Cualquiera que me conozca bien sabe que mi paso por la Universidad Politécnica de Madrid ha sido una verdadera pesadilla. Mis estudios de Ingeniería Informática comenzaron cuando aún salían licenciados – la carrera era de 6 años – del Campus de Montegancedo, y por temas varios he tardado unos cuantos años en cerrar el ciclo. Ahora todo pasó, y ya forma parte de un recuerdo agrio – hubo buenos momentos, sí, pero fueron los menos – que me ha vuelto a venir a la mente tras leer el artículo de Wired titulado “Las 5 principales razones por las cuales ser un estudiante de ingeniería apesta”.

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El artículo está totalmente centrado en el público estadounidense, cuyo sistema académico es radicalmente distinto al nuestro en muchos apartados, pero en realidad las razones son válidas para la mayoría de los que hemos estudiado o están estudiando una ingeniería. Las que proponen en el artículo – en orden descendente – son las siguientes:

5. Los libros son un tostón: efectiviwonder, la mayoría de textos académicos son un horror, y en nuestras universidades además muchos profesores hacen casi obligatoria su compra en muchas asignaturas por el simple hecho de que son ellos los que los han escrito, de modo que hay que pagarles el esfuerzo como buenos alumnos pardillos. Lo peor de todo – aunque a veces también es una ventaja a la hora de marcarse unas buenas pellas (¿o es peyas?) – es que el contenido de esos libros es idéntico al que luego el profesor da en clase, de modo que ese ‘libro de apoyo’ tiene poco o nada de apoyo.

4. Los profesores no animan a los estudiantes: tenía entendido que en EE.UU. sí que había esa costumbre de animar a los alumnos, pero parece que estaba equivocado. Lo que está claro es que en nuestro país es raro que haya trato ‘cercano’ entre profesores y alumnos, y la mayoría de ellos – siempre hay excepciones – no sólo no animan, sino que desaniman. El trato distante, la actitud de superioridad frente a alguien que sólo trata de hacerlo lo mejor posible y las posturas de algunos de estos ‘mentores’ me recuerdan experiencias lamentables en la facultad. Las revisiones de exámenes – todos los ingenieros hemos tenido que ir a alguna – son toda una prueba de paciencia, humildad y humillación para nosotros.

3. Los consejeros brillan por su ausencia: allí el papel de consejero también está muy desarrollado, pero en España ese ‘tutor’ que orienta y encamina nuestros pasos hacia una u otra profesión no existe – al menos, en la Universidad pública. A no ser que tengamos trato más informal con algún profesor, resulta difícil que alguien que tiene que controlar el destino de 300 o 400 personas cada curso pueda ayudar en este tema. Aquí reconozco que a menudo los profesores tienen una carga de trabajo que hace imposible esta tarea.

2. Sacarse otras carreras está tirado: otra de las grandes verdades del artículo. Mientras que en las carreras ‘de letras’ completar los estudios es algo relativamente sencillo – vale, hay que estudiar, pero no demasiado en muchas de ellas – las ingenierías son particularmente ingratas. A mí siempre me habían dicho que si te lo sabías, aprobabas, pero cuando llegué a la facultad me di cuenta de que no sólo había que sabérselo. Había que saber tanto como el catedrático, y no sólo eso: saberlo igual. Si planteabas una solución distinta e igualmente válida, lo tenías chungo. Las ingenierías son famosas por los reducidos porcentajes de aprobados, las medias de años en acabar las carreras – acabar año por año es casi un logro reservado a los cocos – y las constantes decepciones de los alumnos. Mientras, en otras carreras uno ve cómo el mus y la pocha son deporte nacional y se aprueban los exámenes casi casi con la gorra.

1. Todos los trabajos para casa son idénticos: aquí no entiendo muy bien el artículo de Wired. Parece ser que en EE.UU. todas las prácticas realizadas son muy similares, lo que frena la creatividad de los alumnos. Aquí tenemos el problema contrario. Las prácticas son demasiado creativas, y hay demasiadas. Algo que se acentuó con el cambio de plan de muchas ingenierías, que impuso ciclos más cortos, con asignaturas cuatrimestrales que venían acompañadas de más y más prácticas. ¿Cómo es posible estudiar algo cuando te quedan 6 prácticas por hacer, a cual más original y creativa?

Así que en general coincido con el artículo de Wired, aunque a esas razones yo añadiría otras como la competitividad - “esto es la guerra”, según algunos de tus ‘compañeros’ – y, sobre todas ellas, la más importante: cuando uno acaba de estudiar no tiene del todo claro si ha valido la pena ese esfuerzo. Sabiendo lo que sé nunca hubiera escogido una ingeniería superior. La ‘titulitis‘ que afecta a nuestro país es preocupante, pero más aún lo es el hecho de que gente con títulos de ingenieros lo esté pasando tan mal para salir al mundo real y cobrar un sueldo que compense esa formación que teóricamente nos da ‘un plus‘. Las historias de compañeros recién salidos de la facultad eran espeluznantes. Ya en aquellos años era normal cumplir con el requisito de las consultoras que te explotaban por dos duros, y la situación no ha mejorado mucho desde entonces. El intrusismo - lo hay en todas partes, y no estoy en contra si los ‘intrusos’ son válidos – no ayuda. El desarrollo software y hardware es probablemente uno de los motores de la sociedad actual, pero eso no está reflejado en la realidad económica de esos ingenieros. Yo no me quejo – bueno, me quejé en su día – pero desde luego lo de estudiar una ingeniería es para valientes.

Mi sentido pésame a todos mis colegas :)