El ligoteo ya no es lo que era

16 de abril de 2014

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Conozco a un chico al que llamaban el ariete. No coincidí nunca de marcha con él, pero por lo que cuentan era toda una garantía a la hora de conocer féminas. El chaval no es ningún guaperas, pero supongo que de tanto intentarlo había perdido toda vergüenza y era, como diría Barney, el perfecto wingman. En estos tiempos eso, por lo visto, ya no es necesario.

Lo comprobé un poco esta semana, cuando tuve la oportunidad de entrevistar a uno de los fundadores de Tinder, la aplicación móvil de moda para ligar. Ahora lo de entrarle al objetivo en plan simpático, ocurrente o chulito ya no cuela. Estés donde estés –ni siquiera hay por qué estar de marcha– puedes encender el móvil, abrir Tinder, e ir viendo las fotos de los contactos con el perfil que teóricamente te interesa y que andan pululando por tu zona. Como si fueran cromos. Este lo tengo. Este no.

El chico con el que hablé me dio un poco el discurso vendemotos, sobre todo cuando habló de que Tinder es una “plataforma de descubrimiento social” que, me decía, estaba orientada a conocer nueva gente, y no necesariamente a ligar. Por favor. Lo único que ves en Tinder es la foto de la gente y, como mucho, algunos datos mínimos de su perfil en Facebook. ¿Ahora resulta que buscas a los amiguetes también según su aspecto?

El éxito de la aplicación, por supuesto, está provocando todo tipo de desmanes. Por ejemplo, lo de que se haya convertido en una especie de Tumblr o de Instagram para modelos que supongo que buscan hacer algo más de ruido en esta nueva red social –o que te intentan timar, cuidado, aficionados a los amores a distancia–, aunque luego lógicamente pasen del objetivo real de la aplicación.

La verdad es que entiendo el tirón de este tipo de herramientas. Lo de pasar los cromitos debe ser hasta adictivo. Y puede que hasta funcione y todo de cuando en cuando –si es vuestro caso, comentad, por favor– pero supongo que para los que somos ya un poco más viejunos la cosa pierde un poco de gracia. Aunque claro, luego viene la otra reflexión: quién hubiera pillado el invento hace unos años ;D

El tablet es el nuevo chupete

15 de abril de 2014

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Hace un tiempo que estoy experimentando en mis propias carnes lo plácida que es la vida de los padres una vez le colocas a los enanos una pantalla –sea táctil o no– delante. Es un remedio casi infalible a gritos, lloros y todo tipo de situaciones comprometidas dentro y, sobre todo, fuera de casa, donde esas agudas notas que uno creía imposible oír en un niño se tornan en realidad. Para todo el que lo haya vivido, tener algo que deje a los peques como en trance durante un buen rato es casi como un milagro.

Así que me he visto muy reflejado en el artículo en el que Matt Honan –el mismo al que no hace mucho le robaron buena parte de su identidad digital- reflexionaba sobre si las pantallas táctiles están fundiendo las pequeñas mentes de nuestros hijos. Honan cita un estudio de la American Academy of Pediatrics –con ese nombre seguramente sea la pera– en la que los expertos de ese organismo avisan: a los menores de dos años, cero minutos delante de una pantalla. Y a los que son algo más mayores, como muchísimo dos horas al día.

Y cuando hablan de pantallas lo hacen en general. Da igual que sea una tele, un tablet, un smartphone, o cualquiera de los inventos que nos rodean y que –no lo olvidemos– también nos atrapan cuando ya estamos creciditos. Los expertos avisan: no sabemos qué puede pasar si los niños siguen pasando tantas horas delante de la tele. Igual se les queda la cara retroiluminada, o quizás acaben dejando de tener la capacidad de parpadear. Da igual que, como dice Honan, estas pantallas hagan que ser padre sea muy facilito. Su frase al respecto, que he tomado prestada para titular este post, es sencillamente genial:

El tablet es el nuevo chupete. 

Lo curioso es comprobar que mientras por un lado ciertos expertos no paran de advertirnos sobre los riesgos, otros –además de una industria que ve a los enanos como parte del pastel– hacen lo contrario, y no dejan de recordarnos lo que mola esta era táctil en la que el aprendizaje, la comunicación y el ocio están más accesibles que nunca gracias a esas mismas pantallas que sus oponentes demonizan.

Yo en todos estos debates me sitúo en un punto intermedio tirando a hippie. Creo que las ventajas son mucho mayores que los inconvenientes, aunque reconozco que ni uno ni otro extremo son buenos. Por supuesto, también está mi experiencia personal, claro. Para alguien que como yo se pasaba pegado a la tele horas y horas (bastantes más de dos al día durante según qué épocas), la cosa no es tan grave. Total, ahora hago lo mismo, y me pagan por ello. Fantástico.

Chrome OS y Android: juntos, pero no revueltos

14 de abril de 2014

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Hoy leía con retraso una entrevista que CNN Money publicaba el viernes y en la que Sundar Pichai, mandamás de Chrome, Chrome OS y Android, hablaba del futuro de todas estas plataformas. Las preguntas iban muy al tema que a mi me interesaba. Qué pasa con Chrome OS, campeón, ¿le veis sentido? Ya sabes, Android lo está rompiendo, así que seguro que estáis de mosqueo y en realidad acabaréis fusionando uno y otro, eh, ¿a que sí? ¿a que sí?

Pues nones. Al menos no según las declaraciones de Pichai, que seguía en sus trece, como ya lo había estado en el pasado. Ambas tienen sentido, y de hecho al responder si una plataforma era más importante que la otra, Pichai volvía a desmontar la teoría de la conspiración. “Si acaso, con el tiempo necesitaremos más plataformas“. Ole. Ahora resulta que Chrome OS y Android no son suficientes. Supongo que quizás se refería a Android Wear para esos dispositivos “ponibles” que nos van inundando poco a poco, y quizás un hipotético Android Things, ya sabéis, para lo del Internet de las Cosas.

Hagan o no más plataformas –desde luego ese último anuncio en el terreno de los wearables confirma esa última declaración– lo que parece claro es que en Google no dan muestras de flojear con Chrome OS, un sistema operativo en el que no creía y que ahora, poco a poco, me hace dudar. Sobre todo cuando uno se va dando cuenta de que cuando se le va Internet, no sabe qué hacer con un ordenador. Y Chrome OS es básicamente un ordenador en ese escenario. Uhm.

Sea como fuere, sí que había un comentario algo más sabroso en la entrevista. El entrevistador le preguntaba por esa variación de Chrome en Chromecast, Chromebox for Meetings, y si había sentido en todas esas iteraciones. A lo cual Pichai decía lo siguiente:

Tendremos cada vez más y más cosas en nuestras vidas que tienen que ser conectadas. La web se construyó de cero para conectar cosas. Chrome y las tecnologías web desempeñarán un papel fundamental en ayudar a conectar esas cosas.

Más food for thought, que dirían los sajones. Tras todos los esfuerzos que están realizando en meternos Chrome en Windows y en lograr que algunas de Windows se puedan ejecutar en Chrome OS –vía virtualización– uno se pregunta si los tiros no van precisamente en convertir al navegador y las aplicaciones web como centro de todo nuestro futuro conectado. Muy rollo Firefox OS, diría yo, pero a mayor escala aún. Uhm. Y diré aún más. Reuhm.

Incognitosis de fin de semana (IX)

12 de abril de 2014

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Vamos con la novena entrega de estas Incognitosis de fin de semana. Además de entrar en esta lista probablemente he incluido estos artículos tanto en mi cuenta de Twitter en algún momento de la semana como, sobre todo, en Flipcognitosis, esa joya (je) de revista en Flipboard con estos contenidos y algunos más. Ahí van los enlaces:

¡Buen finde!

Imagen: Really Blue Hour / 500px

El debate sobre el futuro del iPhone, en el primer Hangout xatakero

11 de abril de 2014

Hace unas horas que varios de los editores de Xataka con la ayuda de los compis de Applesfera hemos participado en el primer Hangout en directo para hablar del iPhone y de lo que le espera al futuro de este smartphone de Apple. El punto de partida han sido las famosas diapos que Apple reveló en su demanda contra Samsung, a partir de las cuales se han abierto todo tipo de apuestas sobre los iPhones que llegarán próximamente al mercado.

En realidad las apuestas se resumen en dos: mayor tamaño –ese salto parece casi seguro– y un modelo realmente barato –que ninguno de los participantes vemos posible hoy por hoy. La verdad es que el formato da pie a una forma distinta de hacer periodismo tecnológico, y me parece que esto de los debates televisados va a tener tirón. Con muchas cosas por pulir, seguro, todos hemos quedado contentos, y yo creo que el resultado vale la pena. Si tenéis media hora disponible, quizás os apetezca echarle un vistazo. ¿Qué opináis del formato, alguna sugerencia para mejorar?

Miedo al ‘enough’

10 de abril de 2014

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Ayer leía un post titulado ‘Enough‘ –muy poético, yep– en el que el autor contaba una historia singular: la de un consultor que trabajaba muy duro la mitad del año, pero lo hacía para que justo en ese punto, con sus cálculos, ya tuviese suficiente para descansar los seis meses siguientes. El chaval se lo había montado bien, porque no necesitaba mucho más para vivir y porque tenía la suerte de tener trabajo esperándole cuando volviese a ponerse al tema.  Le bastaba con lo del ‘enough‘.

La reflexión, claro, era la de si eso de trabajar solo lo suficiente para poder mantener cierto estilo de vida es buena decisión (o política). Son de esas cosas que dan que pensar, como lo de ver mundo mientras trabajas –revisitad el post, que mola– aprovechando que eres freelance. Qué envidia. Y qué pánico.

Será que por aquí andamos algo más apretados y quien tiene un trabajo tiene un tesoro, o será que lo de tener enanos realmente le pone a uno los pies en el suelo. El caso es que al final puede el rollo hormiguita. No es que viva para trabajar, desde luego, pero tengo claro que tal y como estás cosas hay que aprovechar las oportunidades y tratar de tener un colchón por si vienen mal dadas. Por supuesto, tanto el tipo del ejemplo como el autor del post están en una situación con algo menos de riesgo, y en cierto modo hasta pueden permitírselo.

Mira que me gustaría apuntarme, pero es que en mi caso ese título de post no sería “Enough“, sino, más bien, “Enough?“. Porras.

Actualización (14/04/2014): Muy bueno el comentario de Gaviot, que enlaza a un fantástico artículo gráfico, “The road not taken“.

How I met your mother: nueve años de risas después

8 de abril de 2014

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Estoy un poco-bastante mosqueado con el final de How I met your mother (la he visto siempre en VOS, así que así se queda). Soy de los que no ven la temporada en curso hasta que termina. Me gusta tragármelas enteras a mi ritmo (ahí la filosofía Netflix me tendría ganado), así que he tardado un poco más de la cuenta en poder ver ese comentado último capítulo de una serie prodigiosa. Spoiler alert, aviso.

El final no me ha gustado. De hecho, no me cuadraba del todo la temporada en sí, tan centrada en ese fin de semana del bodorrio final que, eso sí, han logrado hacer muy entretenido gracias a los constantes flashbacks (cómo echaré de menos esos inconfundibles sonidos y transiciones de vídeo) e hilos paralelos. Con algún que otro capítulo más flojete que otro y algún secundario con demasiado protagonismo (Billy Zabka debió quedarse en el grandioso capítulo Bro Mitzvah), en general la novena temporada ha sido genial en casi todo.

En mi caso, eso sí, no lo ha sido en el desenlace, que me parece injusto para una comedia. Una serie que nos ha hecho tan felices (aunque suene cursi) durante 9 años con sus situaciones exageradas no se merecía un final tan real y dramático. Cierto que todo lo que dicen ocurre: los amigos de antaño desaparecen, las relaciones se rompen, y la gente, por supuesto, muere. Pero una serie divertida y que siempre te dejaba la sonrisa en la boca yo solo la veía con un final acorde.

Podría haber perdonado el divorcio entre Barney y Robin, hasta cierto punto predecible. Pero que todos acaben cada uno por su lado, a su bola, es demasiado triste. Que se carguen a la madre me parece increíble después de todo lo que pasó el pobre Ted para lograr encontrarla. Que Ted siga eternamente enamorado de Robin –a la que no ve teóricamente ni en pintura porque se ha vuelto estrella televisiva– tampoco me cuadra, e incluso lo de la excursión final a Italia de Marshall y Lilly me parece bastante estúpida –de hecho, no se comenta nada de si Lilly logra ese teórico sueño artístico allí, toda la polémica era inútil–. Incluso la lacrimógena despedida del S09E22 con esos amigos que repente se dan cuenta de que no se van a volver a ver (¿WTF?) es otro momentazo que le hubiera ido bien a otro tipo de serie. Pero no a esta.

How I met your mother se merecía un final feliz. Se merecía que Ted acabase forever and ever con la madre de sus hijos –por cierto, nunca me convenció como pareja de Ted, ya puestos a sacar punta a todo–, que Barney siguiese ligando a destajo tras el divorcio, que Robin se convirtiese en una solterona feliz con sus amigos, y que Marhsall y Lilly siguiesen siendo esa perfecta pareja imperfecta. Pero sobre todo, se merecía que todos ellos siguiesen estando juntos forever and ever.

Al menos, en nuestra imaginación. Nueve años de risas son demasiados para dejarnos ahora con ese mensaje de que la vida es una mierda.

Moto X y cómo prescindir de lo último de lo último

7 de abril de 2014

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He estado un par de semanas disfrutando del Moto X, un terminal al que critiqué bastante por su marketiniano lanzamiento y que no obstante poco a poco me fue interesando más. De hecho, hace un par de meses estuve a un pelo de hacer un encarguito al otro lado del charco que finalmente cancelé. Me quedé un poco con la copla, y ahora entiendo por qué. Tras estos días de tenerlo como teléfono principal, me he convertido en un admirador convencido del Moto X.

Lo he contado todo con pelos y señales en mi larguísimo análisis en Xataka, pero por si sois adictos al tl;dr (‘too long; didn’t read’)  las razones por las que me ha conquistado son muchas y buenas. El diseño, su tamaño compacto –y eso que ofrece una diagonal de 4,7 pulgadas–, la suavidad del software y, claro está, su fantástica oferta software. Lo de la activación por voz es una chulada –y eso que todavía no le había cogido del todo el tranquillo–, como también lo es la pantalla activa o cositas como Motorola Connect y Motorola Assist. Y eso, con una propuesta hardware modesta que demuestra que tanto Snapdragon 800, tanta pantalla 1080p o tanta cámara del copón (bueno, eso sí lo he echado de menos, flojea la cosa en este punto) no es tan necesario en muchísimos casos.

Todo en el Moto X funcionaba como debía: me ha recordado al iPhone en esa sensación “redonda” que a uno le queda cuando ve un terminal con todos los detalles tan cuidaditos y con una propuesta tan equilibrada. Equilibrada en todo, menos en una cosa: el precio. Pedir 399 euros por un dispositivo así es una pasada, aunque ojo, en Amazon lo están vendiendo ahora mismo por 349 euros, y eso lo hace algo más tentador. Y sin embargo, está claro que tiene un competidor bastante serio en el Nexus 5, además del hecho de que ya han comenzado a aparecer rumores sobre el hipotético Moto X+1 que 1) haría que el precio del Moto X bajase y 2) apunta a más pantalla, más procesador y mejor cámara.

Y claro, luego está el tema de la personalización. Lo de no tener Moto Maker aquí es una gaita, pero tras las buenas sensaciones que me ha dejado este Moto X básico ya vuelven a darme las típicas convulsiones consumistas: puede que ese encarguito transoceánico con un Moto X, eso sí, personalizado, acabe cayendo en un par de meses. ¿Resistiré?

Nada mejor para destacar que rodearte de incompetentes

6 de abril de 2014

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Tres han sido los artículos que he podido disfrutar estos días y que tratan básicamente sobre el mismo tema. El del trabajo o teletrabajo y la búsqueda de talento. Dos de ellos están escritos por Jeff Atwood, aunque en momentos muy distintos. Aquel On Working Remotely de mayo de 2010 era tan válido entonces como lo es ahora, y en él Atwood –creador de Stack Exchange primero, y de Discourse después– resumía todo el tema en una frase final que comparto totalmente:

I believe remote development represents the future of work. If we have to spend a little time figuring out how this stuff works, and maybe even make some mistakes along the way, it’s worth it. As far as I’m concerned, the future is now. Why wait?

Por supuesto, antes de esa conclusión Atwood explicaba cómo su creencia en el teletrabajo tiene un requisito imprescindible: la de rodearse de talento. Este crack retomó el tema hace poco en First Round Review, donde publicó el fantástico “Here’s Why You’re Not Hiring the Best and the Brightest” (ahora mismo solo disponible vía Google Cache). En este último post nos cuenta cómo logra trabajar remotamente junto al resto del equipo de Discourse, y cómo ese buen resultado, de nuevo, se basa en buscar talento. En no ceder a la mediocridad. Y, algo que me ha encantado, en la evaluación de la productividad. Aquello de la productivicracia, ya sabéis.

Él titula esa parte de su reflexión como “‘Show your work’ vs. ‘Just showing up‘”, y ese es el concepto que precisamente está tan arraigado en nuestro país y que nos condena. El que tantos jefes y gestores valoren más echar horas que sacar trabajo adelante.

El tercer texto, igual de interesante, es el que Sergio Parra, compañero (remoto) de Xataka Ciencia publicaba esta semana. Su “Ley de Joy: la gente más inteligente trabaja en su mayoría para otro (menos inteligente)” que compartí también en Flipcognitosis (esa joya de revista en Flipboard, je) desgrana también esa realidad en la que no solo triunfa el que se rodea de incompetentes: también lo hace el que, siendo un incompetente, logra rodearse de gente de talento a la que suele 1) explotar y 2) desaprovechar en temas absurdos.

La conclusión tras leer los tres textos es clara, y triste, sobre todo cuando uno lo confirma hablando con amigos que te cuentan cómo tanto en las grandes como en las pequeñas empresas la realidad es la misma. Ya lo comentaba en mi “Oda al teletrabajo“. La productividad y el talento no cuentan. Lo que cuenta es aparentar y, por supuesto, tener amiguitos con los que hacerlo. Hay muchas formas de lograrlo, claro. Echar horas, ponerse galoncitos, o ser voluntario para todo pero no hacer nada al final son algunas de ellas. Los empleados tóxicos nos rodean, maldición.

Pero hay esperanza. O eso quiero creer.

Incognitosis de fin de semana (VIII)

5 de abril de 2014

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Vamos con la octava entrega de estas Incognitosis de fin de semana. Además de entrar en esta lista probablemente he incluido estos artículos tanto en mi cuenta de Twitter en algún momento de la semana como, sobre todo, en Flipcognitosis, esa joya (je) de revista en Flipboard con estos contenidos y algunos más. Ahí van los enlaces:

¡Buen finde!

Imagen: Madrid en blanco / Ender079