Archive for abril, 2009
Hace unas horas se ha empezado a comentar en los medios tecnológicos la sentencia que la corte sueca ha dictaminado en el caso contra los fundadores de The Pirate Bay (TPB). Este tracker BitTorrent es el más famoso del mundo -gracias en parte a escándalos legales como este- pero eso ha ido en esta ocasión en su perjuicio, porque la industria audiovisual ha presionado para demandar legalmente sus actividades en Internet.
Fuente: DeviantArt. Imagen creada por herbman75
El resultado ha sido muy negativo para los cuatro acusados, que han sido declarados culpables y que tendrán que pasar un año en prisión, además de pagar una multa conjunta de casi 3 millones de euros. Apelarán, claro está, y uno de sus creadores ha declarado que TPB seguirá manteniendo su actividad, pero el resultado -sea cual sea el final del largo proceso que aún queda por delante- ya vendrá condicionado por una sentencia que podría suponer un punto de inflexión en el mundo de las redes P2P.
Lo explican muy bien en TechDirt,
“The entertainment industry will gleefully declare victory, and make statements about how this is a major victory against “piracy.” But, in actuality, the exact opposite of that will occur. Unauthorized file sharing continues (or even increases) and it becomes that much more difficult for the legacy industries to win back customers and embrace these new, useful and efficient tools of distribution and promotion”.
Es increíble que los responsables de un sitio web que es meramente un buscador de torrentes haya sido condenados y más con esas duras sentencias. Sí que es admisible el hecho de que hay ánimo de lucro en ese portal -algo que ha tenido en cuenta la corte- pero por lo que yo sé lo que ganaban apenas daba para mantener el tremendo tráfico generado por los nada menos 25 millones de usuarios únicos mensuales que tenían. Volvemos al eterno debate.
¿La culpa es de quien fabrica la herramienta, o más bien del que la usa de forma ilícita?
Así pues, y como dicen en TechDirt, puede que en The Pirate Bay hayan perdido el caso, pero lo que seguro que se ha perdido es una oportunidad para la industria de aprovechar la potencia de las redes P2P para distribuir sus contenidos, algo que siguen negándose a hacer. Siguen sin adaptarse a los tiempos.
Hace unos días Canon presentaba su más que interesante EOS 500D, su nueva DSLR de gama media que heredaba buena parte de las prestaciones de la 5D Mark II y que sobre todo destacaba por los modos de grabación de vídeo HD. Un amiguete me comentó que los modos de grabación de vídeo acaban perjudicando la tecnología de las DSLR, y aunque busqué más info sobre el tema para confirmarlo -sin éxito-, ha habido un punto más importante que me ha hecho darme cuenta de que puede que la Canon EOS 500D no sea la cámara que necesito.
Siempre he defendido la máxima del “cada oveja con su pareja“: un reproductor multimedia no debería permitirte grabar DVDs, y una cámara de vídeo no debería sacar fotos. Puede que esas funcionalidades extra sean útiles para sacarnos de un apuro -las cámaras de los móviles lo demuestran-, pero más allá de esa idea me suelo mantener fiel al refrán. Sin embargo, pensé que la 500D era una de esas excepciones que confirman la regla y que permitirían no tener que cargar con dos aparatos distintos para grabar vídeo por un lado y sacar fotos por el otro.
Pero el problema no es que la cámara pueda perder calidad por alguna extraña y oscura razón que no logro alcanzar a entender al incluir modos de grabación de vídeo. El problema reside en algo mucho más simple y que hasta ahora no había tenido en cuenta. Los modos de grabación de vídeo no tienen autofocus, de modo que uno tiene que estar todo el día jugando con el enfoque manual durante la grabación de vídeo para tener correctamente definido el objeto que estamos grabando.
Puede que eso no sea un problema para algunos fans del control manual, pero a mí eso de tener que estar buscando el enfoque correcto en cada momento es algo a lo que me niego, así que a no ser que algún alma caritativa me corrija, parece que mis intenciones de comprar en algún momento la EOS 500D quedan en agua de borrajas.
Tampoco le haré caso a la recién aparecida Nikon D5000, rival directa de la de Canon, y que es algo más barata y que tiene como novedad -aparte de la grabación de vídeo HD comparable a la EOS 500D- la presencia de una pantalla totalmente abatible, como la que yo tenía en mi vieja Canon G5. Era una verdadera chulada poder sacar la pantallita y sacar fotos que de otro modo hubiera tenido que sacar en posiciones inverosímiles, pero curiosamente las DSLR no han empezado a incluir dicha opción hasta ahora.
Así que en cuanto Canon saque un modelo con este tipo de pantalla y con autofocus en el modo de grabación de vídeo, me lo volveré a replantear. Porque yo lo valgo.
Hoy salía en varios medios la celebración del primer aniversario de los procesadores Intel Atom, que han sido un éxito arrollador para este fabricante y que han permitido que el dominio actual de Intel en el mercado de los netbooks sea casi absoluto.
Las alternativas están ahí -VIA Nano, ARM- pero por el momento está claro que Intel es la opción clara para todos los fabricantes de netbooks. Hace ya un año que se veía claramente que el desembarco de netbooks con Atom sería todo un éxito, y ahora estamos comprobando que la crisis económica no ha hecho más que fortalecer la popularidad de estros ultraportátiles de bajo coste. Aviso: a continuación me explayo a gusto con este tema.
Hoy he hecho mis primeras pruebas reales con un lector de DNIe (DNI electrónico), algo que llevaba tiempo queriendo hacer desde que me lo saqué hace ya unos cuantos meses. Y lo cierto es que la cosa mola: el lector de Zaapa que me han mandado para probar en The Inquirer cuesta 20 euros -lo que cuestan otros dispositivos de este tipo-, y está diseñado para este tipo de tareas en las que uno puede usar su “identidad digital” para entrar en servicios de banca electrónica y, sobre todo, para realizar gestiones en organismos oficiales.
El caso más claro es el de la declaración de la renta. Se acerca el momento de entregarla, así que como aún no me habían mandado el borrador he visitado la página de la Agencia Tributaria para solicitar esa información. Puedes hacerlo mediante distintos métodos, pero el más cómodo es precisamente el de la utilización de tu DNI electrónico.
Y no lo digo porque los niños ya me traten de usted o me suelten aquello de:
“¿Señor, me dice la hora?”
Que ya es de por sí bastante hiriente. Los niños son ingenuos e inocentes (más o menos), los pobres, así que hay que aguantar las ganas de decirles, “oye, chavalote…” y pegarles un capón. Pero la cosa se pone especialmente complicada cuando estás comiendo de risas con los primos pequeños -ya universitarios, cuidado- (¡pipi!) y cuando surge el tema de VHS y Betamax te preguntan:
¿Betamax? ¿Qué es eso?
Qué chungo.
Hace ya meses que estamos oyendo hablar por todas partes del término Cloud Computing. La nube de computación (una traducción literal bastante horrible de la que es difícil escapar) no es en realidad nada nuevo: llevamos años lidiando con todo tipo de servicios y aplicaciones en Internet, de modo que no acabo de entender ese repentino interés por potenciar una posibilidad que ya existía hace mucho tiempo.
De hecho, hace poco que varios de los grandes de la industria han lanzado su Open Cloud Manifesto, que suena a iniciativa vaporware con buenas intenciones pero cuya repercusión real será probablemente muy discutible. Yo veo todo esto como una estrategia puramente comercial para tratar de vender más, sobre todo en el terreno de los servidores. ¿Quién va a utilizar un servicio web cuando las aplicaciones de escritorio instaladas en local dan más confianza, más sensación de privacidad y normalmente mayores prestaciones y velocidad?
Hoy es, como muchos sabréis, el día de los inocentes (April Fools’ Day) en Estados Unidos, donde los medios y empresas tecnológicas (entre otras) aprovechan para hacer bromas sobre productos y noticias tecnológicas. Sin embargo hace 5 años, el 1 de abril de 2004, apareció una noticia que no era ninguna broma. Google presentaba aquel día Gmail -el enlace lleva a la presentación de la versión española, casi 3 años después, pero es teóricamente el bueno para IPs americanas-, su servicio de correo electrónico web, y lo hacía con un buen montón de sorpresas bajo el brazo.
En Wired han hecho un buen repaso de esos cinco años de historia, y han destacado una característica en especial sobre todas las demás: el uso de Ajax, que como dice uno de los gestores de producto de Gmail, “ni siquiera existía como término cuando Gmail se desarrolló“.









