Archive for mayo, 2011
Lo publicaba esta mañana en MuyComputer, pero la noti era curiosa así que retomo reflexión: hace una década Intel nos prometía que a estas alturas ya dispondríamos de procesadores a 10 GHz, una cifra que pretendía conseguirse haciendo buena una ley de Moore que ha demostrado querer irse por otros derroteros. Pero los 10 GHz nunca llegaron.
De hecho, la batalla por los gigahercios hace mucho que llegó a su fin. En aquel final de los 90 y primer lustro de la década de los 2000 (¿los “cero-cero”? ¿Cómo se dice?) los usuarios compraban el micro más rápido. De hecho, cuando los AMD Athlon alcanzaron el mítico 1 GHz -uno de sus grandes triunfos ante Intel- de repente estos procesadores se volvieron “mejores” que los del rival. Obviamente esas crecientes frecuencias de reloj ofrecían mayores resultados, pero a un precio demasiado alto: la disipación de calor se volvió insostenible.
Eso ha hecho que de un tiempo a esta parte ya no importen los gigahercios. Ahora importa el número de núcleos. Ya no es “Tengo más gigahercios que tú”, no.. Ahora es “Tengo más núcleos que tú”. Pero también ese parámetro se ha vuelto aburrido, sobre todo por una realidad palpable: da igual que nuestro procesador tenga 4, 8 o 16 núcleos: no hay casi ningún escenario en el que podamos sacar partido de estos ingenios.
Si los gigahercios no importan y el número de núcleos no importa, ¿qué importa?
Ayer, después de ver a un Barça invencible y a un Messi prodigioso -el mejor de la historia para mi, y soy madridista- nos pusimos a terminar de ver la tercera temporada de Fringe, una serie que comenzó muy fuerte y con muy buenas sensaciones y que ha acabado aburriéndome a más no poder. La primera temporada es fantástica, pero en la segunda comenzaron los tradicionales problemas. En algún momento los guionistas se quedan sin ideas consistentes, y empiezan a crear una trama absurda.
Y es como una bola de nieve que se va haciendo más y más gorda, hasta llegar al absurdo de una tercera temporada en la que de repente nos encontramos con gente con superpoderes, observadores inmortales -reconozco que estos personajes molan, pero no pegan- universos paralelos, y viajes en el tiempo. Y el problema es que mientras que en los primeros episodios los casos que estudiaban los chicos de Fringe eran complicados -pero finalmente factibles- de explicar por las leyes físicas, en la segunda y tercera temporada se salta al terreno de lo absurdo.
Y así nos encontramos con un final de temporada en el que los responsables de la serie han provocado de nuevo el fenómeno Jumping the shark del que hablé hace un porrón cuando escribía sobre Lost, otra de esas series decepcionantes. Fringe y Lost se parecen en muchas cosas (por ejemplo, en la música, que podría utilizarse de una a otra serie sin problemas), y sobre todo son idénticas en el giro ridículo que comienzan a tomar los acontecimientos a partir de un punto del cual ya no hay retorno.
Qué penita. En fin, a volver a los clásicos. Ahora, a por la última de House, que había guardado en el tintero para verla toda de corrido.
Hace años que la interfaz de usuario de los sistemas operativos modernos apenas tiene variaciones. El paradigma de la interfaz basada en ventanas que se inventó en los laboratorios Xerox PARC y que fue copiado primero por Apple y luego por Microsoft -que a su vez copió de Apple- sufrió una lógica evolución en los años siguientes, pero a partir de Windows 95 la cosa se reduciría a cambios estéticos en el caso del SO de Microsoft, mientras que Apple dio el campanazo con Mac OS X, un sistema operativo que significó un antes y un después en este terreno. Y no solo para Apple.
Aquel sistema operativo destacó casi desde el primer momento por su llamativa interfaz de usuario, con una serie de componentes -como su Dock- y una usabilidad que no fueron igualadas -si es que alguien lo ha logrado- hasta mucho más tarde por sus competidores. Windows 7 ha supuesto un gran esfuerzo a nivel de código interno por parte de Microsoft, y aunque la interfaz está realmente cuidada, en realidad es más de lo mismo.
Y lo mismo podría decirse de Mac OS X, que en sus 7 felinas versiones (Cheetah, Puma, Jaguar, Panther, Tiger, Leopard y Snow Leopard) apenas ha modificado los pilares sobre los que se asentó aquella versión inicial. Puede que no tuviera que hacerlo: si funciona, ya se sabe, mejor no tocar.
Esa no parece ser la filosofía de los entornos de escritorio Linux, que en 2011 han visto dos de las revoluciones más importantes en lo que a paradigmas de interfaz de usuario se refiere. Porque admitámoslo: Unity y GNOME 3 con GNOME Shell son propuestas que la gente podrá criticar, pero a las que no se les puede negar una cosa: son revolucionarias.
El 19 de mayo de 2001 se inauguró la primera tienda física de Apple en Virginia, EE.UU. Aquel primer establecimiento fue criticado por muchos, incluidos algunos medios prestigiosos como BusinessWeek, que metió la pata hasta el fondo afirmando que aquel negocio no funcionaría. Pero funcionó, y lo ha seguido haciendo cada vez mejor.
Lo cuentan en GigaOM, donde analizan el pasado, presente y futuro de unos establecimientos que son una verdadera maravilla para cualquier friki informático. Hace un año tuve la oportunidad de visitar la famosa Apple Store de la 5ª Avenida en Nueva York y aquello era alucinante: hordas de consumidores se abalanzaban contra los productos como si la tienda estuviera en liquidación (que no lo estaba). Pero es que parece que todo en las Apple Store invita a eso.
Diez años después hay 324 tiendas Apple, y hace unos meses llegaron a nuestro país con sendas inauguraciones en Madrid y Barcelona -para alegría de los maqueros nacionales-. La devotos de Apple ya tienen por tanto sus particulares templos en las dos ciudades más importantes de nuestro país, y lo mismo ocurre con el resto de las Apple Store, lugares que ya no solo son espectaculares en ventas: la gente las visita como si se trataran de una atracción turísitica más. Eso, amigos míos, es alucinante.
Y de postre, vídeo para nostálgicos. Steve Jobs enseña la primera Apple Store días antes de su apertura final.
Post dedicado a una de esas preguntas tontas que en realidad son todo menos tontas. Cuando Google lanzó su sistema operativo para dispositivos móviles pudo presumir de muchas cosas, pero curiosamente no integró en esta plataforma uno de sus desarrollos estrella, Google Chrome. El navegador de Android se llama simplemente así, “navegador” (“Browser”) -aunque hay unas cuantas opciones más que interesantes-, y aunque se comporta de forma decente está claro que esa parte de Android tiene poco que ver con Google Chrome.
En TechCrunch se preguntan lo mismo que yo -de hecho, simplemente he continuado esa reflexión- y señalan que en la reciente Google I/O a alguien se le ocurrió hacer la pregunta tonta. Y ninguno de los listos de Google supo contestar. O más bien, no quiso. ¿Por qué? Pues porque Google está jugando a un juego peligroso. El de tener un plan A y un plan B sabiendo que es muy probable que uno de los dos fracase.
En realidad esa reflexión no es nueva: yo mismo lo comentaba en aquel post titulado “Google: ¿Para qué seguir con Chrome OS cuando ya tienen Android?” y un año después la cosa no ha cambiado demasiado. Google lanzará Chrome OS por fin oficialmente el próximo 15 de junio, y yo diría que se meterá un porrazo de dimensiones importantes.
Y será entonces cuando no tengan más cojones que meter de una vez Chrome en Android.
Últimamente se oye hablar mucho de Bitcoin, una moneda virtual que fue creada en 2009 por parte de Satoshi Nakamoto -no se sabe si eso es un alias o un nombre real-. La idea tras la cual está este singular desarrollo es la de crear un sistema descentralizado y con algunas de las ideas de otras redes P2P.
Lo explican en la Wikipedia, donde señalan que entre otras cosas Bitcoin es una moneda que proporciona una función muy interesante: el anonimato. Mientras uno tenga una “dirección Bitcoin” podrá enviar y recibir monedas, pero la seguridad y cifrado de las transacciones hacen que estas sean imposibles (bueno, vamos a dejarlo en muy chungas) de trazar.
Ese es precisamente uno de los puntos que destaca en un reciente artículo Jason Calacanis, que llama a este proyecto “el más peligroso que ha visto nunca”. Por ejemplo, porque algunos las están usando ya para comprar drogas de forma anónima. La exposición de Calacanis es interesante, pero quizás algo negativa, demasiado rollo SGAE.
Parece mentira, pero hace nada menos que 6 años que nació Incognitosis. El acelerador comienza a funcionar, y como dicen nuestros mayores, cuanto más edad tiene uno, más rápido parece que pasa el tiempo. Cinco cumpleaños en el tintero (-el 1º no lo celebré-, 2, 3, 4 y 5), 1.260 entradas y 9.419 comentarios después aquí me tenéis, mucho más liado que cuando empecé -qué tiempos aquellos en los que tenía muuucho más tiempo libre para trastear- pero igualmente encantado de poder tener un pequeño espacio web para pensar en voz alta.
Este año no hay rediseño -Incognitosis v5.0 me gusta mucho, aunque hay cosas mejorables, como la cabecera-, así que me temo que dejaremos Incognitosis v6.0 para otra ocasión. Lo importante, dicen por ahí, son los contenidos, y aunque me prodigo bastante menos por diversos temas personales y profesionales, mi idea es que el ritmo se relaje y que pueda volver a frecuentar aún más la redacción de esos magníficos posts que me caracterizan
Solo me queda, como siempre, celebrarlo con todos los que me leéis o me habéis leído en algún momento. Gracias de corazón. Seguro que no me habría animado a seguir tanto tiempo sin muchos de vuestros comentarios, así que intentaré seguir tostando vuestros lectores de feeds RSS y vuestras cuentas de Twitter y Facebook. ¡Felicidades!
En primer lugar, gracias por los comentarios a la anterior entrada
La verdad es que vuestras opiniones han servido para ir encauzando el tema, y como hoy he estado un rato estudiando el tema, quería apuntar algunas conclusiones preliminares.
La verdad es que el servicio de DoctorSIM está impresionante, lo vi de pasada ayer en alguna web y ahora he podido subir facturas (Mourelle, sí que es compatible, gracias) para ver. Lamentablemente mi variación de consumo no ayuda mucho, y no me ha ofrecido propuestas válidas, pero el sistema normal de recomendación sí me ofrece tarifas de PepePhone y de MásMóvil.
De todos modos sigo teniendo bastantes dudas. Actualmente tengo la Tarifa 3 céntimos de Simyo, con 500 MB al mes de datos, por 6,95 euros de fijo más lo que gaste en llamadas, que es muy similar a la 3 céntimos de MásMóvil y a la tarifa Ratoncito y Elefante de Pepephone. La tarifa Lobo con Piel de Cordero (2,4 cts/min, 15 cts establ, 550 MB datos por un fijo de 8,5 €/mes más llamadas) tampoco está mal porque baja un poco el precio por minuto.
Pero el problema es el mismo en todos los casos: el establecimiento de llamada. Así que… ¿Y si buscara una tarifa sin establecimiento de llamada? Aquí las cosas se ponen interesantes.
Si habéis estado por aquí sabréis que hace unas semanas comenzó una nueva aventura empresarial en mi vida. Como orgulloso franquiciado con mi hermano de un local de la cadena 100 Montaditos (si pasáis por Avenida de Europa 11, en Pozuelo, ya sabéis) ha habido unos cuantos cambios en mi vida, uno de los cuales está muy relacionado con la tecnología. Se trata de mi uso del móvil.
Hasta la entrada en el nuevo negocio mi uso del móvil era muy, muy reducido. Llamadas a amigos y familiares, pero con mucho control porque como ya he comentado alguna vez, no me va lo de las largas parrafadas telefónicas, ni desde el móvil ni desde el fijo. Sin embargo ahora mi uso del móvil se ha disparado. Ni intentando controlar el gasto he podido minimizar el impacto de tener que llamar a un montón de gente todos los días, sobre todo durante la preparación de la apertura y primeras semanas de marcha del negocio.
Eso, claro, me ha hecho plantearme mi tarifa móvil. Hasta ahora era un usuario muy contento con Simyo, una operadora que me da total libertad y que para mi plan de uso controlado era perfecto. Pero ahora la cosa no marcha: mis necesidades han cambiado, así que la pregunta es, hacia dónde tirar… si es que hay alguna opción válida.












