Siguen las reflexiones derivadas del lanzamiento de ese nuevo y polémico dispositivo de Apple llamado el iPad. En el anterior post hubo comentarios muy interesantes, como un par que realizó Kike en los cuales se dejaba claro que quizás estuviésemos viendo el iPad desde el punto de vista equivocado.

Este gadget no está pensado para nosotros, frikis tecnológicos a quienes les gusta trastear con cacharritos.

Está pensado para gente que no quiere pensar.

Eso, dirán algunos, no es necesariamente malo: bastantes complicaciones tenemos ya en la vida como para tener que estar pensando en cómo funciona algo o cómo sacarle todo el jugo. Pero resulta que gracias a eso de pensar hemos llegado a donde estamos ahora, y de hecho, probablemente yo no estaría aquí escribiendo esto si una tarde de 1983 (¿o quizás de 1984?) mi padre no se hubiera comprado un misterioso ingenio, en cuya caja solo se distinguían tres letras. C64.

Me pasó algo muy similar a lo que cuenta de forma magistral Mark Pilgrim en su blog. Este programador comenzó a darle al teclado con un Apple ][e, y acabó ganando olimpiadas de programación en EE.UU. Yo desde luego no he llegado a tanto, pero como tantos otros jovencitos de la generación setentera, puedo presumir de que -a mi parecer- he vivido  la revolución tecnológica más importante de la historia.

Pero esa revolución no hubiera existido sin en lugar de aquel C64 con el que me peleaba en BASIC no hubiera sido un C64. ¿Qué hubiera pasado si mi padre se hubiera traído un iPad? Pues lo más probable es que me lo hubiera pasado pipa con él… pero jamás me habría hecho pensar.

Lo explica también de forma fantástica Alex Payne en un post dedicado al iPad en el que también ve ese problema en este ingenio:

The iPad is an attractive, thoughtfully designed, deeply cynical thing. It is a digital consumption machine. As Tim Bray and Peter Kirn have pointed out, it€™s a device that does little to enable creativity…

The tragedy of the iPad is that it truly seems to offer a better model of computing for many people €” perhaps the majority of people. Gone are the confusing concepts and metaphors of the last thirty years of computing. Gone is the ability to endlessly tweak and twiddle towards no particular gain. The iPad is simple, straightforward, maintenance-free…

The thing that bothers me most about the iPad is this: if I had an iPad rather than a real computer as a kid, I€™d never be a programmer today. I€™d never have had the ability to run whatever stupid, potentially harmful, hugely educational programs I could download or write. I wouldn€™t have been able to fire up ResEdit and edit out the Mac startup sound so I could tinker on the computer at all hours without waking my parents.

Porque creedme, todas las razones que expuse el otro día no tienen práctimamente peso cuando uno considera la más importante de todas: el iPad vuelve a ser un dispositivo cerrado a cal y canto. Un producto que no permite que pensemos. Y eso, queridos lectores, es muy, muy peligroso.