Archive for marzo, 2011
¿Cómo elegimos lo que queremos en un restaurante? ¿O la ropa que compramos? ¿O el portátil que nos vamos a comprar? ¿O el nombre de nuestros hijos e hijas? Es lo que trata de dilucidar el libro “The Paradox of Choice – Why more is less” de Barry Schwartz, que no me he leído pero cuya idea central sí que he podido conocer gracias a un interesante artículo a la Wikipedia.
Ese artículo habla de un principio fundamental del proceso de elección: demasiadas opciones perjudican. “Eliminar las opciones para el consumidor reduce la ansiedad del comprador“. Una idea clara, racional y coherente que luego es refrendada por varios análisis. Por ejemplo, cómo elegimos. Es curioso saber que por ejemplo diversos estudios revelan que la mayoría de la gente da mayor importancia a las “evidencias anecdóticas” que a las “evidencias expertas”. Yo no llamaría a mi hijo o hija de tal manera, no porque ese nombre me parezca más o menos feo: a menudo es por las anécdotas de la gente que conozco con ese nombre. Curioso.
Es una de las ideas que transmite esa paradoja que al final es válida en todos los campos y que a mi me recuerda especialmente a uno del que ya he hablado -¿recordáis los tarros de mermelada?- y que es el ejemplo perfecto: el número de distribuciones Linux. ¿Hay demasiadas? Bueno, según se mire. ¿Es eso perjudicial para el usuario medio? Seguro.
Hoy se cumplen 10 años -buen repaso de ComputerWorld- del lanzamiento de Mac OS X ‘Cheetah’, la primera versión del sistema operativo de Apple que lo cambió todo en la empresa de Cupertino. Y como buen seguidor de los sistemas operativos -de los que cada vez me considero más agnóstico, uso lo que mejor me va en cada momento- era imposible no dedicarle el post de hoy a este eminente aniversario.
No es necesario ahondar aquí en el origen y en los detalles técnicos que envolvieron a aquella primera versión: el artículo de la Wikipedia narra muy bien esos principios y esa herencia de NeXTSTEP. Lo que sí es digno de mención es el hecho de que Apple por fin ofreció una multitarea pre-emptive (nunca supe cómo traducir ese término), que llevaba disponible en Windows desde Windows 95 y que ya era una realidad en Amiga OS en 1985.
Sin embargo la verdadera revolución para el común de los mortales fue su interfaz visual. Aqua era inigualable en la época, y de hecho 10 años después los pilares de aquella interfaz de usuario se siguen manteniendo. Mac OS X es ahora más refinado, más elegante, más eficiente. Pero no hay tanta diferencia con respecto a aquella versión original.
Seguimos con el tema navegadores: si ayer hablaba del éxito -siempre visto con perspectiva, por supuesto- de Firefox 4 respecto a Internet Explorer 9 en número de descargas (el primero ha triplicado al segundo en sus primeras 24 horas de existencia), hoy le toca el turno a Chrome 11, un navegador que por el momento está disponible en fase beta y que ha sido noticia por varias novedades.
La más llamativa a nivel visual es el cambio de logo, que afecta tanto a Chrome como a Chromium (decidlo 3 veces muy rápido a ver si podéis) y que hace que nos olvidemos un poco del diseño que recordaba tanto al juego Simon y que ahora tiene un acabado más plano y más ‘presentable’ en algunos apartados. A mi no me acaban de convencer ninguno de los dos nuevos diseños, pero supongo que todo será cuestión de acostumbrarse. Sea como fuere, ese cambio estético es una chorrez.
Y lo digo sin ánimo de ofender, porque es tal la potencia del equipo de desarrollo de Google Chrome que su ritmo de crecimiento es, tal y como yo lo veo, inigualable. Nadie puede competir con Google en su modelo de desarrollo: las actualizaciones son muy frecuentes, y todas ellas aportan algo significativo. Para ver esos cambios en otros desarrollos tenemos que dejar pasar meses. ¿De qué cambios hablo? Un dos tres, responda otra vez…
Hace bien poquito tuve la oportunidad de conocer a uno de los evangelistas de Microsoft en las oficinas de la empresa en Pozuelo, y aunque no hablamos directamente de eso, poco después comentamos vía Twitter cómo el lanzamiento de IE9 a las pocas horas había tenido un éxito bastante relevante: 2,3 millones de descargas en las primeras 24 horas de su disponibilidad no son moco de pavo. Pero claro, la cosa no era tan notable cuando comparaban esa cifra con los 8 millones de descargas que Firefox 3 cosechó en sus primeras 24 horas de existencia.
Mozilla acaba de sacar al mercado Firefox 4 en su versión final después de meses y meses de ir adelantando versiones preliminares de un navegador que tratará de competir con más garantías frente a un intratable Google Chrome y, por supuesto con sus otros rivales: Opera, Safari, y, cómo no, Internet Explorer, para el que hasta hace no mucho representaba la principal amenaza. Pero llegó Chrome, y la batalla entre IE y Firefox ya no tenía tanto interés. Ahora es Chrome quien les come el terreno a todos.
Sea como fuere, la expectación generada por Firefox 4 parece notable, y lo demuestra el hecho de que en las primeras horas de su disponibilidad ya lleva más de 3,3 millones de descargas (ver el contador en tiempo real aquí), así que es fácil que doble la cifra lograda por IE9 en su debut en el mercado. Teniendo en cuenta que Microsoft tiene su software instalado en la inmensa mayoría de PCs y portátiles de todo el mundo, ¿porqué el interés por IE9 ha sido menor que el generado por Firefox 4?
Estoy teniendo unos días muy agitados últimamente a nivel profesional, así que apenas sí tengo fuerzas o ganas de publicar algo en Incognitosis, de modo que, en primer lugar, disculpas a los que me leéis de cuando en cuando. Pero vamos al tema: estoy empezando a preocuparme seriamente por un tema en el que parece que nadie innova a pesar de que en todo lo demás parece que la tecnología avanza a pasos agigantados.
Hablo de las baterías que se utilizan en todo tipo de dispositivos móviles, y que está claro que se están quedando muy cortas en la mayoría de los casos. El ejemplo perfecto es mi HTC Desire. Tengo que cargar el smartphone todos los santos días, y lo que me supera es que si lo dejo encendido (en espera) durante toda la noche, el consumo baja aproximadamente entre un 5 y un 10%. Asombroso, sobre todo por el hecho de que se supone que el móvil está en espera.
En realidad la cosa tiene cierta lógica. Hoy en día los smartphones disponen de procesadores especialmente potentes para lograr dar todas las funcionalidades que encontramos en estos miniordenadores, pero lo que no entiendo es que al igual que hay muchas tecnologías de gestión de energía en procesadores de sobremesa y portátiles, no existan dichas alternativas -o no lo parezca- en el mundo de la movilidad. Una de dos: o realmente es muy complicado innovar en tecnología de baterías para móviles, o alguien nos está tomando el pelo a miles de millones de usuarios.
Hace unos días probablemente oyerais algo sobre el problemón temporal que tuvieron algunos usuarios de Gmail, tanto aquellos “normales” como los que llegaron a pagar más dinero por tener más capacidad de almacenamiento. El caso es que sin comerlo ni beberlo esos usuarios se encontraron sin poder acceder a una pequeña parte de sus correos.
El susto no pasó a mayores, porque Google se guardaba un as sencillamente magistral en la manga. Todos pensaríamos que Google ya dispone de suficientes coquitos como para poder descartar ciertas tecnologías “pasadas de moda”. Sus servidores deberían estar preparados para todo, y sin embargo fallaron. Pero no importaba.
Porque Google, por increible que parezca, también usaban cintas magnéticas de las de toda la vida para mantener un backup secundario de todos esos datos. No puedo ni imaginar qué tipo de montaje tendrán preparado para este tipo de backup secundario, pero desde luego es una fantástica noticia que Google se cubra las espaldas por partida doble para solucionar un problema que no les hizo despeinarse demasiado… afortunadamente para los usuarios.
No soy diseñador web, pero es uno de los temas en los que más interés tengo desde hace un par de años. Puede que se cumpla el “para gustos los colores”, pero también creo que hay ciertos principios universales que siempre debe cumplir cualquier buen sitio web. Lo que ocurre es que, lógicamente, esos principios no coinciden con el de muchos de mis paisanos. Donde yo necesito aire, otros necesitan todo tipo de elementos. Donde yo busco la simplicidad, otros buscan el máximo de información por píxel.
El tema es que cuando uno trabaja en un nuevo diseño web para sus sitios web -en mi caso llevo haciéndolo desde hace semanas, pero no puedo desvelar aún para cuál de los sitios web en los que trabajo- se encuentra con el problema de tratar de llevar a los compañeros “más o menos” por tu camino. O más bien, a aunar esfuerzos. Es lo que hemos conseguido tras varias reuniones muy duras -es lo malo de querer llegar a consenso entre usuarios de distintas culturas “digitales”- y lo cierto es que el resultado merecerá (creo) la pena.
Pero claro está, no soy un experto. Cuando comenzamos a trabajar en el citado rediseño consultamos posibles candidatos profesionales para el cambio de look. Las empresas contactadas tenían proyectos interesantes, y alguna de ellas se había encargado del diseño de webs muy importantes (léase Ikea). Y claro está, sus presupuestos eran igualmente importantes. Y en estos tiempos en los que el ahorro es primordial acabamos tirando por el camino menos transitado: el nuestro.
Estos días ando un poco más ocupado de lo normal (que ya era bastante) y se me han escapado varios temas de los que me hubiera gustado hablar. Pero como me sobrepasa la información, iré con una pequeña reflexión, o más bien, un comentario, de lo que sucedió ayer en la presentación del iPad 2.
En primer lugar, fantástica la aparición sorpresa de Steve Jobs. Con un aspecto cada vez más desmejorado, ver al bueno de Steve fue probablemente la mejor noticia de todas. No creo que sea síntoma de su recuperación, y dudo mucho -ojalá me equivoque- que el CEO de Apple tenga muchas más oportunidades de dar una de sus famosas keynotes. Pero como siempre su ritmo, su precisión y su ejecución fue perfecta. Jobs es el orador por antonomasia, pero es algo que no ha logrado así como así: sus sesiones de ensayo son largas y duras (gracias por el enlace, Andew), y todo está medido y fijado para impactar en el momento justo.
El resultado se puede comprobar como siempre gracias a la retransmisión en diferido del evento en Apple.com. Y como siempre, no es posible embeber ese vídeo. Apple se cuida muy mucho de ofrecer un livecast de ese vídeo -algo que no logro comprender- y de permitir que alguien grabe vídeo del evento mientras lo presencia. Pero ese es otro tema más ligado a la filosofía secretista y ultracerrada de la empresa de Cupertino.











