Ayer por la mañana aproveché el tirón de Mininova y el exitazo de las copias pre-beta de Windows 7 que han aparecido por ahí, y me bajé la imagen ISO de 2,8 Gbytes en unas 4 horas para luego pasarme otras tantas instalando el sistema operativo en una máquina virtual a través de VMWare 6.5.

Probé con VirtualBox 2.0.2, pero se quedaba tontita así que fui a lo seguro. La instalación en máquina virtual fue, como digo, increíblemente lenta, pero sin problemas.15 Gbytes para una partición dinámica, 2 Gbytes de RAM asignados por si las moscas, y por lo demás, todo igual que si fuera Windows Vista. Aunque con detallitos, como PowerShell…

Tras la instalación uno se encuentra con pocas sorpresas: la interfaz es, como comentaba recientemente, idéntica a la de Windows Vista. De hecho muchos de los cambios visuales que se han aplicado en las versiones mostradas en el PDC no están aún activas están activas tocando alguna que otra cosita, así que habrá que esperar a una compilación posterior a la 6801 que tengo entre manos. Aún así, he jugueteado un poco con el sistema, que va sorprendentemente suave incluso bajando la memoria a 1 Gbyte tan solo.

Lo cierto es que no hay mucho que decir: Windows 7 ya me parecía un Vista ligeramente maquillado, y es eso con lo que me he encontrado. Algunas aplicaciones llegan en sus nuevas versiones (Internet Explrorer 8 Beta 2, Windows Media Player 12, o el famoso Paint con la interfaz Ribbon tipo Word o Excel), pero en general no hay cambios realmente significativos.

Todo parece destinado a ir mejorando algunos apartados de usabilidad, pero cualquiera que haya usado Vista se encontrará con más de lo mismo, así que si te gusta Vista, te gustará Windows 7. Si no, machote, yo no pondría (de momento) grandes esperanzas en el próximo sistema operativo de Microsoft.

Veremos cómo evoluciona la cosa, pero desde luego Windows 7 tiene toda la pinta de ser poco más que un SP3 para Vista. Sigo en mis trece. O en mis siete ;)