Archive for agosto, 2010
“La corta historia de la industria informática está dominada por dos eventos muy bien conocidos del triunfo y el fracaso de ciertas empresas. El primero es la historia de cómo los fabricantes de mainframes se equivocaron al no tomarse el ordenador personal en serio hasta que no fue demasiado tarde. La mayoría de ellos se desvanecieron en el tiempo, y los que no lo hicieron siguen sin dominar la industria del PC.
El segundo es la historia de cómo Apple Computer se negó a licenciar su innovador sistema operativo a otros fabricantes de hardware en aquellos tiempos iniciales en los que se estaba produciendo la revolución del PC, y acabaron cediendo el mercado a Microsoft, que licenció su sistema operativo de forma amplia”.
Así comienza el fantástico artículo que publicaron este fin de semana en Wired y que analizaba los errores que Apple cometió en el pasado y que ahora parecen volver a repetirse. Muchos maqueros -los veteranos especialmente- seguramente recordarán aquellos interminables debates y polémicas sobre si licenciar Mac OS (cuando aún se hablaba de las versiones 7, 8 y 9) era el paso correcto para tratar de dominar este mercado. Ahora nunca lo sabrán: Jobs dejó claro que esa no era su visión del ecosistema Apple, y jamás ha dado marcha atrás en su decisión, aunque luego haya hecho algunas concesiones -iPod/iPhone conectables a Windows, iTunes…-.
Lo cierto es que a Apple no le ha ido nada mal, y no hablo ya de los iPod, iPhone o el prodigioso iPad. Hablo de sus Macs de sobremesa y portátiles, que triunfan -sobre todo en EE.UU., donde el culto al Mac es muy superior al que existe en el resto del mundo- y que desde hace unos añitos se han comenzado a convertir en una referencia importante en todo el mundo. Sin embargo, podrían haber llegado a mucho más. Y ese es el problema que ahora amenaza al iPhone o al iPad.
“Mis facturas telefónicas están encogiéndose. No, lamentablemente no en el coste. Me refiero a que se están haciendo más cortas. Hace poco encontré una vieja factura de hace una década. Era una factura de 15 páginas de extensión, porque en aquel momento hacía un montón de llamadas -cerca de 20 llamadas internacionales al día. Hoy mis facturas son como mucho de dos o tres páginas“.
Así comienza un impresionante artículo de Clive Thompson -con blog propio, algo descuidado, aquí- de la revista Wired del mes de agosto de 2010, en el cual este redactor reflexiona sobre el sentido práctico de las llamadas telefónicas hoy en día cuando las comparamos con otros medios de comunicación digitales que se han vuelto imprescindibles para nosotros. Y no le falta razón en una de sus conclusiones: el teléfono molesta.
Así es. “El teléfono no proporciona información sobre nuestro estado“, aclara el autor, “así que estamos constantemente interrumpiendo a la otra persona. Las otras herramientas a nuestra disposición son más corteses“.
Cierto.La mensajería instantánea nos permite saber el estado de uno de nuestros conocidos, de forma que si tiene un aviso de que está ocupado es mejor esperar a otro momento para contactar con él. Y es lo que podría hacer que el teléfono perdiese parte de su sentido como medio de comunicación. Pero no todo. A ver quién es el guapo que le dice a su madre que está ocupado sin crear un conflicto familiar apocalíptico.









