de las cámaras DSLR eran teóricamente perfectos para dar el protagonismo a la zona que uno quería, pero claro esta, al hacerlo siempre perdíamos información.
Ahí es precisamente donde entra Lytro, una empresa que ha ideado sus cámaras de forma que estas capturen lo que llaman “fotos vivas”, con unos sensores que no capturan una cantidad finita de información: los sensores de Lytro capturan el “campo lumínico” completo. ¿Qué permite eso? Pues que el usuario cambie el enfoque de la foto una vez está en nuestras manos. Algo sencillamente alucinante. Atentos al vídeo:
Obviamente la técnica no siempre es ideal -habrá momentos en que el llamativo efecto de la profundidad de campo no sea necesario, o deseable- pero la potencia que ofrece Lytro es impresionante para aficionados y profesionales de la fotografía, que se olvidarán de tener que enfocar la imagen, puesto que ese trabajo se hará más tarde, en el revelado digital.
Te falta lo mejor de esta entrada…
“¿Cuánto ganas?” es probablemente una de las preguntas que muchos desearíamos hacer con nuestros conocidos y contactos, y que nunca se hacen porque demuestra una falta de educación total a la que la otra parte solo tiene que responder con “¿Y a ti qué te importa?”. Sin embargo, conocer los sueldos tanto de nuestros conocidos como de los que no conocemos es más interesante de lo que podría parecer en primer término, algo que comentan en BNet.
Ocultar los sueldos es de hecho una herramienta muy bien aprovechada por los empresarios para poder ahorrarse un buen pico al reclutar nuevos empleados, pero si esos sueldos fueran públicos sería muy complicado que las empresas pagaran de forma injusta a sus empleados. Los departamentos de Recursos Humanos seguramente protestarían por esa filosofía, que según ellos haría que hubiese aún más quejas de las normales y que provocaría más y más odiosas comparaciones -”¿Por qué Pepito cobra más que yo, si hago más/mejor mi trabajo?”-.
El argumento tiene su valor, pero para quienes creemos en las meritocracias -pagas más y das más responsabilidad a quien más rinde y cumple, punto pelota- lo de conocer el sueldo del de al lado sería lo más normal no solo para que las empresas no timasen a los empleados: también lo sería para que se fomentara la competitividad. Si cobras menos, campeón, será porque te lo has ganado. De hecho, esa compensación sería más justa porque también sería posible valorar -en muchos casos, cuidado, no en todos- que alguien ha hecho su trabajo y lo ha hecho como debe.
Pero claro, no es tan fácil dar ese primer paso.

Hace un par de días que se pusieron a la venta los Chromebooks de Google, con dos modelos iniciales de Samsung y Acer que tratan de reinventar el concepto de netbooks pero basándolo todo además en el nuevo sistema operativo de Google, Chrome OS. Ya sabéis que no soy muy amigo de Chrome OS. Lo compilé, lo estuve usando unos días, y me pareció una verdadera pérdida de tiempo. Y ahora algunos cibergurús ciberfamosetes confirman mis impresiones.
Entre ellos, David Pogue, el simpático redactor del NYT que ha tenido uno en sus manos durante unas semanas. Sus impresiones coinciden con las mías, pero es que además el siempre interesante John Gruber, de Daring Fireball, aporta su granito de arena. Y cito:
David Pogue:
Truth is, considering how stripped-down the Samsung is, you have to wonder why it’s as big, heavy and expensive as it is. You can find plenty of full-blown Windows laptops with the same price, weight and size.
Maybe the Chromebook concept would fly if it cost $180 instead of $500. Maybe it makes more sense if you rent it (students and corporations can lease Chromebooks for $20 to $30 a month). Maybe it will fly once this country gets free coast-to-coast 4G cellular Internet, which should be just after hell freezes over.
For now, though, you should praise Google for its noble experiment.
Really? Why? Would everyone have praised Apple for its “noble experiment” if the $500 iPad had been too big and heavy, felt like it was worth only $180, and was “a 3.3-pound paperweight” when offline? Fuck that. This is the big leagues. There is no credit for trying.
Y no tengo nada más que decir.
Parece que no aprendemos de los errores, algo que hoy en día es además el doble de peligroso porque la situación actual es económicamente lamentable. Y aún así nos encontramos ante unos cuantos síntomas que apuntan a una nueva burbuja tecnológica como la que sufrimos nada más pasar de milenio. Da igual que la economía esté en recesión: las empresas tecnológicas están que lo tiran.
El ejemplo perfecto, la entrada en bolsa de LinkedIn y Pandora, que de repente han sido como las dos grandes esperanzas de la economía en Estados Unidos, y que han permitido que ambas recauden un buen pastizal gracias a los ¿incautos? inversores que creen en que el valor de dichas entidades es el que se refleja en su cotización bursátil. No creo que ninguna de ellas valga lo que se está pagando, pero aquí hay un caso especialmente delicado.
Que es, como no, Facebook. Ya se habla de una salida a bolsa que haría que el valor de Facebook en el mercado fuera de 100.000 millones de dólares. Cien-mil-millones. Es una cifra absurda para una empresa tecnológica cuyos ingresos son un misterio, como también lo son sus métodos de monetización de su red social. Apple, con productos mucho más tangibles, tiene una valoración de 301.900 millones de dólares a día de hoy, pero es que ellos venden algo. ¿Qué vende Facebook? Un negocio que parece comenzar a flaquear.
Y vamos con la segunda parte de esta miniserie dedicada a esos gigantes venidos a menos. Google, el primero de los protagonistas, dio una conferencia ayer en la que trató de ofrecer su nueva visión sobre las búsquedas. No me convencieron de nada. Deberían dedicarse a hacer sus resultados más relevantes, y no tanto a “adivinar” lo que estamos buscando o a facilitar las búsquedas en móviles, para las que poca gente -creo yo- usará el tema de las imágenes, sinceramente.
Pero corramos un estúpido velo. La lista de grandes empresas que comienzan a dar señales de cansancio y de su poca preparación para los nuevos tiempos es muy larga -esta miniserie podría convertirse en toda una telenovela- pero la otra gran protagonista de este escenario es, sin lugar a dudas, Microsoft. El gigante del software mundial no tenía quien le tosiese en los 90, pero llegó Internet. Y en Redmond se enteraron tarde.
Microsoft parece querer vivir del pasado. Las licencias de sus sitemas operativos y de otros productos software -con Office a la cabeza- son las que le sacan las castañas del fuego, pero hay muchos apartados en los que no acaban de cuajar. Prácticamente en todo lo que se refiere a Internet, y eso que están haciendo esfuerzos muy válidos, como Bing o Bing Maps, que funcionan realmente bien y que han logrado captar el interés del mercado. Pero puede que hayan llegado tarde a la fiesta.
Brutal el artículo de Wired que se publicó el jueves pasado y que ha sido ahora cuando se está propagando por todas partes. “For Apple, yesterday’s banned apps are tomorrow’s great new feature” el redactor, Eliot Van Buskirk da en el clavo con una situación de la que muchos ya se habían quejado. La maravillosa e ideal App Store que permite a los desarrolladores hacer dinero de forma “fácil” es también otro de los jardines amurallados de los de Cupertino. O juegas con sus reglas o no juegas. Pero da igual que intentes entrar: Apple utilizará tu esfuerzo sí o sí:
Sometimes, they act like a big, unpaid R&D lab for incubating features that Apple can eventually incorporate into its own products — even after banning those same products from its App Store.
Así es: puede que Apple banee aplicaciones porque violan los términos de uso de la App Store -sobre todo, porque dupliquen funcionalidades- pero también banea aplicaciones que luego aprovecha en su propio interés, copiando ideas de forma bastante poco ética y aplicándolas a nuevas versiones de iOS como si se tratasen de mejoras que se les hubiesen ocurrido como si nada.
En el artículo de Wired citan sobre todo un ejemplo, Camera+, que dejaba hacer fotos con el botón del volumen, y que fue baneada de iTunes (y luego readmitida, eso sí). Y la semana pasada nos encontramos con que en iOS 5 se puede hacer exactamente eso, pero de forma oficial.
Qué-ver-güen-za.











